Chuck Norris, la furia silenciosa

Chuck Norris, la furia silenciosa

Chuck Norris fue Chabelo. Muerto hace unos días a los 86, era, de unos años acá, un meme constante, del tipo “Cuando nació el PRI Chuck Norris ya estaba ahí”, o “Cuando a AMLO le pusieron el primer cateterismo Chuck Norris ya era abuelo”. No se lo merece. Antes, fue muchas cosas más. Un respeto, por Dios.

Si en esta vida consigues una sola pieza que sea una obra maestra, puedes considerarte un artista de primer orden, por mucho que el resto de tu producción sea de pasable para abajo. En el caso de Norris, tendremos que estar de acuerdo en que esa pieza maestra es su pelea con Bruce Lee. No se pongan exquisitos.

La película, “Way of the Dragon”, es la tercera de Lee, que además dirige. Norris es un asesino gringo que llega a Roma, donde cayó no mucho antes el personaje de “master” Bruce, un tipo bastante rupestre, llegado de algún lugar de China, que sin embargo puede acabar con un regimiento a patadas y puñetazos.

Bueno: todo está bien a partir de esa premisa. Está bien que se peleen, Dios me los bendiga muchísimo a ambos, en ¡el Coliseo!, como está bien que el personaje de Chuck, malérrimo, se llame Colt. Y como está bien, sobre todo, su actuación. De nuevo, no se pongan exquisitos. No, no era Laurence Olivier.

Pero ya en aquel año 72 dejaba ver lo que le acabo de leer a Stephen King que lo distinguía: la “furia silenciosa”. Eso, carajo. No sería el hombre más expresivo, pero se paraba frente a la cámara así, tan serio, y te morías de miedo. Así que eso fue de entrada: autor, o coautor, de una obra maestra.

Luego le vino el éxito ochentero. Todo es malito, pero hombre: hay por ahí lo que algún crítico llamó “buen mal cine”. Échenle: “Delta Force” (un saludo a Maduro), con Lee Marvin y con una secuela, o “Lobo solitario McQuade”, en la que su enemigo es David Carradine (el de “Kung Fu”, sí). Luego, la competencia se puso ruda.

En los 80 saltaron al éxito Jean Claude Van Damme o Stephen Seagal, que logró convencernos de que era peligroso porque practicaba aikido. Fue entonces que se fue, visionariamente, a la TV. Ocho temporadas se aventó en “Walker, ranger de Texas”. Para coronar esa carrera, se aventó un papel en la segunda entrega de esa otra obra maestra –de nuevo, no se pongan snobs– que es “The Expendables”.

Sí, la joya en la que aparecen todos los veteranos de la acción ochentera menos Seagal, gracias a Dios: Stallone, Schwarzenegger, Bruce Willis, Jet Lee, Dolph Lundgren, Van Damme y el más joven Jason Statham. Porno del bueno. En algún momento, Stallone le dice que se rumora que lo mordió una cobra. Contesta: “Sí. Y después de cinco días de un dolor terrible, la serpiente murió”. Patrón.

Por supuesto, fue un derechoso como Dios manda, admirador de Reagan y demás. Nunca hubiera hecho una mamarrachada woke como “Una batalla tras otra”.

Hasta siempre, sensei.

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

MAAZ