Cómo convertir tu casa en un refugio: las claves de dos expertos para lograr un hogar más relajante y saludable

Cómo convertir tu casa en un refugio: las claves de dos expertos para lograr un hogar más relajante y saludable

Comer equilibrado, llevar una vida activa, mantener una buena rutina de sueño… A la lista de hábitos que mejoran nuestra salud física y mental, se suma uno al que cada vez se le está dando más importancia, sobre todo a raíz de la pandemia: construir hogares que nos cuiden. “El diseño está experimentando una evolución natural hacia lo emocional. Ya no se entiende solo desde la estética o la funcionalidad, sino como una herramienta de bienestar. Un espacio bien planteado es aquel que te acoge, te envuelve y conecta contigo, que refleja quién eres y cómo quieres sentirte”, apunta la interiorista Laura Yerpes, al frente de su estudio homónimo L. Y. “Vivimos una época de sobreestimulación a un ritmo acelerado, y nos hemos dado cuenta de que es esencial proporcionarnos momentos de autocuidado para poder lidiar con la vorágine del día a día. Eso incluye los lugares que habitamos, los cuales funcionan como una extensión de nuestro cuerpo. Por eso es importante concebirlos para que mejoren la salud de las personas”, añade el arquitecto David D. Iriondo, fundador de Diriondo Studio.

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Ambos profesionales coinciden en el impacto positivo que tienen la luz, los materiales, los colores o la distribución de una casa en nuestro estado de ánimo. “La clave está en crear un conjunto coherente donde todos estos elementos dialoguen entre sí y con la persona que la habita”, explica Yerpes. “El diseño emocional persigue precisamente eso: crear entornos  que generen calma, equilibrio y una conexión auténtica”. Pero no es la única corriente vinculada a la búsqueda del bienestar en los hogares que se impone en el sector. También cobran fuerza la neuroarquitectura, la domoterapia, la bioconstrucción o la biofilia, entre otras disciplinas que trabajan por armonizar los espacios. “Al final, se trata de volver a poner al ser humano en el centro”, concluye Iriondo. Con esa intención, les pedimos a sendos expertos que nos den unas claves para hacer de nuestro piso un refugio más relajante, saludable y respetuoso de lo que es ahora.

Proyecto realizado por el estudio de interiorismo de Laura Yerpes. © Germán Cabo
Proyecto realizado por el estudio de interiorismo de Laura Yerpes.

1. Plantear una distribución que permita organizar la vivienda en zona de día y de noche, separando las actividades sociales y ruidosas de las áreas destinadas al descanso y la privacidad. 

2. Orientar los espacios adecuadamente para maximizar la luz natural y la eficiencia energética desde la base y de manera pasiva: las estancias de día, hacia el sur, y las de noche, hacia el norte. 

3. Invertir en un buen sistema de ventilación cruzada para asegurar el confort térmico y la calidad de aire. Esta técnica de diseño bioclimático genera corrientes naturales al ubicar las aperturas en fachadas opuestas. 

4. Decantarse por tonos neutros y serenos -blancos, colores tierra, gamas suaves- que ayuden a crear ambientes tranquilos.

5. Apostar por materiales naturales -madera, piedra, arcillas- y agradables al tacto que aporten calidez.

6. Anteponer la luz del sol y acompañarla con una iluminación cálida e indirecta que envuelva cada cuarto de forma sutil.

Estudio de interiorismo de Laura Yerpes. © Germán Cabo.
Estudio de interiorismo de Laura Yerpes.

7. Cuidar del orden y evitar la saturación, haciendo del “menos es más” una elección consciente: menos elementos, pero mejor escogidos.

8. Rodearse de objetos con significado emocional, elegir piezas con intención y priorizar la comodidad sin renunciar a la estética.

9. Introducir elementos vivos, como plantas, para propiciar ambientes más conectados con la naturaleza, más humanos y más respetuosos con el planeta y las personas. 

10. Adaptar la vivienda a nuestra forma de vida y no a las tendencias, huyendo de uno de los errores más habituales: copiar un estilo y construir casas sin personalidad. 

11. Prestar atención a los aromas y las sensaciones a través de velas, textiles y otros recursos experienciales. 

12. Poner el foco en la sostenibilidad; no solo por reducir el impacto ambiental, sino también para mejorar cómo nos sentimos al relacionarnos con el entorno.

13. Usar la tecnología con cabeza y equilibrio, enfocándola a mejorar el confort, la eficiencia y la personalización de los espacios.