Danza sobre la identidad, el desarraigo y la resistencia
Llegar a un país nuevo y no sentirse parte de él fue el punto de partida. Hace tres años, cuando César Brodermann regresó a México tras una estancia en el extranjero, comenzó a gestarse una inquietud que más tarde tomó forma en Traslado permanente, una obra de danza contemporánea que en 2024 se presentó en la explanada del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y que mañana llega al Palacio de Bellas Artes.
“Todo empezó cuando yo venía llegando a México, con esta sensación de sentirme foráneo a un espacio. Como todos, a veces nos hemos sentido que no pertenecemos, que no tenemos un lugar”, recuerda el coreógrafo.
La pieza, explica, se articula como una exploración sobre el desarraigo y la identidad, pero también como una búsqueda interior.
“Tal vez lo más importante no es lo que está fuera, sino lo que está dentro de nosotros. Siempre vamos a estar trasladándonos, todo va a ser impermanente”, afirma.
En escena, ocho bailarines encarnan este tránsito constante a través de una coreografía que combina resistencia física, precisión y exploración sensorial, donde, un muro domina el espacio escénico, funcionando como símbolo de múltiples fronteras.
“Pensábamos en el muro físico, pero también en los muros que están dentro de nuestras mentes: ¿Será que del otro lado del muro es mejor o será que es lo mismo? Al final, todos estamos buscando amor, colectividad, conexión”, cuestiona.
El remontaje en Bellas Artes marca, sin embargo, una nueva etapa para la pieza, ya que, originalmente fue concebida en un formato de 360 grados donde el público experimentaba la obra desde perspectivas fragmentadas que ahora se replantea para un dispositivo frontal.
Este cambio transforma la relación con el espectador y amplía el alcance de la obra. También implica una mayor exigencia para los intérpretes.
“Me encanta desafiar a los bailarines y buscar cómo podemos ir más allá en nuestra fisicalidad y en nuestra mente”, dice Broderman.
En cuanto al proceso creativo, explica, parte de la improvisación extrema: “Si no estoy cansado, estoy pensando mucho. Si no pongo el dedo donde tiene que ser, el muro no se va a romper. Un límite no es malo, puede brindar una forma más clara de libertad”.
Aunque reconoce que hay experiencias imposibles de representar por completo, como el cruce de una frontera, insiste en el valor de la imaginación y la danza como lenguaje.
“El esfuerzo real de cruzar una frontera no se puede tangibilizar, por eso empleo la danza para crear mundos que tal vez no existen”, comparte.
Con una única función en el Palacio de Bellas Artes, Traslado permanente se perfila como una experiencia escénica que invita a cuestionar las fronteras, tanto externas como internas, y a reencontrarse con el cuerpo como espacio de resistencia.
“La danza nos movernos e ir en contra de un sistema que nos quiere estáticos”, concluye Brodermann.
- -La puesta en escena explora temas como el desarraigo, la identidad y la pertenencia.
- -El lenguaje escénico se conforma por danza contemporánea, performance, instalación escénica, diseño sonoro en vivo y elementos visuales.
PAL