Ofrecen pasajes sonoros del colapso y de la huella humana

Ofrecen pasajes sonoros del colapso y de la huella humana

El compositor canadiense Tim Hecker (1974), referente de la música electrónica experimental a nivel internacional, presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) Wastelands, una instalación que marca un giro en su trayectoria al incorporar grabaciones de campo de ecosistemas intervenidos y abrir una reflexión sonora sobre el cambio ambiental.

Comisionada para el Espacio de Experimentación Sonora (EES) del MUAC y en exhibición hasta el 27 de septiembre, la pieza condensa más de 25 años de exploración musical y desplaza su proceso del estudio hacia el territorio, ya que, a su conocida mezcla de ambiente experimental (ruido, microsonidos y fallos digitales ‘glitches’) se suman registros capturados en espacios donde la naturaleza y la presencia humana conviven en tensión.

“Mi interés actual está en la grabación de campo como práctica artística, en registrar espacios naturales, sin embargo, intento alejarme de una mirada purista e intento no registrar la naturaleza como algo puro, por lo que dejar entrar elementos humanos o artificiales dentro del paisaje sonoro, como el sonido de perros en el límite de un pueblo, el sonido de una palmera con un avión pasando por encima”, explica Hecker, quien añade que la pieza sonora no busca retratar paisajes intactos, sino evidenciar su transformación.

“Hice música y luego la regrabé en espacios… y luego la volví a tomar registros”, detalla el compositor, en un método que, a su parecer, remite a las exploraciones acústicas de Alvin Lucier, ya que, a diferencia de sus materiales anteriores como Harmony, Ravedeath o 1972, en este “reduce la intensidad y privilegia el espacio”.

“No es muy fuerte, no es abrumadora ni densa. Tiene espacio”, añade.

Guillermo García Pérez, curador del EES resalta la relevancia de Wastelands radica tanto en la figura de Hecker como en la transformación de su lenguaje.

“Es uno de los músicos de electrónica más importantes de los últimos 30 años”, señala y enfatiza que el uso de grabaciones de campo modifica por completo la estructura de sus composiciones e incorpora texturas que no estaban en su música previa, como los sonidos externos.

Y agrega que la pieza evita una lectura directa sobre la crisis ecológica, quien define el concepto de Wasteland como un territorio intermedio entre la naturaleza y la cultura, ambiguedad, que, en sus palabras, plantea más preguntas que respuestas.

“No es responsabilidad del artista generar conciencia. Se trata de generar herramientas críticas para volver a escuchar lo que ya automatizamos”, afirma García Pérez, quien, en un contexto de saturación sonora, añade que la instalación asume el caos como parte de su estructura.

“No busca la armonía, sino abrir de nuevo los oídos ante esa sobreestimulación”, complementa.

Desarrollada durante seis meses en locaciones como el desierto de 29 Palms, cerca de Joshua Tree, y los Everglades de Florida, la obra se inscribe en una línea de trabajo que el MUAC define como laboratorio de investigación sonora.

“Con Wastelands, Hecker no sólo presenta una nueva pieza, sino una forma de escuchar un presente atravesado por la intervención humana, la fragilidad ambiental y la imposibilidad de separar, del todo, naturaleza y cultura”, concluye el curador.

  • -La obra de Tim Hecker se sitúa entre la música electrónica, el noise y la música electroacústica.
  • -Construye piezas a partir de capas de ruido, armonías fragmentadas y distorsión digital.
  • -Su estética explora la tensión entre belleza y colapso sonoro.
  • -Expande su práctica hacia instalaciones sonoras en museos y centros de arte contemporáneo.
  • -Es considerado uno de los compositores más influyentes del ambient (un género de música que prioriza la atmósfera y la textura sonora por encima del ritmo, la melodía o la estructura tradicional de una canción) del siglo XXI.
     

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