Descubre con Mario Casas y Luis Zahera, dos gallegos en acción, los paisajes espectaculares de la Ribeira Sacra
La historia de Zeta arranca con el asesinato simultáneo de cuatro exoficiales de inteligencia españoles en distintas partes del mundo, un hecho que enciende las alarmas dentro del CNI y pone en marcha una investigación urgente que sacude a toda la organización. Mario Casas es el agente especial Zeta, que deberá desentrañar una red de secretos, traiciones y conexiones internacionales, mientras se enfrenta a peligros constantes y un pasado que vuelve para complicarlo todo. A su lado está Luis Zahera, que interpreta a Ancares, superviviente de una misión secreta ocurrida hace décadas, que sea, además, su padre añade intensidad y emoción a la historia.
Galicia tiene un papel protagonista en la película. Y no solo porque ambos actores sean gallegos, al igual que su director, sino porque muchas de sus escenas se han rodado en la Ribeira Sacra. En Monforte de Lemos —la localidad natal de Dani de la Torre, cuya estación de tren aparece en la cinta—, pero también en Chantada, Saviñao, Sober y otros paisajes espectaculares que dibujan los cañones del Miño en el límite entre las provincias de Lugo y Ourense.
“Galicia se presta a todo. Tenemos un plató increíble y yo, siendo de la Ribeira Sacra, siempre pensaba que, si un agente secreto se quiere esconder, este sería un buen lugar para hacerlo. Surgió la oportunidad de rodar aquí y no me lo pensé dos veces. Los cineastas, aparte de contar historias y meternos, a veces, en harinas políticas o sociales, también hacemos patria y ponemos en valor nuestra tierra”, dice el director.
La Ribeira Sacra resultaba el lugar perfecto para el rodaje, aunque el equipo también grabó en otras zonas de Estonia, Brasil y Colombia. La conexión con la naturaleza es total en este entorno en el que el río Miño se abre paso entre escarpadas laderas cubiertas de bosques de robles, castaños y abedules. Aquí vivieron durante siglos monjes y eremitas, que no encontraron mejor lugar para la vida ascética. Por ello, empezaron a construir, y hoy, entre la generosa vegetación, se descubren decenas de pequeñas iglesias, ermitas y monasterios de apariencia sencilla y austera que, a pesar de que muchos de ellos están despoblados, son verdaderas joyas del románico.
También desde hace siglos, en estas tierras escondidas y cinceladas por el agua, la cultura del vino ha ido configurando el paisaje y, aún más, el modo de vida. Las vertientes soleadas del Miño están pobladas de viñedos que descienden en bancales hasta el río y han dado origen a los vinos de la DO Ribeira Sacra.
Para descubrir todos los encantos de la Ribeira Sacra lucense, se puede seguir un itinerario de unos 50 kilómetros que tiene como meta los embalses de Belesar y Os Peares. La primera gran sorpresa, y parada obligada, es el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Miño, con una de las mejores fachadas del románico gallego. El camino continúa hacia el pintoresco pueblo fluvial de Belesar, que conserva íntegramente el tipismo, con viviendas en piedra, hermosas galerías y calles muy estrechas.
Los Codos de Belesar, una antigua calzada romana que desciende en zigzag entre soutos (bosques) de castaños y robles, son espectaculares, como lo es el recorrido fluvial que, desde el embarcadero, discurre por estas aguas mágicas y sagradas.
Unos kilómetros más adelante, la carretera que sigue el curso del río empieza a empinarse hasta San Xoán da Cova, que presume de tener una de las iglesias románicas más bonitas de toda la Ribeira Sacra, hermana de la no tan lejana de Santo Estevo de Chouzán. Ambas fueron salvadas de las aguas, piedra a piedra, antes de la construcción del embalse de Peares.
Muy cerca de estos templos se ubica el Cabo do Mundo, donde el río dibuja una espectacular curva de 180 grados que se puede disfrutar desde el mirador del mismo nombre. Por su forma de meandro, ha dado lugar a una de las playas fluviales más impresionantes: la de A Cova. En la orilla contraria del río está Casa Morriña, la vivienda, disponible en Airbnb, donde la película sitúa el refugio del espía del CNI.
CASCADAS Y BODEGAS
Las cascadas de Aguacaída y Fondós, ambas en Pantón, así como la isla de Sernande, invitan a hacer una parada. También lo hacen las bodegas de la zona, como Adegas Moure (adegasmoure.com) o Ecosagra, que cuenta con un mirador sobre las aguas y un embarcadero desde donde parten los dos pequeños catamaranes de Sacra Activa (sacraactiva.com), que sirvieron de apoyo logístico a la producción.
OTROS RECORRIDOS
Para completar la ruta por la Ribeira Sacra lucense, se pueden seguir otros recorridos que permiten descubrir el románico, como el que, a lo largo de 17 kilómetros, pasa por Santa María de Pesqueiras, en Chantada; Santo Estevo de Ribas de Miño y San Paio de Diomondi, en O Saviñao. También hay otro que, en apenas dos horas, permite contemplar iglesias rurales de tanto interés como San Xulián de Lobios o Santa María de Proendos. Incluso una tercera ruta incluye paradas en el monasterio de las Bernardas de Ferreira, San Miguel de Eiré y San Vicente de Pombeiro.









