El Donbás en el centro de la guerra
Hoy se cumplen cuatro años de que Rusia decidió invadir a gran escala a Ucrania para —según el presidente Vladimir Putin— liberar a los ruso-parlantes de un gobierno neonazi en el Donbás, una zona minera y energética que hoy es el punto central de las negociaciones para un alto el fuego.
Vajtang Kipiani, historiador, periodista y actualmente militar en las Fuerzas Armadas de Ucrania, oficial del Segundo Cuerpo de la Guardia Nacional “Khartia”, le dijo a El Heraldo de México desde Járkiv que: “Durante muchos siglos, el Donbás fue el corazón industrial de Ucrania: metal, carbón, maquinaria, pan. Ucrania sin el Donbás es como una persona que respira con un solo pulmón”.
Con un tono firme, el militar afirmó: “Ya no nos importan tanto ese metal y ese carbón como el hecho de que aquí la sangre ucraniana ha preservado la dignidad de la nación. Los ucranianos no depusieron las armas en 2022 y no las deponen hoy. Y el mundo, y los mexicanos en particular, deben entender que estamos luchando por nuestra tierra, en nuestra propia tierra”.
El militar dejó muy claro que la recuperación del control del Donbás no es solo una cuestión de integridad territorial ni un gesto formal de poner una frontera y una bandera. Se trata de devolver a millones de personas a sus hogares y de normalizar la vida de quienes hoy están dispersos por toda Europa y por Ucrania.
Advirtió que “Si el mundo permite de facto que Rusia ocupe durante años —o para siempre— territorios de Ucrania, entonces el próximo puede ser Canadá, México, Groenlandia o cualquier otro país. Eso significaría que a los países grandes se les permite todo”.
“Apoyar a Ucrania es, en la práctica, una inversión en la propia seguridad de cada país… de cualquier Estado que mañana pueda convertirse en objeto de reclamaciones falsas e ilegales por parte de otro país”, destacó Kipiani.
El historiador explicó: “El Donbás es un constructo creado en el siglo XIX para designar la cuenca carbonífera. No es sinónimo de la región de Donetsk ni de la región de Luhansk: la región de Dnipropetrovsk también incluye, en parte, territorios que forman parte del Donbás. En otras palabras, el Donbás es una zona industrial que abarca, como mínimo, tres regiones ucranianas”.
“En el siglo XIX, el Donbás —o, más bien, la Donéchchyna, término que en Ucrania usamos con más frecuencia— era mayoritariamente ucraniana por composición étnica. Había, desde luego, minorías que el gobierno ruso reasentaba en estos territorios: serbios, moldavos, judíos y también rusos… Pero, hasta el siglo XX, la población seguía siendo mayoritariamente ucraniana”.
“La Donéchchyna fue una especie de ‘crisol’ durante la gran industrialización, donde distintas naciones empezaron a trabajar juntas. Pero, al desarrollarse dentro de un imperio, la lengua y la cultura rusas se impusieron no por elección de la gente, sino por decisión del poder: no había escuelas ucranianas, moldavas o serbias, sino rusas. Así se fue formando la imagen de la región como ‘prorrusa’, aunque en realidad fue el resultado de una política imperial, no de una base natural o ‘puramente rusa’”.
También aclaró que, antes de la invasión de 2014, cuando Rusia se anexionó Crimea, entre el 85 % y el 90 % de la población se identificaba “orgullosamente” como ciudadana ucraniana.
Dentro de la Unión Soviética existió un movimiento de resistencia muy potente, en su mayoría intelectual, en el que hubo pocos representantes de profesiones obreras. Sin embargo, la Donéchchyna fue una de las pocas excepciones al final de la URSS, cuando los trabajadores —especialmente los mineros— se incorporaron activamente a la lucha por la libertad. Contrario a la idea de que el Donbás era un bastión soviético, fueron precisamente sus mineros quienes desempeñaron un papel clave en el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
“Pero los mineros percibieron que el poder de Moscú se debilitaba, y una parte significativa de sus dirigentes decidió apostar por Kyiv, porque creían que la redistribución del dinero generado por el carbón sería más favorable para sus plantas, minas y fábricas, y no quedaría bajo control de Moscú. Esa apuesta resultó muy útil para el movimiento de resistencia”.
Los líderes del sector minero obtuvieron un poder real en la Ucrania independiente, llegando incluso a ocupar los más altos cargos del Estado, como ocurrió con Yefim Zvyagilsky, quien fue primer ministro interino de Ucrania.
Kipiani detalló que el Donbás ha dado a Ucrania grandes referentes morales e intelectuales, como Iván Dzyuba, quien criticó la rusificación en la Unión Soviética desde una óptica marxista y no nacionalista. “Es un ejemplo de cómo alguien puede servir a su región y a su pueblo siendo patriota, no como luchador en sentido literal, sino como intelectual”, afirmó.
Resaltó el trabajo y activismo de Mykola Rudenko, veterano de la Segunda Guerra Mundial. Recordó que salió en defensa de escritores de origen judío y, por ello, comenzó a ser perseguido. Finalmente, junto con personas afines, fundó el Grupo Helsinki de Ucrania, una organización de derechos humanos que se convirtió en una de las principales del movimiento disidente ucraniano.
Hay otras figuras sin las cuales la imagen ucraniana de Donetsk quedaría incompleta. Oleksa Tykhyi se convirtió en el símbolo principal de la lucha por la lengua ucraniana en la Donéchchyna durante los años del terror comunista. Fue condenado varias veces y, en una ocasión, el poder comunista incluso fabricó su caso para no condenarlo abiertamente por motivos políticos.
Asimismo, mencionó a Vasyl Stus, figura central de la vida literaria ucraniana y considerado por muchos el poeta más importante de la segunda mitad del siglo XX. Su biografía y su obra están estrechamente ligadas a la Donéchchyna, y para muchos es, sencillamente, la figura número uno de la literatura ucraniana. Murió en un campo soviético en 1985, defendiendo la lengua y la cultura ucranianas, en circunstancias nunca esclarecidas del todo y bajo la sospecha de haber sido asesinado. Su muerte fue una tragedia para la cultura nacional, en vísperas de la independencia. Fue enterrado en los Urales y, más tarde, reinhumado en Ucrania.
Y explicó que Danylo Shumuk fue un “héroe de la resistencia que pasó 40 años en prisiones polacas, nazis y soviéticas”. A finales de 2024, Vajtang, junto con dos compañeros de armas, trasladó los restos de Danylo Shumuk de Pokrovsk a Lviv para evitar que su tumba fuera profanada por los rusos. Hoy descansa allí, junto a otros luchadores por la independencia de Ucrania.
Kipiani dejó muy claro que hoy “la guerra actual no es por tierras vacías o minerales, sino por el derecho de millones de personas a vivir en una democracia sin la tutela imperial de Moscú”.
PAL