MC: Morenimiento Ciudadano
Desde su fundación, en el año 1999, el partido político conocido como Movimiento Ciudadano (MC) siempre se ha caracterizado por ser una veleta: se vende y se le entrega al mejor postor. Como no tiene filosofía, postulados y, mucho menos, dignidad, lo que mejor se le da, para sobrevivir, es irse con el primero que le guiña el ojo y que le llega al precio.
Por ello, a muy pocos les sorprendió lo que este mal llamado partido político hizo durante la madrugada del jueves que se votó en lo general y en lo particular en la Cámara de Diputados el Plan “B” de la reforma electoral: con una mayoría calificada de 377 votos a favor por parte de Morena y aliados (el PT y el PVEM), la aplanadora oficialista, como por arte de magia, se encontró con 19 votos más cortesía de sus nuevos hijos bastardos de tenis naranjas fosforescentes para avalar el dictamen que reforma los artículos 115 y 116, y adiciona un párrafo al artículo 134 de la Constitución en materia electoral.
Para quienes creían que el movimiento naranja era una nueva forma de hacer política o una bocanada de aire fresco dentro del turbio manejo de la mexican politik de una vez les digo que ya es hora de irse desencantando. Estos sujetos vienen siendo la versión corregida y aumentada de “la misma gata, nomás que revolcada”. Son cínicos, son mentirosos, son convenencieros, son mercenarios y, por supuesto, son parte de la llamada Cuarta Transformación. Porque, claro que sí, traen sus tenis fosfo-fosfo pero también traen bien puesto su chaleco guinda.
Y aunque al final del día se trata de un adjetivo sumamente ofensivo y peyorativo, no deja de tener razón el líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas, al calificar a los naranjas de “arrastrados”. Un calificativo que los pupilos del veracruzano Dante Delgado Rannauro se ganaron a pulso y de manera más que merecida porque, efectivamente, se necesita ser un verdadero arrastrado para ir a negociar en lo oscurito con tu (supuesto) adversario político más acérrimo y después salir sonriente y triunfante presumiendo tu traición.
Sin embargo, a los cuatreros naranjas no les va a quedar más remedio que aguantar vara a la hora que las cosas se pongan color hormiga cuando se implemente este Plan “B”, que no sólo debilita el federalismo, centraliza el poder, le recorta el presupuesto y las atribuciones al Instituto Nacional Electoral (INE), a los OPLES y a los tribunales electorales, también le va a pegar durísimo a los partidos políticos, sobre todo a los que hoy se sienten los grandes aliados del partido hegemónico.
De momento quienes celebran y se relamen los bigotes por su “gran triunfo” son mercenarios como Ivonne Ortega, Claudia Ruiz Massieu, Gibrán Ramírez y los otros 16, todos grandes vividores del erario pero, que no se les olvide una cosa muy importante: cuando se llegue la hora de pagar la factura ellos serán los primeros que tendrán que pasar a la ventanilla.
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