El Metro necesita un nuevo modelo, no parches
El Sistema de Transporte Colectivo Metro no es solo un medio de traslado: es la columna vertebral de la movilidad en la Ciudad de México. Millones de personas dependen de él todos los días para llegar a su trabajo, a la escuela o a sus hogares. Sin embargo, también es evidente que el modelo bajo el cual ha operado durante décadas ha llegado a su límite.
Durante años, el debate público se ha concentrado en las fallas, los retrasos o la posibilidad de ajustar tarifas. Pero esa discusión es insuficiente. El problema de fondo no es únicamente operativo, es estructural.
El Metro funciona bajo una lógica financiera y administrativa que ya no responde a la dimensión de una ciudad que ha crecido, se ha complejizado y exige soluciones de largo alcance.
No se trata solamente de destinar más recursos, sino de cambiar la forma en que se gestionan. Por ello, hemos planteado la necesidad de transformar al Metro en un organismo público descentralizado, con autonomía técnica y financiera, capaz de acceder a esquemas de financiamiento que permitan su modernización permanente.
Este planteamiento no surge de una coyuntura, sino de la urgencia de construir un sistema sostenible en el tiempo.
El transporte público masivo no puede depender exclusivamente de decisiones presupuestales anuales. Requiere estabilidad, planeación estratégica y una estructura institucional que le permita anticipar retos, no únicamente reaccionar ante ellos.
Ocupada en brindar viabilidad financiera al Sistema Colectivo Metro, recientemente realicé desde la Cámara de Diputados un exhorto a la titular del Gobierno de la Ciudad de México, a fin de que informe sobre el uso, destino y aplicación de los recursos del Fideicomiso Maestro Irrevocable de Administración y Fuente de Pago, así como aclarar las inconsistencias detectadas en el mismo.
En distintas ciudades del mundo, los sistemas de transporte han evolucionado bajo modelos que reconocen su carácter estratégico. México debe avanzar en esa misma dirección.
Apostar por un Metro moderno, seguro y eficiente implica entender que su transformación no es un gasto, sino una inversión social. Este cambio también exige fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas y los mecanismos de evaluación técnica.
Cada peso invertido debe reflejarse en mejores condiciones para las y los usuarios. El Metro no puede seguir operando al límite. Transformarlo es una decisión de fondo. Porque garantizar movilidad digna es, también, garantizar derechos.
POR MAYRA ESPINO
COLABORADORA
@MAYRAESPINOSUAREZ
PAL