El oficio editorial cambia de manos

El oficio editorial cambia de manos

Rocío Martínez Velázquez (Tlaxcala, 1980) lleva poco más de un año al frente de la dirección editorial de Siglo XXI Editores en México, una de las casas que definieron la circulación del pensamiento crítico en América Latina. Su llegada a la dirección no representa un punto de inicio, sino la continuidad de una trayectoria construida entre la filosofía, la edición y el trabajo cercano con autores, un recorrido desde el cual observa con claridad cómo ha funcionado históricamente el mundo editorial y qué transformaciones comienzan a hacerse visibles.

“Durante años las mujeres hemos estado en el mundo editorial, pero no en puestos directivos. Siempre había mujeres involucradas: asistentes editoriales, correctoras, traductoras. Tenían una función fundamental para el libro, pero no dirigían las editoriales”, afirma.

La reflexión surge al mirar hacia atrás y reconocer una presencia constante que rara vez se traducía en liderazgo. El trabajo editorial, explica, dependía de esas labores silenciosas que sostenían la vida cotidiana de los libros. Hoy, considera, ese equilibrio empieza a modificarse, aunque de manera gradual. “Creo que eso está cambiando junto con el contexto mundial, junto con el mundo en el que nos estamos fijando qué hacen las mujeres, en dónde estamos y en las injusticias que puede haber por cuestión de género. Estamos en esa lucha cotidiana”.

Doctora en filosofía y dedicada desde hace años al trabajo editorial, Martínez Velázquez entiende la edición como un espacio de conversación intelectual permanente. El editor, insiste, no ocupa un lugar externo al texto, sino que participa en su construcción desde la lectura crítica. Esa posición, sin embargo, todavía encuentra resistencias vinculadas a formas tradicionales de autoridad dentro del campo cultural. “A lo largo de mi trayectoria muchas veces ha influido el hecho de que tú seas la editora, que des ideas, que no sólo estás ahí para ser asistente, sino para trabajar en conjunto: corregir un texto, proponer caminos, aportar ideas. Hay una generación a la que todavía le cuesta trabajar con una mujer y verla como un par”.

En esa experiencia aparece también una exigencia diferenciada hacia las mujeres que ocupan cargos directivos. “Hay cosas que todavía se cuestionan a las mujeres que con un hombre no pasarían. Existe la idea de que tienes que cuidar todo: al autor, al lenguaje, al equipo de trabajo. Hay una doble expectativa”, explica.

El señalamiento no se limita a las dinámicas laborales. Para Martínez Velázquez, pensar el presente de la edición implica revisar también aquello que ha conformado históricamente los catálogos. La discusión sobre igualdad atraviesa inevitablemente la pregunta por quiénes han sido publicados y quiénes quedaron fuera. “Sí tenemos una deuda histórica con las autoras. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas y ahora tenemos que hacer el ejercicio de leer autoras y de publicar autoras”.

La revisión, aclara, no responde a criterios ajenos al libro, sino a una reconsideración crítica del propio campo intelectual. “Si encontramos una autora que no fue suficientemente leída en su época, casi tenemos la obligación ética de traerla al presente para apreciarla como no fue apreciada entonces”, ataja.

Parte de esa reflexión se alimenta también de su trabajo docente. En el aula, señala, es evidente el interés de nuevas generaciones por el oficio editorial, particularmente entre mujeres que buscan incorporarse a un ámbito que durante años parecía reservado a otros perfiles. Ese contacto constante con estudiantes le permite observar cómo cambia la relación con el libro y con la lectura, pero también cómo persisten ciertas inercias dentro del sector.

Cuando habla del oficio, la conversación vuelve siempre al texto. Editar, explica, implica una relación cercana con la escritura y con quienes la producen. “Ser editora implica amor por los libros y vínculo con el texto, pero también una parte de psicología y sensibilidad. Más que ejercer autoridad, es tener claridad y explicar siempre por qué se toman decisiones”, refiere Martínez.

La edición aparece así como un proceso continuo, sostenido por el diálogo entre autores, lectores y contexto. No se trata únicamente de publicar, sino de acompañar la vida posterior de los libros: “El trabajo de una editora nunca termina. Siempre estás pensando en un libro posible, en cómo encontrar nuevos lectores y en cómo los libros vuelven a cobrar sentido según el contexto”.

Esa idea del libro como conversación abierta atraviesa su manera de entender el trabajo editorial. A lo largo de los años, dice, ha aprendido que el editor funciona también como primer lector y mediador entre una obra y quienes eventualmente la encontrarán. La lectura profesional exige apartar el gusto personal para pensar en la proyección de un texto y en el diálogo que puede generar más allá de su momento de escritura.

En ese sentido, la edición se convierte en una práctica sostenida por la atención y la escucha. Acompañar a un autor, discutir un manuscrito o replantear la estructura de un libro forman parte de un proceso que combina análisis intelectual y relación humana, una dimensión que, señala, suele permanecer fuera de la mirada pública sobre el oficio.

“No hay nada más fascinante que leer un libro maravilloso y podérselo contagiar a otras personas. Desde la edición, esa búsqueda constante de lectoras y lectores es de las cosas que más disfruto”, cuenta.

Así, al estar al frente de la dirección editorial de Siglo XXI en México, Martínez Velázquez sitúa el trabajo en una continuidad antes que en una ruptura. El catálogo histórico del sello convive con nuevas discusiones y con autores que buscan interpretar el presente desde distintos campos del conocimiento. En ese equilibrio, explica, la tarea editorial consiste en mantener abiertas las preguntas más que en fijar respuestas.

“La lectura abre mundos y muchas maneras de pensar. Intentar transmitir eso es lo que me sigue apasionando después de años”, cierra.

Por Alida Piñón

EEZ