El populismo judicial en la Corte

El populismo judicial en la Corte

Dice Robert Greene en su libro sobre las 48 leyes del poder, que una de ellas es jugar con la necesidad de la gente. “Los artilugios de los charlatanes podrán parecer extraños o pintorescos hoy en día, pero entre nosotros sigue habiendo miles de charlatanes que utilizan los mismos métodos de probada eficacia que perfeccionaran sus predecesores en los siglos pasados; sólo han cambiado los nombres de sus elixires y la apariencia modernizada de sus cultos”.

Vigente e inquietantemente real resulta este postulado para quienes buscan obtener la legitimación que no lograron a través de una elección circense. Con fotos y el colorido de una comunidad tzeltal, quieren vender el populismo judicial de una Corte que con la reforma vio destruida su calidad técnica.

Ahora ofrecen un plan itinerante de sesiones que arrancó en Tenejapa, Chiapas. Dijeron oficialmente que el propósito es “hacer visible la función jurisdiccional a la población y que la justicia se sienta cercana”.

Desde la Corte de los inciensos venden folclor, cuando estamos obligados a revisar la calidad de la impartición de justicia que ofrece y en este sentido el resultado es paupérrimo a grados alarmantes. Las imágenes son llamativas bajo el concepto de lo inédito, pero banales para los resultados que se exigen del tribunal más importante del país.

Los lugares comunes mandan y el rigor jurídico se pierde en la confusión de lo que sería una agenda valiosa para el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, que fue presidido por Hugo Aguilar Ortiz. Pueden hacer mejor las cosas sin gastar en viajes, deberían hacer más efectivo el trabajo de divulgación de su canal de televisión, que ni ellos ven y se ha convertido en un espejo de autoelogios alineado a la 4T con programación monotemática que no cuestiona, tampoco analiza o informa con criterios independientes como en alguna época honrosamente fue.

La Corte podría abatir el rezago, mejorar la calidad del debate, ejercer autocrítica, apartarse de la ideología para argumentar, desarrollar criterios valiosos que hagan valer autonomía ante el Legislativo y el Ejecutivo. En pocas palabras, honrar la división de Poderes y en virtud de la calidad de sus sentencias, respetar principios básicos de objetividad e imparcialidad que actualmente no existen en su código teatral.

Esta Corte no será mejor con togas floreadas, rituales de purificación, bastones de mando y parafernalia. Sólo será más cercana con verdadera autonomía y respeto a la inteligencia de los ciudadanos.

EDICTOS

No deja de ser una bofetada institucional dentro de la Corte, que Lenia Batres se vaya por la libre y desde su ponencia emita comunicados personales para justificar sus barbaridades. El mensaje implícito es que ella está por encima de sus pares, del propio presidente y la estructura. Puede hacer lo que se le pegue la gana con cargo al erario para promocionarse personalmente. Sus acostumbradas pifias exhiben una ignorancia que denigra la toga.

   @jenroma27