Perú: El izquierdista Sánchez acaricia la segunda vuelta mientras el candidato trumpista llama a la insurgencia civil
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El impredecible Perú político vuelve a vivir horas de máxima tensión cuando el escrutinio de las presidenciales del domingo se acerca a su final. El exalcalde de Lima Rafael López Aliaga exigió la anulación de las elecciones cuando los resultados oficiales le arrebatan la posibilidad de pasar a segunda vuelta contra Keiko Fujimori (17%).
Su lugar lo ha ocupado el izquierdista Roberto Sánchez, amparado en el empujón de los sectores agrícolas del sur de los Andes, siempre contrarios a la capital, donde el líder de Renovación Popular tiene su principal bastión. Con el 91% del escrutinio realizado, el heredero político del golpista Pedro Castillo permanece en segunda posición.
El abanderado de Juntos por el Perú suma el 12,05% de los apoyos frente al 11,86% del famoso Porky, como llaman al exalcalde. Apenas 31.000 votos cuando todavía faltan por escrutar algunas mesas electorales de la Lima Metropolitana y de las regiones donde Sánchez ha convencido a parte de los votantes de que es el llamado para sustituir al exmandatario Castillo, uno de los cuatro presidentes presos en el penal de Barbadillo.
"Si el fraude se consuma, vamos a convocar a nuestra gente para declarar la insurgencia civil", amenazó el candidato trumpista antes sus seguidores, concentrados en la noche del martes frente a la sede del Jurado Nacional de Elecciones en Lima.
Más rezagado aparece el centrista Jorge Nieto, con el 11,07% de los votos y con una actitud ejemplarmente democrática entre acusaciones y denuncias de buena parte del mundo político. Al ritmo actual de recuento los resultados finales se darán a conocer en las próximas horas.
"Lo que quiere la mafia es inflar, con anforazo (fraude) inclusive, a un candidato radical para ponerle frente a la señora de siempre (en relación a Fujimori). Y ese panetón (clientelismo) le va a ganar otra vez, un panetón rojo. ¡Basta de panetones rojos!", clamó López Aliaga.
Las acusaciones de fraude electoral no son compartidas por organismos no gubernamentales, como Transparencia, ni por las misiones de observación internacional. "No han llegado a la misión suficientes elementos para sostener que la narrativa de fraude tenga fundamentos", aclaró Annalisa Corrado, jefa de la misión de la Unión Europea.
"Estaremos vigilantes, con tranquilidad", respondió el candidato favorito para pasar a segunda vuelta. Sánchez, que no se quita el "sombrero mágico" de Castillo ni en las ruedas de prensa, cuenta también con el respaldo de Antauro Humala, el famoso militar ultranacionalista, condenado y encarcelado durante 17 años por la rebelión militar de Andahuaylas contra el gobierno de Alejandro Toledo.
Sánchez ya ha adelantado que apostará por el indulto de Castillo en caso de alcanzar la Casa de Pizarro. "Gracias a Dios, a la Pachamama y nuestro Pueblo Milenario. ¡Justicia restauradora para los mártires del sur andino o la vida del Perú profundo se respeta o no tiene sentido ninguna democracia! Que nunca más se deponga o detenga al presidente constitucional. El santo pueblo ha hablado: ¡Pedro Castillo libertad!", clamó el candidato de Juntos por el Perú tras adelantar a sus rivales en el recuento.
"Considerando que lo que sigue llegando es el voto provinciano, lo más probable es que Sánchez pase a segunda vuelta con Keiko Fujimori", vaticinó el analista político Óscar Díaz Moscoso.
El desastre logístico de la jornada del domingo no sólo ha empañado al sistema democrático peruano, también sirve ahora como principal herramienta para las denuncias de fraude, que López Aliaga ya gritaba semanas antes de las elecciones. La ausencia de material electoral en parte de las mesas y la reapertura de centros electorales en Lima para posibilitar el voto de 50.000 electores concitan hoy las principales críticas de la ciudadanía.
La Policía ya ha detenido a uno de los gerentes de la ONPE, el ente electoral peruano. En el ojo del huracán permanece su jefe, Piero Corvetto, quien en su comparecencia urgente ante el Congreso intentó justificar las anomalías, sin éxito.