En un mundo trastocado por Trump, la ofensiva diplomática de China atrae a Canadá hacia una reconciliación que se adapte a la "nueva realidad global"

En un mundo trastocado por Trump, la ofensiva diplomática de China atrae a Canadá hacia una reconciliación que se adapte a la "nueva realidad global"

Mientras China intensifica sus esfuerzos para cortejar a los tradicionales aliados de Estados Unidos, el presidente Xi Jinping ha recibido en Pekín la visita del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien hizo unas declaraciones que desnudan hasta qué punto el peso del gigante asiático se ha vuelto ineludible en un tablero geopolítico cada vez más desordenado, sacudido por los bandazos y las pulsiones imprevisibles del estadounidense Donald Trump.

"Juntos podemos crear una nueva relación que se adapte a la nueva realidad global", fueron las primeras palabras de Carney durante su reunión este viernes con Xi. El canadiense habló de una "nueva asociación estratégica".

Era la primera visita de un líder canadiense a China en casi una década y ha llegado tras varios años de relaciones prácticamente congeladas entre ambos países. En el trasfondo, la diversificación de la estructura comercial de Canadá para reducir su dependencia de Washington, sobre todo después de la guerra arancelaria desatada el año pasado por Trump.

"Una nueva relación entre China y Canadá podría traer seguridad y prosperidad para ambas naciones", defendió Carney ante Xi. "Estamos dispuestos a continuar nuestros esfuerzos para mejorar aún más las relaciones y llevarlas por el camino del desarrollo sano, estable y sostenible", respondió el presidente chino.

Ha sido la segunda vez que Xi y Carney se han reunido en los últimos tres meses. A finales del año pasado mantuvieron conversaciones en una cumbre regional en Corea del Sur, donde Xi expresó su deseo de "recuperar el tiempo perdido". Aquel encuentro abrió una puerta que ahora el Gobierno canadiense ha decidido cruzar.

Bali 2022

Lejos parece que queda la tensa escena que todo el mundo vio en los márgenes del G-20 de Bali, en noviembre de 2022. Las cámaras captaron a Xi reprochando al entonces primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que detalles de una conversación privada que habían mantenido hubieran llegado a la prensa. El mensaje fue claro: la confianza -dijo- se construye con discreción y respeto mutuo, no con filtraciones. Trudeau, visiblemente sorprendido, intentó responder apelando a la necesidad de un diálogo "abierto y honesto". Pero Xi remató con una frase que sonó a cierre de expediente: "Si no hay sinceridad, es difícil hablar".

Los medios canadienses han analizado estos días cómo el viaje de Carney representa algo más que un gesto diplomático: es un intento de reconstruir puentes con Pekín en un momento de tensión global, con el vecino Donald Trump cada día más imprevisible. Este contexto es clave para entender el acercamiento de Ottawa a su segundo socio comercial después años arrastrando crisis diplomáticas.

Un día antes de reunirse con el presidente chino, Carney fue recibido por el primer ministro Li Qiang. Ambos firmaron memorandos de entendimiento sobre diversos temas, entre ellos energía, construcción y seguridad alimentaria. El canadiense escribió en redes sociales que más de 400.000 carreras en Canadá estaban respaldadas por la relación comercial bilateral con China.

"Aquí en Pekín, me estoy reuniendo con líderes gubernamentales y empresariales porque queremos aprovechar esa situación: abrir nuevos mercados y crear nuevas oportunidades para los trabajadores y las empresas canadienses", escribió.

Ruptura en 2018

Las relaciones bilaterales entre China y Canadá se rompieron en 2018, cuando las autoridades canadienses detuvieron en Vancouver, a petición de EEUU, a Meng Wenzhou, directora financiera de Huawei e hija del fundador del gigante chino de las telecomunicaciones. La respuesta de Pekín fue inmediata: la detención de los diplomáticos y empresarios canadienses Michael Spavor y Michael Kovrig, que pasaron más de 1.000 días encarcelados en China bajo cargos de espionaje.

Ahora, el Gobierno de Carney intenta pasar página y el Ejecutivo de Xi sigue expandiendo su ofensiva diplomática aprovechando la beligerancia y mercantilismo de la política exterior de Trump. En las últimas dos semanas, Xi ha recibido en Pekín a los líderes de Irlanda, Corea del Sur y Canadá.

Frente al huracán Trump (la captura de Maduro, las amenazas a Groenlandia y a una intervención militar en Irán), la narrativa del régimen chino apuesta por vender a Pekín como el gran bastión de la estabilidad: sin operaciones militares unilaterales en terceros países y con discursos que apelan al derecho internacional.