Espera muy tensa en Israel ante la posible guerra con Irán: "No tengo problema en estar recluida si se acaba con ese régimen fanático"
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El analista militar de la principal cadena de televisión israelí Canal 12, Nir Dvori, cuenta que su esposa le pidió que comprara algunas cosas en el supermercado antes de volver a casa. Cumplió con la lista excepto el pedido de un pack de seis botellas de agua para no provocar especulaciones y temores de ciudadanos atentos a cualquier señal sobre un inminente ataque estadounidense contra el régimen iraní.
El comentarista político Amit Segal, por su parte, se puso una camiseta con el mensaje escrito que no sabe si habrá o no ataque en Irán enfatizando que no tiene sentido preguntarle al respecto. En un país en tensa espera desde hace seis semanas, periodistas israelíes con contactos en la cúpula militar o el Gobierno son bombardeados con la pregunta sobre un bombardeo que tendría como efecto secundario casi seguro un nuevo enfrentamiento directo con Irán.
Al igual que los 92 millones de habitantes en Irán, los 10 millones de habitantes israelíes están pendientes de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump. Mientras muchos en Israel hacen caso a filtraciones, rumores, informaciones o intuiciones para cancelar viajes al extranjero por temor a no poder volver si estalla la guerra con el consiguiente cierre espacio aéreo, el ejército mantiene el alto nivel de alerta defensiva y ofensiva. Ante la ola de especulaciones, el portavoz militar Effie Defrin ha difundido varios comunicados para transmitir calma y asegurar que monitorean la situación y están preparados.
Desde la represión de las protestas internas en Irán -con 32.000 muertos según Trump en un balance negado por Teherán- que desencadenaron las advertencias de EEUU y la formación gradual de su enorme maquinaria bélica en la región, los israelíes buscan respuestas en el movimiento de cada buque o caza, el aterrizaje de aviones-cisterna estadounidenses en el aeropuerto de Ben Gurión, o el significado de cada palabra que sale de la Casa Blanca. El objetivo es descifrar cuándo habrá un ataque que, según diversas fuentes, estuvo a punto de concretarse el pasado 14 de enero.
"Estamos en días complejos y desafiantes", admite el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mientras titulares como "Estado de alerta en la rutina" o "Guerra en espera" se pueden leer en un país dispuesto a paralizarse y volver a las sirenas y los refugios, si es necesario para la destrucción del remanente del arsenal de misiles balísticos y el programa nuclear de Irán, y por supuesto el cambio de su régimen.
"Yo no tengo ningún problema en estar varias semanas recluida en mi cuarto de seguridad en casa por la guerra si acaba con el régimen teocrático fanático que promete la destrucción de Israel, apoya a grupos terroristas contra nosotros y ha hecho mucho daño sobre todo a los ciudadanos iraníes", nos cuenta Anat, una estudiante en Tel Aviv. Admite que la espera empieza a ser larga y angustiosa por lo que pide a Trump que "decida ya, sea lo que sea".
Anat vive cerca del edificio destrozado por un misil iraní en el norte de la ciudad en la Guerra de los 12 días en junio. Aunque Israel sorprendió a su enemigo, dominó su espacio aéreo e infligió un severo daño a su proyecto nuclear (con asistencia final de los bombarderos B-2 de EEUU) y su arsenal balístico, varias decenas de misiles iraníes (de un total de más de 500) lograron sortear las capas defensivas e impactaron en centros como el Hospital Soroka en Beer Sheva, el Instituto Weizmann de Ciencias en Rehovot, varios edificios residenciales y bases militares.
Las miradas de Oriente Próximo están puestas en Ginebra con la nueva y decisiva ronda negociadora prevista este jueves entre Irán y EEUU. A fecha de hoy, la mayoría de los analistas israelíes estiman que, dadas las diferencias, es más probable un ataque que un acuerdo. Nadie olvida, sin embargo, que todo es posible al tratarse de un presidente imprevisible que puede revertir la decisión en el último momento.
En caso de que ordene el ataque, la creencia generalizada es que Israel estará involucrada ya sea porque sería atacada por Irán en represalia o porque participaría activamente en la acción militar de su gran aliado. Otra cuestión, clave en Israel y el Líbano, es si Hizbulá ataca el territorio israelí tal y como le exige Irán si es atacada por EEUU. En tal caso, el ejército israelí lanzaría una ofensiva a gran escala contra el grupo chií.
"Nadie sabe lo que deparará el día. Estamos con los ojos abiertos y preparados para cualquier escenario", dijo Netanyahu con un rostro serio en un discurso inusualmente breve este lunes en el Parlamento en el que pidió unidad y advirtió: "He transmitido y dejado claro al régimen de los ayatolás que si cometen el error quizá más grave de su historia y atacan a Israel, responderemos con una fuerza que ni siquiera pueden imaginar".
El jefe de la oposición, Yair Lapid, fue más allá al declarar que "hay una probabilidad nada despreciable" de un escalada en Irán. En tal caso y como corresponde en tiempos dramáticos, prometió que Israel se mantendrá unido. "No habrá oposición ni coalición durante la guerra con Irán. El primer ministro Netanyahu y yo dejaremos de lado nuestras diferencias por la defensa del país y nuestro pueblo", aseguró Lapid según el cual el "régimen de los ayatolás debe caer".
Israel teme que Irán logre limitar la negociación a su uranio enriquecido al 60% excluyendo de la mesa sus misiles balísticos y su apoyo a Hizbulá, Hamas, los hutíes y otras milicias. La caída del régimen de Ali Jamenei parece lejana si hay acuerdo y levantamiento de sanciones o si el ataque es limitado.