Europa, una nueva oportunidad
Con la firma del Acuerdo modernizado con la Unión Europea, se abre de nueva cuenta una oportunidad para la diversificación de nuestras relaciones exteriores y procurar oportunidades para el desarrollo de nuestra sociedad.
La relación de México con Europa nace con nuestra independencia; antes de 1821, el control desde Madrid se tradujo en monopolios de toda naturaleza, lo que no impidió varias vinculaciones externas ajenas a la metrópoli, como la cercanía rusa que ya deambulaba por el Pacífico y la diversidad de contactos con Asia por la ruta comercial de la llamada “Nao”, que significó mucho más que el comercio. Pero, en general, las relaciones externas del virreinato se supeditaban al reino. Por ello, el pronto reconocimiento de otras naciones europeas se convirtió en un factor sustantivo para nuestra independencia y ello nos llevó, naturalmente, a acercarnos a los rivales de España y zambullirnos en la geopolítica.
De tal forma que esta renovación de nuestra relación con la Unión Europea no es ni nueva ni inocente; es una acción que reafirma nuestra capacidad de ser actor por su propio peso en la combinación que el Acuerdo ofrece, comercial sin duda, pero también con claros componentes sociales y de cooperación que nos acercan políticamente a Europa. Este acercamiento incluye, por supuesto, la identidad cultural y la amplia coincidencia valoral que se refleja en el hecho de que las posturas en foros multilaterales tienden más a la coincidencia que al enfrentamiento.
Ya la primera versión del Acuerdo permitió estimular la vinculación comercial y un diálogo político muy intenso en sus primeros años. Incluso hacia el año 2001 se había previsto un presupuesto importante para impulsar la promoción integral de México en la Unión Europea, presupuesto que no resistió el primer recorte administrativo y desde entonces ha sido más el esfuerzo de empresas, medios y organizaciones de la sociedad civil, los pilares para dinamizar la relación bilateral. Por ello mismo, esta firma es una oportunidad para recuperar un impulso en el que el Estado tiene mucho que desempeñar.
México necesita estar presente en Europa de una manera consistente, tanto en los esfuerzos bilaterales que las embajadas mexicanas desarrollen más, como también impulsar acciones integrales como la promoción turística, la atracción de inversiones y la propia promoción para que México y sus emprendedores se acerquen a Europa. Incluso la acción de la sociedad civil ha estado más centrada en buscar apoyo político de la UE para situaciones en nuestro país y poco hemos observado los procesos sociales en ese continente. Por ejemplo, el reciente cambio de gobierno en Hungría es una oportunidad para observar lo que un gobierno iliberal puede hacer en contra de su sociedad.
Sin duda, un espacio relevante es la formación de recursos humanos mediante programas de becas y créditos; por ejemplo, el Programa Erasmus de la UE ha transformado ya a varias generaciones de europeos al acercarlos a la realidad de su diversidad cultural, circunstancia que también repercute en la juventud mexicana. La misma concepción de trascender las fronteras nacionales para la construcción de comunidades internacionales es un avance hacia la comprensión de esa diversidad y con ello impulsar el diálogo civilizatorio.
En suma, el acercamiento con Europa es siempre una oportunidad de diversidad y autonomía y resulta fundamental consolidar aquello que nos hace relevantes en el escenario internacional. La geografía en Norteamérica nos determina, pero no debiese condenarnos, sino al contrario, convertirla en oportunidades, lo que requiere congruencia, determinación y constancia, y de todo ello mucho tiene México y así debe reflejarse en nuestra política exterior.
POR DAVID NÁJERA
Embajador de México
MAAZ