Eva Perea, terapeuta de pareja: "Los vínculos intermitentes son eso que sucede cuando lo que engancha no es amor"
Hay relaciones que no encajan en ninguna categoría clara. No son estables, pero tampoco terminan. No avanzan, pero tampoco desaparecen del todo e, incluso, hay meses donde parece que todo va viento en popa, y otros donde ninguno de los dos miembros de la misma saben algo del otro. Se mueven en una especie de vaivén emocional que, lejos de aclararse con el tiempo, suele intensificarse. Son los llamados vínculos intermitentes, una dinámica cada vez más frecuente.
Tal y como explica la terapeuta de pareja, psicóloga y sexóloga Eva Perea, "los vínculos intermitentes son eso que sucede cuando lo que engancha no es amor. Hay relaciones que no terminan de empezar ni de acabarse. Permanecen en una especie de limbo de altibajos sostenidos por la ansiedad de que se acabe enfrentada a la ilusión o esperanza de que sí que pueda ser".
Vínculos intermitentes: qué son y por qué enganchan tanto
Se trata de relaciones que avanzan y retroceden constantemente. Como dice la psicóloga, se trata de vínculos "que vuelven, desaparecen, se intensifican, y se enfrían. En ese vaivén, muchas personas quedan atrapadas intentando entender qué está pasando. Y ahí está muchas veces el gran problema, la necesidad de entender donde solo hay caos".
Desde la psicología conductista, este patrón tiene nombre: "a esto lo llamamos, refuerzo intermitente. Y no es un concepto menor, sino que es uno de los mecanismos más potentes para generar dependencia en general y si hablamos de vínculos, dependencia emocional", señala la experta.
Refuerzo intermitente: la clave psicológica detrás de estas relaciones
Pero, ¿qué significa exactamente este concepto? Eva Perea lo explica así: "el refuerzo intermitente en los vínculos surge cuando el afecto, la atención o el interés dejan de ser estables y se convierten en algo irregular, imprevisible, sostenido por la incertidumbre. A veces están, a veces no. Y, lo más importante: no sabes cuándo volverán".
Este patrón activa directamente "el llamado sistema de recompensa cerebral", y, como señala la psicóloga, "no es la recompensa lo que más engancha, sino la posibilidad incierta de que vuelva a aparecer esa conducta que deseamos". Por eso, el foco se desplaza: "en este tipo de vínculos, no se genera tanto apego a la persona como a la expectativa. Y aquí aparece una confusión frecuente: intensidad emocional no es lo mismo que conexión real".
Saber diferenciar una relación de un vínculo intermitente es fundamental. Si piensas en ejemplos concretos de personas que te rodean encontrarás que, mientras unos viven una relación de pareja estable, otras se encuentran en este sube y baja constante: "La intensidad puede venir de la incertidumbre, de la ansiedad, de la activación constante. La conexión, en cambio, necesita algo mucho menos espectacular pero mucho más difícil de sostener; estabilidad, coherencia y presencia. Lo que nos llevará a vínculos tranquilos, que dan paz y donde hay cierta capacidad de predicción del comportamiento de la otra persona".
De hecho, esa sensación de enganche tiene una explicación clara: "Lo que se siente como 'no puedo dejar de pensar en esta persona' muchas veces no es profundidad emocional, sino activación del sistema de recompensa cuando la relación presenta esa intermitencia", explica Eva Perea.
Eso sí, conviene matizar: "Sobre todo, al inicio de las relaciones, es posible que se den situaciones de incertidumbre, de no saber, de no tener las cosas claras. En esa etapa primera de 'nos estamos conociendo'. Y esto es lícito e incluso previsible. El problema viene cuando la relación se instala en este tipo de patrón y nunca llega a aterrizar en un lugar tranquilo y estable o a cortar el vínculo porque quizás no funciona. Acaba habitando esa tierra de nadie de vaivenes insostenibles que viven a base de esa última oportunidad".
Cómo afectan los vínculos intermitentes a la salud mental
El impacto emocional de este tipo de relaciones no es menor. Un día piensas que todo va bien, y al siguiente no entiendes la distancia y esa situación te abruma. Como señala la experta: "Aumentan la ansiedad y la rumiación (estar constantemente pensando qué ha pasado, qué significa, si volverá). De ahí que podamos calificar estas relaciones como tóxicas, ya que intoxican nuestro cuerpo a través de las sustancias segregadas por el estrés y la continua activación".
Además, cuando una persona no entiende qué sucede, a veces empieza a plantearse si es por su culpa, o si hay algo en ella que deba mejorar para que la situación vuelva a ser como cuando ambos estaban bien. Un fenómeno que indica que estos vínculos pueden afectar directamente a la autoestima: "La validación llega de forma irregular e inconsistente. Generan una gran dependencia emocional, haciendo que salir de la relación sea cada vez más complicado. Y, por último, dificultan la toma de decisiones, debido a que cada reaparición de esa persona en tu vida reactiva la esperanza de ese posible cambio. Ese '¿y si ahora sí?"', explica la terapeuta.
Pero aun hay más. A nivel cognitivo, también distorsionan la percepción: "La presencia de momentos buenos o muy buenos activa lo que en psicología conocemos como sesgo de refuerzo intermitente, donde los episodios positivos, por su intensidad e imprevisibilidad, pesan más que la experiencia global. A esto se suma el sesgo de confirmación, que nos lleva a fijarnos en aquellas señales que sostienen la idea de que 'esto sí funciona', minimizando o justificando lo que no encaja. El resultado es una percepción parcial, pues no vemos la relación en su conjunto, sino a través de los momentos en los que parece que sí".
También entra en juego una necesidad emocional profunda: "Del mismo modo debemos tener en cuenta que este tipo de patrón relacional puede activar en nosotras la necesidad de que nos elijan. Y entonces, cuando se activa la distancia nos sentimos no elegidas y eso hace que, aun inconscientemente, deseemos que nos vuelvan a elegir".
Qué dice de ti que estés en un vínculo intermitente
¿Hay algo que aprender de todo esto? Según la experta, sí, pero con matices: "este tipo de refuerzo intermitente en relaciones, nos puede mostrar dónde están nuestras vulnerabilidades, qué tipo de atención nos engancha o qué nos cuesta más soltar. Pero esto solo ocurre cuando se toma distancia. Mientras se está dentro, lo habitual no es el aprendizaje, sino la confusión".
Por eso, en muchos casos, pedir ayuda es clave: "Contar con una apoyo profesional que nos invite a analizar la situación puede ser muy valioso o incluso necesario. Conocernos para poder actuar de manera distinta en casos similares en el futuro es uno de los grandes regalos que puede hacernos un proceso terapéutico", comenta Eva Perea.
Señales de un vínculo intermitente (y cómo diferenciarlo de una relación sana)
No todas las relaciones con altibajos son problemáticas. La diferencia está en el patrón. "Todas las relaciones tienen momentos de mayor y menor cercanía. Eso es esperable. La diferencia está en el patrón y en la frecuencia con la que suceden estos cambios", aclara Eva Perea que, nos ayuda a distinguirlos:
- Vínculo sano: "Hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Si le 'bajas el volumen a la relación', la relación sigue siendo un lugar seguro. Los momentos de distancia se pueden hablar. No hay una sensación constante de inseguridad y no existe un estado de activación casi permanente".
- Vínculo intermitente: "La cercanía aparece de forma intensa pero desaparece sin explicación clara, hay promesas o gestos que no se sostienen en el tiempo, una incoherencia dominante y predomina la duda. Suele pasar que la otra persona reaparece cuando percibe que te alejas, se genera un desgaste importante en la relación y la desconfianza en el vínculo acaba siendo lo que más pesa".
Todo se resume, al final, en una idea clave en la que hace hincapié la psicóloga y ayuda a entenderlo: "No es tanto lo que pasa en los momentos buenos, sino lo que ocurre entre ellos. El buen amor necesita reciprocidad constante".
Cómo salir de un vínculo intermitente paso a paso
Salir de este tipo de relaciones no es fácil, pero sí posible. "Salir de un vínculo intermitente es, sobre todo, una decisión racional. Es decir, es importante que seas consciente de que quieres salir de él y cómo hacerlo. Debes tener un plan con unos límites establecidos y seguirlo".
Esto no significa que dejemos el corazón a un lado, sino que haya una cooperación, ya que "hay una parte que sigue esperando 'el momento bueno'. Por eso es relevante la idea de que será un proceso, y eso se traduce en que conllevará tiempo. Las emociones serán cambiantes, y hay que tenerlo previsto para no dejarnos llevar por ellas".
Entre los pasos clave para evitar quedarse en un vínculo intermitente, la experta destaca:
- "Nombrar lo que está pasando. Ponerle nombre al patrón cambia la posición. Dejas de preguntarte “¿qué le pasa?” para empezar a observar “qué está pasando aquí”."
- "Dejar de interpretar y empezar a observar. Más que buscar explicaciones, es clave mirar conductas: ¿hay coherencia? ¿hay presencia sostenida? No hace falta entender nada. Porque nunca lo vas a llegar a entender."
- "Reducir la exposición al ciclo. Esto implica, muchas veces, tomar distancia real: menos contacto, menos disponibilidad. En este tipo de situaciones es incluso recomendable, durante un tiempo o de manera permanente, el contacto cero para salir de ese patrón".
- "Sostener el vacío. Cuando desaparece la intermitencia, aparece un vacío que muchas veces se confunde con “le echo de menos”. En realidad, muchas veces es el “síndrome de abstinencia” del propio patrón. Los primeros días serán complicados, pero luego encontrarás esa tranquilidad que este tipo de vinculación te había quitado".
- "Volver a criterios más que a sensaciones. No guiarse sólo por lo que se siente en los momentos intensos, sino por lo que una relación necesita para ser habitable: respeto, claridad, estabilidad".
- "Ayuda profesional llegado el momento. Transitar este proceso a solas puede ser complicado y te puede llevar a romper con ese contacto cero en momentos de debilidad. La ayuda de un psicólogo experto te puede sostener, acompañar y dar las pautas necesarias para que puedas con ello".
Porque, en el fondo, todo parte de una decisión: "recordemos que será una decisión consciente con un plan establecido y unos límites propios lo que te podrá ayudar a salir de este tipo de vínculos. Si te dejas llevar sólo por lo que sientes, lo más probable es que pases mucho más tiempo del que nunca hubieras deseado pasar en ese lugar."
Aunque no resulta fácil, debes pensar siempre en ti misma. Haga lo que haga la otra persona, priorizarte y saber qué necesitas y quieres en tu vida es la prioridad. "Salir de este tipo de vínculo no depende de lo que la otra persona haga, sino de la posición que tú ocupas dentro de él. El trato que recibes no habla de tu valor, sino de la capacidad (o incapacidad) del otro para sostener un vínculo, de su disponibilidad emocional o de su manera irresponsable y caprichosa de estar en una relación", concluye Eva Perea.









