Los tres frentes de Roberto Velasco

Los tres frentes de Roberto Velasco

En el momento más crítico del mundo contemporáneo, México designó a su canciller más inexperto en los últimos 80 años, no solo por juventud, sino por trayectoria. Sin embargo, la vara que deja De la Fuente es tan baja que Roberto Velasco no solo tiene la oportunidad, sino el deber de hacerlo mejor, aunque tome el timón en plena tormenta.

Son tres frentes en los que Velasco deberá probarse: el exterior, principalmente con Estados Unidos; el gubernamental, particularmente frente al gabinete de seguridad; y el del anárquico partido-movimiento.

En cuanto al frente externo —que, seguramente, fue la razón principal por la cual Sheinbaum lo designó, dada la buena relación que construyó con sus interlocutores estadounidenses—, el nuevo canciller pronto tendrá que aprender también a jugar el papel de “policía malo”.

Lo peor que podría pasarle es que los estadounidenses lo vean más como un activo que como una contraparte negociadora. Para evitarlo, deberá marcar líneas rojas, defender de mejor forma causas como la migrante, involucrarse directamente en las distintas mesas de negociación y tratar de influir en otros frentes internacionales, como el cubano.

Además, deberá prepararse para un escenario crítico: el de un ataque unilateral de Estados Unidos a los cárteles en territorio mexicano. No puede cometer el error de pensar que la prudencia y buena fe de los funcionarios estadounidenses con los que dialoga pueden contener las peores pulsiones de Donald Trump, especialmente si este sale herido de Irán.

El escenario de una violación a nuestra soberanía territorial es real y hay que preparar el plan de contingencia: ¿cómo reaccionaríamos?, ¿qué haríamos con el tratado comercial?, ¿cómo recoger apoyo de la comunidad internacional?, ¿a qué otros espacios, como la OTAN, conviene acercarnos para reducir los incentivos?

Parte de esa contingencia está en el frente interno, con el gabinete de seguridad. Uno de los errores de Sheinbaum y De la Fuente ha sido permitir que el equipo de seguridad acceda hasta a ilegalidades a cambio de poco. El más grave: expulsar capos sin proceso de extradición violando abiertamente la Constitución, confirmando los poderes extraterritoriales de EE.UU. en México.

Velasco debería involucrarse en la relación bilateral de seguridad, evitar concesiones ilegales y buscar un acuerdo institucional que al menos nos dé algo a cambio, como ocurrió con la Iniciativa Mérida. El problema es si, ante los ojos de sus pares en Defensa y Seguridad, tendrá la jerarquía suficiente para involucrarse. En esa misión, la presidenta no puede dejarlo solo.

Finalmente, hay un tema no menor: el tiradero de MORENA y sus aliados. Los miembros de ese partido deben aprender algo que no se les da bien: la prudencia. Nadie debería opinar sobre temas internacionales —menos embarcarse en aventuras “humanitarias”— sin la anuencia de Palacio Nacional. Hasta los viajes a Disneylandia deberían revisarse para evitar la pena de los retiros de visas. Ahí, sospecho, ni siquiera la presidenta podrá ayudarle.

No alcanza este espacio para explicar el reto del canciller más joven en cien años. Resta admitir que, dentro del régimen, fuera de Cárdenas Batel o Ebrard, simplemente no había otros perfiles para ocupar el cargo. Eso dice mucho de MORENA: el aldeanismo de la izquierda mexicana se enfrenta a un balde de agua helada de un mundo que despertó con todo y sus peores demonios.

POR CARLOS MATIENZO

DIRECTOR DE DATAINT

@CMATIENZO

MAAZ