FAOT 2026, punto de encuentro musical
El Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) no es sólo un encuentro de música y ópera; es un espacio donde la cultura se vive en plazas, calles y teatros, y donde Álamos, Sonora, deja de ser un pueblo mágico para convertirse en epicentro del arte y la diversidad. Este festival, que celebra el legado del tenor sonorense Alfonso Ortiz Tirado, llega a su 41 edición, del 23 al 31 de enero, con Marruecos y Aguascalientes como como país y estado invitado, consolidando su vocación de intercambio cultural nacional e internacional.
“Para nosotros, el FAOT representa mucho más que un festival de ópera. Es un proyecto que ha logrado que el arte salga de los grandes centros y llegue a todos los rincones de Sonora, con actividades completamente gratuitas que permiten la participación de niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad”, señala Beatriz Aldaco Encinas, directora general del Instituto Sonorense de Cultura.

Y defiende que Álamos no sólo es un pueblo colonial con calles empedradas y arquitectura barroca; se encuentra en medio del desierto sonorense, un paisaje que, según Aldaco Encinas, conecta a los artistas y al público con un espacio único donde la música y la naturaleza dialogan: “el contraste entre el canto lírico y el horizonte desértico genera una experiencia estética que no se encuentra en ninguna otra parte del país”.
Un vínculo con el desierto, que, cuenta, explica la invitación de Marruecos, “un país de paisajes y tradiciones desérticas, que aportará un intercambio cultural enriquecedor y simbólico”.
“Este año, la participación de Marruecos y Aguascalientes refuerza la vocación de intercambio. Por una parte, los artistas y chefs marroquíes acercarán al público mexicano sus tradiciones y expresiones artísticas, mientras que Aguascalientes traerá su sinfonía y teatro infantil, en un gesto de hermanamiento cultural con la finalidad de enriquecer al público con experiencias diversas, pero siempre respetando el sello operístico que nos distingue”, subraya la directora del ISC.

Asimismo, explicó que voces líricas como la mexicana María Katzarava, la española Ainhoa Arteta, y la estadounidense Ailyn Pérez, quien recibirá la Medalla Alfonso Ortiz Tirado 2026, así como la cantante de origen italiano Filippa Giordano deleitarán al público con un gran repertorio operístico. Además, se ofrecerán conciertos de música antigua, recitales de violín y piano, voz y piano, entre otros.
Al mismo tiempo, el festival abre espacio a géneros contemporáneos y populares, que van desde la música ranchera hasta el jazz, rock e hip-hop, con representantes como Erik y Mía Rubín, Marta Sánchez, Rocío Banquells, Charles Ans, Andrés Obregón, Sergio Arau, entre otros: “queremos cruzar puentes, que sepan que el festival es para todos y que ningún género es más exclusivo de otro”.
“La programación combina artistas consolidados y emergentes, asegurando que cada visitante encuentre algo que le hable y que todas las generaciones se sientan representadas y al mismo tiempo sirva como plataforma de lanzamiento para artistas jóvenes, fortaleciendo la escena musical y contribuyendo a la formación de nuevos públicos que puedan disfrutar y valorar la música y el arte en todas sus formas”, explica.

También se ofrecen propuestas escénicas como la obra En la intimidad, protagonizada por los reconocidos actores Alberto Estrella y María Rojo, y El burgués gentilhombre a cargo de la Universidad de Sonora.
Respecto a la medalla, refirió que se otorga por la calidad vocal, la trayectoria y la contribución a la música clásica y la ópera. En el caso de Ailyn Pérez, quien actualmente protagoniza Madama Butterfly en el Met de Nueva York, se reconoce su esfuerzo, dedicación y compromiso familiar al forjar una carrera como hija de migrantes mexicanos en Estados Unidos, aunque esto último no fue un criterio oficial.
El FAOT es, insiste, un ejemplo de descentralización cultural: “En un país donde la actividad artística suele concentrarse en la Ciudad de México y otras capitales, el festival demuestra que la cultura puede florecer con calidad en los territorios. Fortalece las manifestaciones culturales de los estados y promueve la cultura más allá del centro del país”.
Por último, recordó la gratuidad del encuentro que asegura que nadie quede excluido por razones económicas o sociales. “El festival es un modelo de equidad cultural, donde la música, el teatro y la gastronomía se convierten en vehículos de encuentro intergeneracional y de diálogo entre regiones”, apunta Aldaco Encinas.
En este sentido explica que la continuidad del FAOT está garantizada por un fideicomiso desde 1990, que asegura su realización en todas las administraciones estatales, y su arraigo comunitario garantiza que el festival sea esperado año tras año, consolidándose no sólo como evento artístico, sino como tradición cultural y motor económico para Álamos: “Todas las actividades, incluyendo clases magistrales y talleres, son gratuitas, lo que refuerza su carácter accesible y democrático”.
Con más de 100 mil asistentes en ediciones recientes, el encuentro, apunta, se perfila como un ejemplo de cómo un festival regional puede tener alcance nacional e internacional, fortaleciendo la identidad local, promoviendo la equidad en el acceso y mostrando que la cultura es, ante todo, un espacio de encuentro, aprendizaje y disfrute compartido.

“Queremos que cada persona que venga se sienta parte del festival. Que descubra que la música no sólo se escucha, sino que se vive, se comparte y se siente en cada rincón de Álamos, entre el canto lírico y la vastedad del desierto”, comparte.
Y agrega que la realización casi ininterrumpida ha permitido, a lo largo de más de cuatro décadas, posicionar a Álamos como un referente no solo de la ópera y la música clásica, sino también de una programación artística amplia, que integra diversas disciplinas y fomenta la participación de públicos locales, nacionales e internacionales. “Se trata de generar un vínculo duradero entre la comunidad y el arte, de fomentar la educación artística y de acercar a los asistentes a la práctica musical y escénica”, concluye.
Por Azaneth Cruz
EEZ