Irán relaja el grifo de Ormuz y permite el paso de un carguero francés
Irán sigue usando el Estrecho de Ormuz como su factor más disuasorio contra cualquier intento de Estados Unidos de poner un sólo pie en territorio iraní. Washington sigue amasando fuerzas en toda la región de Oriente Próximo, pero aún no ha decidido cómo desatascar el paso de los petroleros. Si pone en marcha cualquier operación de asalto, los hutíes, la milicia aliada de los ayatolás, han amenazado con atacar barcos en el Estrecho de Bab el Mandeb, lo que pararía también el tráfico del crudo en el mar Rojo y elevaría aún más los precios del petróleo.
Durante la jornada del jueves, las webs de seguimiento de embarcaciones registraron el paso de tres grandes metaleros con bandera de Omán. Para sorpresa de todos, fueron los primeros en hacerlo pegados a su costa en vez de a la costa de Irán. Se suponía que la antigua vía de tránsito, mucho más centrada, es la que está minada por Teherán. Además, el jueves, un carguero de una naviera francesa también consiguió pasar hacia el mar Arábigo. Se trata del primer barco europeo en conseguirlo. Ayer, Emmanuel Macron dijo: "La opción militar para reabrir el Estrecho no es realista; hay que coordinarse con Irán" justo después de que Trump hablara de forma desdeñosa de él y afirmara, además, que su mujer, Brigitte Macron, "le trata muy mal", algo que el presidente galo no quiso responder por considerarlo "poco elegante".
El paso de este carguero vinculado a la naviera francesa CMA CGM por el Estrecho de Ormuz y con bandera de Malta no supone una reapertura real de la ruta, sino la confirmación de un nuevo modelo de control impuesto por Irán. El barco, que navegó por un corredor cercano a la costa iraní, logró cruzar tras coordinar su tránsito con Teherán.
Al mismo tiempo, dos súperpetroleros con crudo del Golfo, uno de propiedad emiratí y el otro saudí, han logrado salir del Golfo Pérsico en las últimas horas. Se trata de dos países que reciben a diario ataques con drones y misiles por parte de los ayatolás y que, sin embargo, son autorizados a salir por parte de esas mismas autoridades en el mar.
Si bien su partida no significa que el Estrecho haya vuelto a la normalidad, si muestra que los ayatolás están comenzando a negociar salidas de barcos más allá de la nacionalidad a la que pertenecen, e incluso que se están produciendo negociaciones al más alto nivel (y a espaldas de Washington) para que esas embarcaciones comiencen a transitar por el Estrecho.
El aliado japonés
Además, otro buque gasífero, esta vez japonés y con bandera de Panamá, el Sohar LNG, fue el primer buque nipón que atraviesa Ormuz desde el inicio de la guerra. El 21 de marzo, el canciller iraní, Abbas Araghchi, declaró que Irán está dispuesto a facilitar el paso de buques japoneses si se coordinan con Teherán, ya que en Irán consideran a Japón un viejo aliado porque fue uno de los pocos países que apoyó a Teherán durante la guerra Irán-Irak.
Hasta el momento, sólo petroleros vinculados a China, a la propia Teherán y a una naviera griega (que negoció por su cuenta) habían cruzado. Según fuentes iraníes, el coste de cruzar Ormuz es de dos millones de dólares, a pagar en yuanes, por cada gran petrolero o carguero.
Irán está ejerciendo su control e influencia sobre este accidente geográfico desde que fue atacada por Estados Unidos e Israel y lo ha convertido en su más rentable aduana. Funciona de la siguiente manera: dos lanchas, perfectamente visibles vía satélite, se acercan a las embarcaciones entre Larak y Qeshm. Estos cobradores piden el dinero o una prueba de ese ingreso. Cuando está pagado, se autoriza a seguir adelante, siempre pegado a la costa de Irán, hasta que puede navegar al mar Arábigo. Los únicos que no han seguido esta ruta son los petroleros de Omán.
Desalinizadoras atacadas
Irán atacó anoche una planta desalinizadora en Kuwait, una de esas infraestructuras básicas en el Golfo Pérsico, además de un crimen de guerra por su carácter civil. No es la primera central de este tipo que se bombardea: EEUU e Israel lo hicieron con la de la isla de Qeshm, en el Estrecho de Ormuz, hace unas semanas.
El bombardeo de blancos como este, de una importancia vital para poblaciones que viven en el desierto, demuestra que la lógica de esta guerra sigue en escalada y que de momento las llamadas a la negociación son sólo pura estrategia. Todos los contendientes lanzan ese tipo de mensajes, llamando al diálogo mientras preparan el siguiente golpe. Los países del Golfo, encabezados por Emiratos Árabes Unidos, se muestran cada vez más beligerantes con Teherán y ya se valora participar en cualquier iniciativa militar para reabrir el Estrecho de Ormuz. "Con un poco más de tiempo, podríamos abrir fácilmente el Estrecho de Ormuz, extraer el petróleo y hacernos ricos", dijo este viernes Donald Trump.
La posibilidad de una coalición europea para reabrir el Estrecho de Ormuz al margen de Estados Unidos ha empezado a tomar forma en los últimos días, impulsada por países como Francia y Reino Unido, pero sigue siendo, por ahora, más una iniciativa diplomática que una fuerza operativa real. Más de una treintena de países han iniciado contactos para coordinar presión sobre Irán y explorar mecanismos que permitan restablecer el tráfico marítimo, incluyendo posibles corredores seguros o misiones de escolta.
Sin embargo, la iniciativa refleja también las limitaciones europeas: existe voluntad de actuar para proteger el comercio energético, pero no de escalar hacia una intervención militar directa que podría desencadenar un conflicto mayor. En ese equilibrio, la coalición apunta a una estrategia propia, distinta de la estadounidense, basada en la contención y la presión multilateral, aunque con dudas evidentes sobre su capacidad real para imponer una reapertura efectiva del Estrecho sin el respaldo militar de Washington.