Javier Bardem confiesa el refugio secreto que salvó su infancia tras la separación de sus padres: "Me sentí como un niño abandonado"
A sus 57 años, Javier Bardem atraviesa uno de los momentos más dulces y estables de su vida. Con seis premios Goya en su vitrina y un pie siempre puesto en Hollywood —donde próximamente ejercerá de maestro de ceremonias en la 98ª edición de los Oscar junto a Chris Evans y Demi Moore—, el actor canario es hoy el espejo de la serenidad. Sin embargo, tras la mirada intensa del intérprete de El buen patrón, se esconde una infancia marcada por el silencio, las idas y venidas de un padre ausente y un refugio inesperado: la gran pantalla de un cine. La historia de Javier no se entiende sin la figura de su madre, la inolvidable Pilar Bardem, quien se vio obligada a sacar adelante a sus tres hijos sola tras una separación temprana. En aquel escenario de ausencias, Javier encontró un consuelo de ciencia ficción.
Esa fantasía que tantas alegrías le ha dado y que hoy canaliza a través de su profesión, fue en su día su máximo consuelo. En un momento tan difícil como una separación, el pequeño Javier encontró su refugio en una película que veía una y otra vez. “Mis padres se separaron cuando era pequeño y me consolé viendo 'E.T.' unas 24 veces”, ha confesado recientemente el actor con gran vulnerabilidad. Para aquel niño, la historia del extraterrestre de Spielberg no era solo una película: “Conecté profundamente con Elliott y con E.T., porque él también está abandonado”.
A pesar del amor incondicional que rodeaba el hogar de los Bardem, Javier recuerda una carencia que el tiempo no ha logrado borrar del todo. “Me sentí como un niño muy abandonado en algunos aspectos. Más allá del amor de mi madre y de mis hermanos, sentía que había una parte de mí que ya no estaba cuidada”, revela al recordar que tenía apenas 14 años cuando la cinta de 1982 se convirtió en su obsesión.
Para Bardem, la conexión con los protagonistas era casi espiritual: “Son dos almas abandonadas que intentan encontrar el amor para mantenerse unidas, para pertenecer a una familia. Y al mismo tiempo, lo difícil que es para el amor despedirse del otro, por el bien del otro, ¿sabes?... Lloro cada vez que veo esa película”. Tal es la carga emocional que el filme dejó en él, que hoy, como padre de los hijos que comparte con Penélope Cruz, a veces prefiere evitar el visionado: “Lloro tanto que a veces mis hijos la ponen y les digo: ‘No, no quiero verla’”.
La figura de un padre
La relación con su progenitor, José Carlos Encinas Doussinague, fue un camino de espinas y estereotipos. El actor ha sido honesto al hablar de los valores que aquel hombre representaba, muy alejados de la sensibilidad que Javier desprende hoy. Al interpretar papeles complejos, como el de la serie Monstruos, el actor admite que revisitar su pasado fue inevitable: “Interpretarlo me puso en contacto con lo que significaba ser un hombre educado con valores erróneos hacia las mujeres y hacia sí mismo”.
Incluso en su carrera profesional, la aprobación de su padre fue difícil de manejar. En 1990, tras su participación en Las edades de Lulú, la brecha entre ambos se ensanchó debido a una escena de sexo homosexual que su padre no pudo procesar. “Se sintió avergonzado de mí”, confiesa Bardem. No sería hasta dos años después, con el éxito de Jamón jamón, cuando José Carlos se sentiría orgulloso de su hijo, sin saber que la coprotagonista de aquella cinta, Penélope, acabaría siendo la madre de sus nietos. Afortunadamente, antes de su fallecimiento en 1995 a causa de una leucemia, padre e hijo lograron encontrar un espacio de entendimiento. “Vi rastros de mi propia educación: haber sido criado con ciertos estereotipos de lo que significaba ser hombre”, reflexiona Javier.
Pilar Bardem, su ejemplo a seguir
Frente a la figura inestable del padre, Pilar Bardem se erigió como la roca sobre la que se construyó el hombre que hoy conocemos. “Tuve la suerte de haber sido criado por mi madre más que por mi padre, y eso fue fundamental”, asegura con orgullo. Para él, Pilar no solo era su madre, sino su mayor icono: “Ella era una luchadora. Siempre puso su voz y su rostro defendiendo los derechos de las mujeres y los derechos laborales. Para mí era como: ‘Vale, es lo correcto’”.
Incluso cuando le preguntan por sus grandes ídolos de Hollywood, Bardem no duda en anteponer su origen: “Mi madre. Ella no es de Hollywood, pero pertenece al reino de la industria”. Aunque admite que figuras como Al Pacino le siguen provocando un nerviosismo adolescente —“Es un Dios, cada vez que lo veo tiemblo como un quinceañero”—, es en su familia donde Javier ha encontrado su verdadera vocación.
Una paternidad transformadora
Aunque el destino le ha convertido en el actor español más laureado, con ese récord de seis premios Goya y su histórico Oscar por No es país para viejos, su papel favorito es, sin duda, el de padre. Una faceta que, curiosamente, no estaba en sus planes iniciales. “Ser padre no fue algo que busqué, pero fue lo mejor que me pudo pasar”, confiesa con una sonrisa que borra cualquier rastro de aquel niño solitario que veía películas en bucle para no sentirse solo. “Nunca sentí la necesidad de ser padre y ahora no recuerdo mi vida sin ellos”.








