La gran "fractura" de París: entre la izquierda, la derecha y los "insumisos"
Esta es la historia de dos ciudades: la París roja del este, que se arracima alrededor de la Plaza de la República y de la Bastilla con toda su carga revolucionaria, y la París azul del oeste, que se extiende por las amplias y aburguesadas "avenidas haussmanianas", creadas entre otras razones para aplacar ese hábito tan parisino de lanzarse a la calle y levantar barricadas al estilo Los miserables. Hay también una tercera ciudad que se erige más allá de la Périphérique, el cinturón de asfalto que hace las veces de muralla y que separa la ciudad de los banlieues, los suburbios que periódicamente se inflaman y fulminan esa idea utópica del Gran París, más allá de los 20 distritos de rigor.
La París roja votó socialista el 15-M, la París azul dio un giro a la derecha y la París incendiaria confirmó su condición de insumisa con la conquista de la emblemática Saint-Denis. Los 25 años de reinado socialista han dejado paso a una ciudad tan polarizada casi como el resto del país, con la extrema derecha sacando también partido de la ansiedad general.
Desde la Revolución francesa hasta mayo del 68, pasando por la experiencia de socialismo autogestionario de La Comuna, que se adelantó a su tiempo, París arrastra la vitola de ciudad de izquierdas. Durante más de un siglo (1871-1977), la ciudad fue administrada por el Estado francés y, cuando los parisinos pudieron volver a votar, lo hicieron curiosamente por un alcalde de derechas, Jacques Chirac, que usó la vara de París como catapulta hacia la Presidencia.
El sucesor de Chirac, Jean Tiberi, no dio la talla y el socialista Bertrand Delanoë inició en 2001 un mandato prolongado durante la última década por su sucesora natural, Anne Hidalgo, que ha contado con el respaldo de la mitad de los ciudadanos a la "transición ecológica" y ha predispuesto en contra a la otra mitad con los problemas de la inseguridad ciudadana, la limpieza y la deuda.
Su ex vicealcalde Emmanuel Grégoire ha concurrido a estas elecciones marcando calculadamente las distancias de su mentora, prometiendo seguir adelante con las tranformación urbanística, pero procurando no polarizar al electorado. Sus 12 puntos de ventaja sobre la candidata de Los Republicanos, Rachida Dati (37% a 25%), puede hacer pensar en un voto de continuidad, pero nada está garantizado en este sistema a dos vueltas que puede dar un giro sorprendente a los resultados el 22-M.
La fusión de Rachida Dati con la candidatura del centrista Pierre-Yves Bournazel, que obtuvo el 11% en la primera vuelta, puede ser suficiente para recortar la distancia. La maniobra de Dati ha forzado, de paso, la retirada de la aspirante de Reconquista, la ultraderechista Sarah Knafo, lo cual deja totalmente despejada la llamada al "voto útil" de la derecha.
Dati logró, de hecho, el domingo pasado un impulso extra al ser reelegida como presidenta del distrito 7 de París con el 58% de los votos. Desde su bastión en los alrededores de la Torre Eiffel (con la polémica propuestas de vallar los Campos de Marte), la candidata de Los Republicanos aspira a seguir pintando de azul los arrondissements aledaños, contando ya de antemano con el 6, el 8, el 15, el 16 y el 17.
En el 16, el distrito más conservador de París, vive precisamente su padrino político, Nicolas Sarkozy, cuya sombra vuelve a proyectarse sobre ella esto días por cuenta del juicio en apelación por la conexión libia. Dati tiene además ya fijada su propia cita con la Justicia el 16 de septiembre, por supuesta corrupción y tráfico de influencias cuando era eurodiputada y por sus vínculos de Carlos Ghosn, el ex CEO de Renault.
El socialista Grégoire concurre, entre tanto, a la segunda vuelta sin refuerzos, negándose a tender la mano a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon y a su candidata Sophia Chikirou, que logró el 11,7% de los votos en la primera vuelta. "Soy consciente de que muchos votantes de izquierda están algo perdidos hoy", declaró Grégoire, que reconoce sentirse atrapado "entre quienes insisten en la fusión para proteger a París de la derecha y quienes me instan a no fusionarme en el nombre de los valores y los principios".
Grégoire ha cedido de momento a estos últimos y ha recordado cómo la candidata de La Francia Insumisa "se ha pasado toda la campaña golpeándonos". Una posible alianza con la extrema izquierda podría hacer, además, saltar por los aires la frágil coalición que le arropa, con Los Ecologistas, el Partido Comunista y Plaza Pública.
"Grégoire está practicado un juego incomprensible", ha advertido por su parte Chikirou. "Aún estoy esperando a que me llame, no ha querido siquiera iniciar un intercambio. Yo estaba lista para evaluar una propuesta de fusión para hacer frente a Rachida Dati y acabar con la posibilidad de que pueda llegar a la Alcaldía de París".
Entre tanto, en Saint-Denis, en la ciudad extramuros, La Francia Insumisa se ha impuesto con el 50,7% de los votos logrados por su candidato Bally Bagayoko, confirmado el tirón de la extrema izquierda en los suburbios de París. El partido de Jean-Luc Mélenchon ha capitalizado su éxito en los banlieues como un desafío a la marginación sufrida a manos de la izquierda y una demostración de fuerza para presidenciales de 2027.
"La victoria de LFI en Saint-Denis demuestra que la sociología de la ciudad es permeable al concepto de la 'nueva Francia' que preconiza Mélenchon", advierte en declaraciones a Le Monde Jean-Yves Dormagen, al frente del instituto Cluster17. "La ciudad es una amalgama del voto 'insumiso': jóvenes graduados, profesores, investigadores, periodistas, ejecutivos de la economía social -lo que yo llamo el 'proletario intelectual'- y la población de hijos y nietos de inmigrantes, en su mayoría de fe musulmana".