La ruta más espectacular de Cantabria: 763 escalones, un faro escondido y la vuelta en kayak por el Cantábrico
El faro del Caballo está en un sitio tan extraño, de acceso tan complicado, que lo normal sería que solo se acercaran a verlo dos personas cada mes: una caminando desde Santoña por el monte Buciero y la otra tumbada soñolienta en la cubierta de un yate, preguntándose si aquella torre que emerge de las aguas es un sueño más, un espejismo o un faro de verdad. Pero a pesar de las dificultades, lo normal es que una multitud se encamine todos los días hacia este arduo paraíso. Tanta gente va, que se ha establecido un sistema de reservas on-line y un cupo máximo de visitantes: ¡100 cada dos horas!
Cómo llegar al faro del Caballo: el sendero entre encinares y los 763 escalones
Para ver si es tan espectacular como dicen, solicitaremos el permiso preceptivo y empezaremos a caminar en Santoña de buena mañana, arrimándonos por el paseo marítimo al fuerte de San Martín. Es uno de los seis que rodean el monte Buciero y que hicieron de esta localidad cántabra la plaza napoleónica más importante del norte de España, con una bahía a prueba de ataques navales.
Aquí nace la senda número 1, que no tiene pérdida porque está señalizada con marcas de pintura azul y porque es la que sigue todo el mundo, dejando atrás las últimas casas de Santoña –y, abajo, a la derecha, el monumento a la Virgen del Puerto y otro fuerte, el de San Carlos– para adentrarse en un espeso encinar cantábrico. Su sombra se agradece mucho en verano, pero también que, a la media hora de andar por él, en constante y suave subida, el bosque se abra de pronto y aparezca un mirador con magníficas vistas al Fraile, el peñón calizo que emerge de las aguas esmeraldas allá abajo, afilado y blanquísimo, y que recuerda vivamente a los faraglioni (farallones) de la isla de Capri.
El descenso hasta uno de los faros más sorprendentes de España
En otra media hora, veremos una señal que invita a desviarnos a la derecha y advierte de que se avecinan 763 escaleras. En realidad, solo es una, pero con ese número de peldaños, que fue construida a finales del siglo XIX por los reos del penal de Santoña para bajar por los acantilados hasta el saliente donde reposa, como una vela sobre una palmatoria, el faro del Caballo. Antes solo se podía llegar en barco. Aferrándonos al cable de acero que sirve de pasamanos y haciendo frecuentes paradas para ceder el paso a los que suben y para que los cuádriceps se recuperen, tardaremos media hora más –una y media desde Santoña– en llegar a un faro que dejó de lucir en 1993, pero que sigue encandilando a quienes lo miran, que no son pocos.
Menos gente a caballo, en el faro hay de todo: senderistas que se santiguan pensando que ahora toca subir por donde se ha bajado, jóvenes clavadistas que saltan al mar desde grandes alturas –algunos balanceándose antes para ganar impulso con una cuerda que cuelga del acantilado– y barcos alrededor para todos los gustos: los que vienen de Santoña y Laredo con docenas de turistas que ven el espectáculo cómodamente sentados, veleros y yates más o menos lujosos, las zódiacs de los submarinistas y los kayaks de la empresa de turismo activo que queda aquí con algunos senderistas, los más sabios, para que vuelvan a Santoña remando.
La vuelta en kayak: cuevas marinas, snorkel y el Cantábrico más salvaje
Una vez en el agua, basta dar cuatro paladas y mirar atrás para comprender por qué el faro se llama del Caballo. Esa es la forma que, visto de perfil, presenta el saliente rocoso. Otra cosa nos llamará enseguida la atención: una oquedad que el mar ha horadado en la base de los acantilados, tan grande que antiguamente los barcos la usaban como abrigo. Más que una cueva, parece una catedral, con sus dos portadas ojivales y su bóveda llena de filigranas calcáreas.
Villapececitos, un fondo marino perfecto para hacer snorkel
Próxima parada: Villapececitos. Al poco de pasar remando bajo la peña del Fraile, la misma que vimos caminando desde un mirador, los guías amarrarán los kayaks a sus barcas de apoyo y nos dejarán unas gafas para que hagamos esnórquel en estas aguas impolutas y de solo cinco metros de profundidad, donde se crían pulpos, sardinas, doradas…, y bocartes que, pescados en primavera, bien salados, sobados a mano y conservados en aceite de oliva, se convierten en las famosas anchoas de Santoña.
Las ganas de comerlas animarán a remar sin más demora hasta el arenal de San Martín, junto al paseo marítimo donde empezamos a andar esta mañana, completando una ruta circular a pie y en kayak de tres horas, cuatro con las paradas comentadas. ¿Y si avistamos delfines? Cuatro y pico.
Qué más ver en Santoña después de la excursión
Otro día, nos acercaremos al puerto de Santoña para ver el trajín de los pescadores y de la subasta en la lonja. Si llega un barco cargado a las seis de la mañana, no hay problema: nos despertará una sirena.
En el puerto está el Centro de Interpretación del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, que es uno de los enclaves de mayor diversidad pajarera de España, con más de 20.000 aves de 130 especies diferentes. En él indican cuáles son los mejores observatorios de aves de la bahía y qué especies se descubrirán en cada momento. En verano se ven garzas imperiales y reales, cormoranes grandes, agujas colinegras, gaviotas reidoras, rascones europeos, buitrones…
A TENER EN CUENTA EN LA RUTA (PALABRA DE EXPERTO)
- El permiso para visitar el faro del Caballo se obtiene en santoña.es. Hay que elegir día y uno de los cinco tramos de dos horas disponibles. La reserva es gratuita y puede incluir hasta 10 personas.
- La senda que lleva al faro coincide con la número 1 del monte Buciero, que está señalizada con marcas de pintura azul. Un panel informa sobre ella junto al fuerte de San Martín, donde arranca, y se describe con detalle en santoña.es/rutassenderismo.
- La vuelta en kayak desde el faro hasta Santoña la organiza Buciero Natura (bucieronatura.com). Incluye guías y barcas de apoyo, kayak de una o dos plazas, neopreno, chaleco salvavidas y gafas para hacer esnórquel en Villapececitos.
- Un excelente observatorio de aves es el de La Arenilla, que está a 650 metros de Santoña saliendo por la carretera CA-241. Dos kilómetros y medio más adelante, se encuentra el monasterio de Montehano, que también es buen lugar para observarlas.
DÓNDE COMER EN SANTOÑA
La Galería de Arte de la Anchoa (galeriadeartedelaanchoa.com), a 300 metros del puerto, es el templo de los devotos de este manjar, de arquitectura y montaje muy vistosos, con zona de proyección y exposiciones, espacio de degustación, barra y tienda. La Esquina de Tasca (laesquinadetasca.com) es un restaurante céntrico y popular bien para comer, cenar o picotear con un buen menú. A 200 Millas (@adoscientasmillas) es una cervecería artesana con ocho grifos de los que manan otras tantas delicias cántabras, algunas sin gluten o de baja graduación. Además, hay pizzas, tablas de quesos excelentes y mucha simpatía. Y no es cara.






