Si te gusta la decoración, seguro que últimamente has visto estancias donde todo está teñido del mismo color: paredes, techos, puertas, molduras e incluso algunos muebles. No es casualidad. Es el famoso "color drenching", una tendencia que cada vez vemos más en proyectos de interiorismo.
La idea es bastante sencilla: en lugar de usar el color solo en una pared o en pequeños detalles, se aplica el mismo tono a casi todos los elementos del espacio. El resultado es muy visual, elegante, coherente y consigue crear una sensación envolvente.
Aunque ahora esté en todas partes –Instagram, Pinterest y revistas de decoración incluidos–, la técnica no es nueva. Los diseñadores llevan años utilizándola, pero en los últimos tiempos ha ganado popularidad porque encaja muy bien con la búsqueda de espacios más calmados, con personalidad y visualmente ordenados.
Además, tiene algo muy interesante: según el color que elijas puede ser sofisticada o relajada. Un verde profundo crea un ambiente acogedor, un beis suave transmite calma, un azul oscuro aporta dramatismo y estilo…
Si te intriga esta tendencia y estás pensando en probarla en casa, sigue leyendo porque te contamos cómo funciona, dónde queda mejor y qué errores evitar.
Una de las razones por las que esta técnica funciona tan bien es porque elimina los contrastes visuales entre superficies. Cuando paredes, techo o carpinterías comparten el mismo tono, el espacio se ve más fluido y armonioso.
Este recurso resulta especialmente interesante en habitaciones con techos bajos, inclinados o abuhardilladoscomoel dormitorio que vemos sobre estas líneas, decorado con muebles de Oriana B.En estos casos, pintar todas las superficies del mismo color ayuda a que las líneas arquitectónicas se integren mejor y no destaquen tanto. En lugar de ver claramente dónde termina la pared y empieza el techo, el conjunto se percibe como una sola envolvente.
Aunque el "color drenching" puede aplicarse prácticamente en cualquier estancia de la casa, en algunas el resultado es especialmente espectacular.
El dormitorio es uno de nuestros favoritos, pues decorar toda la habitación en el mismo tono ayuda a crear un ambiente relajado y muy acogedor,perfecto para descansar. Y si no, fíjate en este ambiente, un proyecto de Oriana B. También va muy bien en salones, sobre todo si se quiere dar carácter al espacio. Pintar estanterías, molduras o librerías en el mismo color que las paredes crea un conjunto muy elegante y coherente.
Los baños pequeños son otro buen lugar para probarlo. Lejos de resultar agobiante, el efecto suele aportar sofisticación y hace que el espacio se vea más cuidado. Incluso en la cocina puede funcionar, sobre todo cuando se integran muebles y paredes en una misma paleta.
Los verdes profundos, los azules intensos, los tierra, los grises cálidos o los beis son apuestas seguras porque aportan personalidad sin resultar estridentes. También, los colores inspirados en la naturaleza, como oliva, arena, terracota, arcilla o el "Castaño Orgánico" de Valentine con el que se han pintado paredes y techos de este comedor. Son tonos fáciles de integrar en casa y crean ambientes muy acogedores.
En cualquier caso, lo importante es elegir un color con el que te sientas cómoda. Al tener tanta presencia en el espacio, conviene que sea un tono que te guste de verdad y con el que te identifiques.
El resultado cambia bastante según la intensidad del color que se utilice.
Los tonos claros y suaves generan espacios luminosos, tranquilos y muy fáciles de vivir. Son una buena opción si se busca un ambiente relajado y atemporal. Los colores más profundos, en cambio, crean estancias con mucho carácter. Realmente, no hay una opción mejor que otra. Todo depende del estilo de la casa y de la sensación que se quiera transmitir.
También se pueden hacer interpretaciones más sutiles de esta tendencia. En uno de sus proyectos, el estudio Olive & June Home utilizó un tono anaranjado en el techo y en la franja superior de la pared donde este se encuentra con él, y pintó el resto de la estancia en blanco.
Cuando se observa un proyecto bien resuelto, a menudo parece que todo está pintado exactamente del mismo color. Sin embargo, muchos profesionales utilizan un pequeño recurso para que el resultado sea más interesante.
En lugar de aplicar el mismo tono idéntico en todas las superficies, trabajan con ligeras variaciones dentro de la misma gama. Puede ser una diferencia muy sutil, casi imperceptible. Por ejemplo, el techo puede ir medio punto más claro, o las puertas y molduras con un matiz apenas más profundo. A simple vista todo se percibe como un único color, pero esos ajustes sutiles ayudan a que el espacio tenga más profundidad y no se vea plano. El ambiente gana riqueza visual, sin perder ese efecto envolvente que caracteriza al "color drenching".
Una forma muy atrevida de añadir interés visual es esta que nos propone la firma Bruguer: elegir tres colores diferentes.
Cuando el color se repite en diferentes superficies, los materiales adquieren mucha más importancia. La madera, el lino, la cerámica, el terciopelo o las fibras naturales contribuyen a que el ambiente tenga matices y no resulte monótono.
En el baño de la imagen, se ha elegido el mismo revestimiento de la firma WOW para paredes y suelo, y es la propia textura de la pieza cerámica la que aporta relieve y evita que el conjunto se vea demasiado uniforme.
La iluminación es clave cuando se trabaja con un único tono. La luz natural puede hacer que un color se vea más suave durante el día y más profundo al caer la tarde. Por eso conviene probar muestras antes de decidir. La artificial también influye mucho. Las luces cálidas potencian la sensación acogedora, mientras que las más frías pueden modificar ligeramente el matiz del color. Con una buena combinación de lámparas ambientales y puntos de luz indirecta, sacarás lo mejor de esta técnica. En esta cocina, pintada con el tono "Olive" de la firma Jotun, se ha resuelto con apliques de pared.
Como ocurre con cualquier recurso decorativo, hay algunos fallos bastante habituales cuando se intenta aplicar esta técnica en casa.
Uno de los más comunes es elegir el color sin probarlo antes en el espacio. La iluminación, el tamaño de la habitación o los materiales que la rodean pueden cambiar mucho la percepción del tono. Otro error es introducir demasiados elementos que rompan la armonía de la paleta. Y también ocurre lo contrario: olvidarse de añadir contrastes a través de texturas, materiales o detalles decorativos. En este dormitorio son los textiles de Dunelm X SophieRobinson lo que evita el ambiente resulte plano.
No solo importa el color, también el acabado de la pintura.
Las pinturas mates suelen ser las más utilizadas porque crean un efecto más suave y elegante. Basta con ver este salón, pintado con el "Azul Urbano" de Valentine.Los acabados satinados reflejan ligeramente la luz y quedan muy bien en carpinterías o puertas. El brillo, en cambio, se utiliza mucho menos en este tipo de proyectos porque rompe la sensación envolvente que se busca con el "color drenching"
Si te apetece experimentar con el "color drenching" pero no quieres empezar por una estancia grande, lo mejor es elegir un espacio pequeño. Un dormitorio, un despacho o incluso el recibidor son lugares ideales para probar.
Recuerda añadir textiles y materiales que aporten textura para que el conjunto resulte cálido y equilibrado. Justo lo que se ha hecho en este ambiente, pintado con el tono "Silky Pink" de Jotun, y decorado con un armario ropero de madera maciza.