El día que el príncipe Carlos se enfureció por el baile de Lady Di con Travolta en la Casa Blanca y otras anécdotas de un siglo de visitas de los Windsor a EEUU

El día que el príncipe Carlos se enfureció por el baile de Lady Di con Travolta en la Casa Blanca y otras anécdotas de un siglo de visitas de los Windsor a EEUU

Cuando la reina Isabel II hizo historia en 1991 al convertirse en la primera monarca británica que dirigía un discurso al Congreso de Estados Unidos, se metió al auditorio en el bolsillo con el arranque de su intervención, una broma muy característica del humor que se gastaba. "Espero que hoy puedan verme desde donde se encuentren", dijo la soberana, provocando la carcajada de senadores y congresistas. Isabel II aludía así a lo que le había ocurrido la víspera en la Casa Blanca, recibida por el entonces presidente George H.W. Bush, en el momento tierra trágame en el que la reina más reina del globo hizo una intervención ante un atril con micrófonos tan altos que sólo permitieron que de ella se viera su icónico sombrero. La imagen se replicó hasta la saciedad. Y, pese a lo cómico de la situación, cabe suponer que al responsable de Protocolo y Medios que trabajara entonces en la residencia presidencial norteamericana le pondrían ante algún pelotón de fusilamiento.

Con el Congreso ya rendido a sus pies, a Isabel II no le resultó nada difícil seguir con un discurso memorable en el que resonaron frases como ésta: "Algunas personas creen que el poder crece a partir del cañón de un arma [en alusión a Mao], pero la Historia ha mostrado que esto nunca crece bien, ni por mucho tiempo. La fuerza al final es estéril. Ahora hemos ido por un mejor camino, ya que nuestras sociedades se basan en el acuerdo mutuo sobre el contrato y el consenso".

Carlos III y Camila con los Trump en la Casa Blanca, este martes.

Carlos III y Camila con los Trump en la Casa Blanca, este martes.AP

El rey Carlos III no podrá dejar de tener muy presente a su madre, la reina Isabel II, al dirigirse al Congreso de Estados Unidos este martes, escribiendo él otra página para la Historia. Todo el discurso de la soberana del 91 hoy se leería como una auténtica enmienda a la totalidad de la política que está desarrollando Donald Trump. De modo que al actual monarca británico le toca seguir defendiendo los mismos valores y principios, pero hacerlo hilando muchísimo más fino.

El príncipe Carlos y la princesa Ana, recibidos por el matrimonio Nixon en la Casa Blanca.

El príncipe Carlos y la princesa Ana, recibidos por el matrimonio Nixon en la Casa Blanca.E. M.

Isabel II realizó a lo largo de sus 70 años como reina hasta cuatro visitas de Estado a EEUU, sin contar otros viajes de menor rango diplomático. Y es que una de las tareas prioritarias para los Windsor desde hace muchas décadas, como instrumentos esenciales de diplomacia blanda que son, es la de cuidar con esmero la "relación especial" entre Washington y Londres. En este sentido, el mismo Carlos como Heredero realizó hasta 19 viajes oficiales a Estados Unidos.

La Cumbre del Perrito Caliente

El primer monarca británico que pisó el territorio de las antiguas colonias fue Jorge VI, en 1939, un viaje de extraordinaria repercusión en su momento que la prensa bautizó como la Cumbre del Perrito Caliente, ahora veremos por qué.

Jorge VI se desplazó a EEUU invitado por el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, quien estaba especialmente interesado en aquella visita real. Era junio de 1939, apenas unas semanas antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y mientras el mundo se encaminaba hacia el mayor de los desastres de la Historia, en EEUU se respiraba aislacionismo. Roosevelt comprendió que era necesario profundizar en la relación con Londres, del mismo modo que para las autoridades británicas era esencial atraerse al amigo americano. Aquella visita fue fundamental para ello, y se puede decir que decisiva para el posterior desarrollo de la contienda universal y del papel de EEUU. Jorge VI y la reina María fueron aclamados por multitudes en Washington y Nueva York. Al parecer, el monarca declinó la posibilidad de dirigirse al Congreso por los problemas de su tartamudez. Pero protagonizaron una intensa agenda de actos y consiguieron que cambiara la percepción de muchos ciudadanos norteamericanos de la época hacia el Reino Unido.

El rey Jorge VI con el presidente Franklin Delano Roosevelt.

El rey Jorge VI con el presidente Franklin Delano Roosevelt.Getty

Uno de los momentos más recordados de aquella visita, sin embargo, fue una anécdota. El matrimonio Roosevelt invitó, en una de las jornadas del viaje, a un picnic informal al estilo estadounidense en su refugio en la cima de una colina, Top Cottage. En un ambiente distendido, se sirvieron perritos calientes, de ahí lo del nombre de la Cumbre antes citado. A la madre del presidente Roosevelt, por cierto, le horrorizó que se les dispensara tal trato a los monarcas, aunque a ellos les encantó, como quedó reflejado con posterioridad en distintas cartas.

Isabel II realizó su primer viaje oficial a Estados Unidos siendo aún princesa, junto a su marido, Felipe de Edimburgo. Sucedió en octubre de 1951, con el presidente Harry S. Truman en la Casa Blanca.

La aún princesa Isabel con Harry Truman, en 1951.

La aún princesa Isabel con Harry Truman, en 1951.AP

Posteriormente, ya como monarca, llegó a protagonizar hasta cuatro visitas de Estado: en 1957, con el presidente Dwight D. Eisenhower; en 1976, con motivo del bicentenario de la independencia de EEUU -ahora su hijo acude en el marco del 250 aniversario-, con Gerald Ford en la Presidencia; en 1991, con George H. W. Bush; y en 2007, con el hijo del anterior, George W. Bush, como mandatario.

En la primera de aquellas visitas, la de 1957, la visita de la reina contribuyó enormemente a reparar la maltrecha relación bilateral que había dejado la crisis del Canal de Suez.

Aunque las visitas de los Windsor a EEUU siempre tienen objetivos políticos y diplomáticos, muchas veces la fascinación mediática que despiertan acaba devorando el relato que le gustaría proyectar a Buckingham. Es lo que ocurrió en la visita a la Casa Blanca de los entonces príncipes de Gales Carlos y Diana, en 1985. De aquel día lo que dio la vuelta al mundo fue la icónica imagen de la princesa del pueblo bailando con John Travolta tras el banquete de Estado ofrecida por Reagan. Aquello enfureció mucho, por cierto, a un príncipe Carlos que consideró que todo el numerito había opacado su misión. El matrimonio con Diana era ya entonces una ficción, pero después de aquella noche las cosas entre la pareja se deterioraron todavía más.