La tentación de Durazo
Algo profundamente curioso -y políticamente revelador- está ocurriendo en Sonora alrededor de la sucesión del gobernador Alfonso Durazo. Lo que en su momento parecía una reforma inexplicable hoy comienza a adquirir sentido estratégico.
Durazo impulsó una modificación constitucional que redujo la duración de la gubernatura de seis a tres años. En un estado donde, desde 1991, las elecciones locales han corrido en sincronía con las intermedias federales, la decisión rompió la lógica institucional sin ofrecer, en apariencia, una justificación clara. Ni siquiera al interior de Morena la reforma fue plenamente comprendida. Se aprobó, sí, pero sin narrativa. Sin consenso. Sin explicación.
Hoy, sin embargo, las piezas empiezan a acomodarse.
En el tablero aparece una figura que parecía lejana pero que ahora cobra centralidad: Luis Donaldo Colosio Riojas. Nacido en Magdalena de Kino, Sonora, cumple con el requisito constitucional para competir por la gubernatura del estado. Y lo ha dejado entrever: le interesa.
La jugada es sofisticada. No es solo una candidatura, es una arquitectura política de largo alcance. Colosio, hoy senador por Nuevo León, enfrenta un escenario adverso en esa entidad. La hegemonía política de Samuel García y su proyecto personal -donde la figura de su esposa se vuelve eje político- reduce significativamente las posibilidades reales de Colosio en el corto plazo. En otras palabras: Nuevo León se le cierra.
Ahí es donde Sonora se convierte en opción… y en oportunidad.
No es casualidad que detrás de esta ecuación aparezca Dante Delgado, impulsor de Colosio hacia una eventual candidatura presidencial en 2030. Tampoco parece coincidencia la cercanía histórica entre Delgado y Durazo. La hipótesis comienza a tomar forma: una gubernatura corta, de tres años, diseñada no solo para ajustar calendarios electorales, sino para construir un puente político hacia la siguiente gran contienda nacional.
Durazo, en este escenario, no estaría improvisando: estaría operando una sucesión controlada.
Una sucesión que, además, le permitiría mantener influencia más allá de su mandato, colocando a un perfil cercano -personal y políticamente- en la gubernatura. Un “ahijado” político que garantizaría continuidad, pero también interlocución con actores externos. Incluso, según versiones que circulan en círculos políticos, con intereses estadounidenses que observan con cautela la expansión de Morena en estados fronterizos y podrían ver con buenos ojos un perfil más “moderado”.
La jugada es de tres bandas: control local, proyección nacional y validación internacional. Esa es la tentación de Durazo.
-Off the record
Pero en política, toda estrategia genera reacción. Al interior de Morena Sonora la lectura ya está hecha. La operación no pasó desapercibida. Y el descontento tiene nombre y rostro. Figuras como Lorenia Valles y Javier Lamarque, mantienen una relación distante -cuando no tensa- con el gobernador. No es nuevo. Desde hace tiempo, cuestionan la integración de su gobierno… La eventual llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena introduce un nuevo factor de poder. Su cercanía con sectores históricos del movimiento podría inclinar la balanza interna en Sonora, fortaleciendo a perfiles como Valles y debilitando la capacidad de maniobra de Durazo… Ah, pero el frente más delicado no está en la política, sino en lo jurídico. Circula ya una estrategia para impugnar la reforma constitucional que redujo el periodo de la gubernatura. ¿El caso podría escalar hasta la SCJN? ¿O marcará un límite?
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
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