Las dos guerras de Trump
Antes de la incursión en Irán, los prospectos de la mayoría republicana ya lucían endebles, sobre todo en la Cámara de Representantes: el Cook Report registraba 212 escaños para los demócratas, 206 para los republicanos y 17 en disputa, de los cuales 13 están hoy en manos republicanas. El grueso de esa fragilidad se concentraba en el corredor de distritos bisagra donde suele definirse el rumbo político del país: Arizona, Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, Iowa y Virginia. La geografía de la vulnerabilidad estaba clara.
Sobre ese mapa quizá se asomó una vieja expectativa de la Casa Blanca: que el antagonismo exterior ordenara por un momento la política interna y le regalara al presidente el reflejo patriótico del aglutinamiento popular en torno a la bandera. A veces ocurre. Sin embargo, encuestas de Reuters/Ipsos indican que Trump tiene 40% de aprobación general, que sólo 37% de la población apoya la guerra y 59% se opone. Más aún: 65% cree que el conflicto puede desembocar en un escenario con despliegue de tropas en el terreno, algo que apenas 7% respalda. No hay cierre de filas.
Peor para Trump, la guerra está pegando donde más duele: en el bolsillo de los electores. Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos ha subido hasta 31%. El 55% del país dice estar resintiendo el golpe en sus finanzas; 87% espera más aumentos. Y el efecto no se agota en quienes tienen que llenar su tanque: la energía aprieta los precios de toda la cadena de suministro. Irán ha entrado a la política electoral por la puerta de la economía cotidiana. La guerra ya está en casa.
Desde que volvió al poder, el costo de la vida ha sido uno de los flancos débiles del trumpismo. La intervención no logró mover la conversación pública hacia temas más favorables. Al contrario. Las encuestas ubican a Trump por debajo del 30% de aprobación en el costo de la vida y apenas 35% en economía. Lo que en Washington pudo imaginarse como una demostración de fuerza, ha empezado a traducirse, para muchos votantes, en improvisación y desgaste. Todavía faltan nueve meses, pero todo indica que la disputa por las intermedias girará en torno a ese eje: affordability.
El problema, al final, es que Irán y las elecciones intermedias obedecen a lógicas distintas. La victoria en Medio Oriente exige tiempo, tenacidad, compromiso y un gasto militar cada vez mayor. El Pentágono acaba de solicitar 200 mil millones de dólares adicionales para financiar la guerra. La victoria en la elección de noviembre próximo exige lo opuesto: salir lo más pronto posible del enredo iraní, contener el alza de precios y sostener la promesa trumpista de no involucrar a Estados Unidos en guerras largas ni costosas. Como advirtió un editorial reciente del New York Times, “Trump no puede salir de ésta con retórica”. Lo que ayuda a ganar en un frente empuja a la derrota en el otro. Más pronto que tarde va a tener que escoger o arriesgarse a perder en ambos.
POR CARLOS BRAVO REGIDOR
COLABORADOR
@carlosbravoreg
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