Lucía, mi pediatra: "Hay que inculcar en los niños la idea de comunidad, de que juntos somos más fuertes, para luchar contra el bullying"
Lucía, mi pediatra, es una de las divulgadoras más conocidas en España. Sus libros son siempre un éxito de ventas y a través de sus canales de difusión congrega a miles de padres que confían en sus consejos sobre salud física y emocional.
Acaba de publicar La Tribu del Respeto (Ed. Timunmas), un cuento (ilustrado por Núria Aparicio) para prevenir el acoso escolar, desde la empatía, la inclusión y el respeto. Hemos hablado con ella de este grave problema para muchos niños y adolescentes.
Cuando te conviertes en padre no hay mayor responsabilidad en la vida que educar a tu hijo, y no deben ver que sus padres insultan por las redes sociales, se ríen del diferente, se mofan de alguien...
Cuando hablas de acoso da la sensación de que más allá de la preocupación profesional por los casos que te has encontrado en la consulta, hay una herida y una preocupación personal...
Sí, efectivamente. Cuando revisas las cifras del bullying y descubres que uno de cada cuatro niños en nuestro país ha sufrido o está sufriendo acoso escolar, al final de los hijos que tienes es que casi te va a tocar o ser víctima o ser testigo o ser acosador porque es que las cifras son apabullantes. Yo creo que el momento de máxima vulnerabilidad en la vida de una madre y de un padre es ser testigo del sufrimiento de tu hijo. Ya sea por sufrimiento emocional o por una enfermedad: no hay momento más vulnerable para una madre que ese.
Y eso para mí ha sido un revulsivo para escribir, para denunciar, para seguir hablando de esta lacra que se lleva por delante la salud mental de muchísimos niños y adolescentes. En todo lo que he podido, he contribuido en acabar con el acoso escolar y en concienciar a la sociedad de la importancia de educar a nuestros niños desde que son pequeñitos en el respeto, en la empatía y en la compasión. También en poner límites y que sepan pedir ayuda. En Los virus no entran por los pies, hay una parte entera dedicada al bullying y en el próximo libro de adolescencia que sale en septiembre también hay una parte dedicada a este tema y, por supuesto, tenía que haber un cuento infantil porque esto empieza desde que son pequeñitos.
En el cuento se refleja que el problema no es el niño acosado, que no hace falta ser como los demás para ser aceptados. Porque muchos niños víctimas de acoso se sienten merecedores de él. ¿Cómo podemos dar valor a la diferencia desde que son pequeños?
Normalizando que vivimos en un mundo diverso, que todos somos diferentes, que de hecho son las diferencias las que nos convierten en seres extraordinarios. Que lo bueno, lo positivo y lo grandioso no es ser igual que todo el mundo, sino tener particularidades. Que en el mundo a veces hay niños que están en una situación mucho más vulnerable y que en ningún caso eso debe ser objeto de burla ni de ataques. Que realmente eso es lo que define a las personas oscuras, aquellos que se escudan en que tienen algo diferente y por eso le ataco.
Todo nace de enseñarles a nuestros hijos que el mundo ideal y el mundo perfecto no existe. Que todos tenemos aspectos de nuestra vida, nuestra forma de ser o de nuestro aspecto físico que van a ser diferentes al resto, pero que eso no nos hace ser peores personas. Todo lo contrario: que cada niño es un ser grandioso por cómo es, que la vida es larga, es preciosa, merece ser vivida con plenitud y con felicidad y respeto y todo pasa por dar ejemplo.
No sirve de mucho que les demos lecciones magistrales a los niños o les leamos cuentos si luego ellos ven que sus padres insultan por las redes sociales, se ríen del diferente, se mofan de alguien o insultan al televisor. Esto es un toque de atención también para los adultos. No podemos esperar milagros; un cuento no lo cambia todo, claro que no, pero puede crear conciencia en los niños, que al final son lo que ven, y en los adultos, porque cuando te conviertes en padre no hay mayor responsabilidad en la vida que educar a tu hijo. Criar es fácil: es alimentarles, vestirles y poco más, pero educar es lo complicado.
Cuando hablas del acosador lo haces con una visión bastante compasiva porque en la gran mayoría de los casos es también un niño con un trauma o una herida no cerrada. ¿Las intervenciones ante el acoso no deberían centrarse también en las familias?
En la inmensa mayoría de los casos de bullying que vemos en la infancia y la mayoría de la adolescencia, el niño que acosa muchas veces no es consciente de que lo está haciendo, y muchas veces responde a un comportamiento violento o agresivo que él ha normalizado. Y los niños son niños: no podemos depositar toda la responsabilidad en esos niños. El niño que acosa en muchas ocasiones es una víctima más del sistema, de las experiencias previas de su entorno; entonces, el abordaje es mucho más complejo que mandar a ese niño tres días a su casa como castigo porque se ha detectado un caso de bullying. Se requiere una intervención profunda y tremendamente reflexiva y, por supuesto, compasiva, porque detrás de esos niños a veces hay familias desestructuradas, a veces no, a veces hay unos padres que no están todo lo presentes que necesitan... Las circunstancias son muy diversas, pero desde luego que el abordaje ha de ser siempre con un enfoque familiar y terapéutico por profesionales sanitarios que acompañen a esa familia y que traten de encontrar el origen de ese comportamiento violento de ese niño o ese adolescente.
O sea, que no sirven ni la técnica de esconder la cabeza y ya está, ni mirar para otro lado, "esto es una fase más y ya se le pasará", ni "bueno, qué exagerados son en el colegio que esto siempre ha pasado toda la vida"... Los responsables somos los adultos y aquí las cartas las tenemos que manejar todos: colegios, instituciones, gobierno, profesionales sanitarios y, por supuesto, padres y madres.
La protagonista, Lola, empieza a somatizar el acoso con dolor de barriga. ¿Recibes en la consulta muchos casos de niños que refieren dolores que en realidad son somatizaciones?
Es tremendamente frecuente. El 85% de los dolores abdominales crónicos que vemos en la infancia responden a un origen emocional. Cuando vemos un dolor crónico que dura más de 2 o 3 semanas se hace una detallada historia clínica, se explora al paciente y, en ocasiones, tenemos que recurrir a estudios complementarios (una ecografía, analíticas de sangre o análisis de heces) para descartar que haya una causa orgánica. La realidad es que una causa orgánica como tal: una infección, una celiaquía, una intolerancia, unos parásitos, una gastritis.... supone menos de un 15%; el resto tiene un origen emocional.
Cuando al niño le duele la barriga y las analíticas son normales se dice que no tiene nada; no tiene nada orgánico, pero tiene algo emocional y tenemos que saber qué está pasando. Entonces, la siguiente pregunta es qué tal en casa, ¿ha pasado algo importante en casa para ver si hay algún problema entre papá y mamá? o si han perdido a un ser querido o a una mascota o están en plena mudanza o se acaban de trasladar.... La siguiente pregunta es ¿qué tal en el cole? Y ahí puede salir que últimamente no quiere ir al cole. A lo mejor ahí hay algún problema. Es importante que los que trabajamos con niños lo tengamos siempre presente: que la Pediatría no es sólo tratar mocos y toses, la salud mental de nuestros niños es igual de importante, que saber diagnosticar un caso de bullying o una depresión en un niño de 8 años es igual de importante que saber diagnosticar una apendicitis.
En el cuento hablas de los patios, un lugar difícil para muchos niños. Se habla del buzón de la empatía y de compartimentar el espacio por actividades. ¿Puede ser un buen recurso contra el acoso?
Estas son ideas que yo cogí de hablar con muchos profes y con muchos maestros. Siempre hay niños a los que les encanta el fútbol y el movimiento, hay otros niños que son más creativos y lo que les gusta es pintar y hacer puzzles y hacer manualidades, y luego hay otros niños que simplemente quieren estar tranquilitos en un lugar más calmado y quieren charlar o tomarse su bocata y no les apetece mucho más. Respetar estas tres zonas me pareció que es una idea fantástica para que todo el mundo encuentre su lugar.
Con respecto al buzón de la empatía, nosotros en mi centro de trabajo tenemos algo parecido y pensé que en un patio también despertaría la empatía en los demás, porque tú estás pendiente de que no haya nadie que esté solo o de alguien que observes que el almuerzo siempre se lo toma solo y no tiene amiguitos... Esto no solamente te invita a avisar a un adulto de una forma en la que tú no te tienes que exponer, porque dejas una notita anónima, sino que también despierta la empatía de la responsabilidad de que el resto del grupo también esté bien.
Al crear la Tribu del Respeto los niños del cuento entran en ese ambiente protector grupal al que das mucha importancia en el libro. ¿Por qué están fracasando hasta ahora todas las campañas que se llevan a cabo en prevención del acoso escolar?
Creo que llegamos un poco tarde al bullying. De hecho, más de la mitad de los casos llevan cerca de un año sufriéndolo cuando se descubre. Nosotros como adultos tenemos todavía mucho que trabajar en ese sentido: en la detección precoz, temprana, no solamente en las aulas, sino también a nivel de los profesionales sanitarios. Que rasquemos un poquito más en esa historia clínica que les hacemos a los padres cuando vienen con síntomas que pueden sugerir que hay algún problema emocional.
Además, me da la sensación de que vivimos en un mundo en el que, efectivamente, estamos muy conectados, pero cada vez somos más individualistas y cada vez se potencia más el estar solo contigo mismo. Todo eso está fenomenal y, por supuesto, que tenemos que aprender a vivir solos y a no depender de nadie, pero nosotros por naturaleza somos seres sociales, nos necesitamos, y los niños más aún. Entonces, ¿tenemos que educar en independencia y autonomía? Claro que sí. Pero sin olvidarnos de que estamos en este mundo juntos y que la vida acompañada siempre es mejor y que todos en algún momento de nuestra vida hemos necesitado o necesitaremos ayuda. Y tener claro cuáles son nuestras personas refugio, que sabemos que siempre vamos a poder acudir a ellas. Entonces, reforzar esta idea de tribu, de comunidad, de 'juntos somos más fuertes', me parece que en la infancia y en la adolescencia es fundamental.




