Meloni asegura que "seguirá adelante" tras perder el referéndum de su reforma judicial con el 54% de los votos en contra

Meloni asegura que "seguirá adelante" tras perder el referéndum de su reforma judicial con el 54% de los votos en contra

Los italianos han apostado por mantener intacta la Constitución. La primera ministra del país, Giorgia Meloni, protagoniza así su primera derrota en las urnas en un referéndum constitucional para reformar el Poder Judicial, tumbado por más del 54% de los electores cuando se llevan escrutados más de dos tercios de los votos. Según datos del Ministerio del Interior, el a la reforma ha obtenido un respaldo del 45,98% de los italianos, frente al 54,02% del no.

Los votos contrarios al cambio constitucional han predominado en las grandes ciudades, como Roma, Milán, Florencia, Bolonia y Nápoles, así como de forma amplia en el centro y el sur del país. Los electores favorables al sí, sin embargo, han destacado en las regiones norteñas de Lombardía, Véneto y Friuli. En muchas áreas del país, el no ha doblado los resultados del sí. La gran sorpresa de estas votaciones, además de la derrota de Meloni, ha sido la inesperada participación, que ha rozado el 60%.

El resultado del referéndum constitucional supone, inevitablemente, el primer punto de inflexión en la hegemonía política de Meloni en Italia. Bien es cierto que el partido de la premier, el ultraconservador Hermanos de Italia (HDI), disfruta de un 30% en la media de sondeos, pero no cuenta con la abstención estructural que desde hace años en Italia supera ampliamente el 50%. La oposición progresista del país, así pues, apelando, entre otras cosas, a la necesidad de mantener una justicia independiente de la política, ha logrado movilizar a los abstencionistas, que ni siquiera en las últimas elecciones generales de 2022 habían acudido a votar a favor de la izquierda.

"La soberanía pertenece al pueblo y los italianos hoy se han expresado con claridad. Respetaremos la decisión, aunque queda el desasosiego por una oportunidad perdida", ha declarado Meloni en un vídeo publicado en su cuenta de X, reconociendo la derrota. La mandataria ha subrayado que su Ejecutivo "ha cumplido lo prometido" al tramitar una reforma de la Justicia que formaba parte de su programa electoral, pese al resultado en las urnas.

A pesar del revés en las urnas, Meloni descartó que el resultado condicione la estabilidad de su gabinete, aunque admitió su "pesar" por la "oportunidad perdida de modernizar Italia". "Esto no cambia nuestro compromiso de seguir trabajando con seriedad y determinación por el bien de la nación y para honrar el mandato que nos ha sido confiado". La primera ministra ya había adelantado antes de la votación que, independientemente del resultado, no dimitiría: "Seguiremos adelante, como siempre hemos hecho, con responsabilidad, determinación y respeto al pueblo italiano y a Italia".

"Lo hemos conseguido, viva la Constitución", ha reaccionado el líder del Movimiento 5 Estrellas (M5E), el progresista y ex primer ministro Giuseppe Conte. El también ex jefe del Gobierno italiano Matteo Renzi, líder de la centrista Italia Viva (IV) y quien dimitió hace una década tras el último gran referéndum constitucional, ha celebrado la victoria del no asegurando: "Cuando el pueblo habla, el Gobierno tiene que escuchar".

La primera ministra italiana Giorgia Meloni votando hoy, en Roma

La primera ministra italiana Giorgia Meloni votando hoy, en RomaEFE

Una de las reacciones más esperadas fue la de la líder de la oposición, Elly Schlein, jefa del socialista Partido Democrático. "Desde las urnas llega un mensaje político claro para Meloni y el Gobierno, pero también para nosotros", afirmó, refiriéndose a su propia formación, pero apuntando también a la consolidación de la oposición progresista de cara a las próximas elecciones generales, que tendrán lugar el año que viene. "Ya hay una mayoría alternativa a este Ejecutivo", añadió. De cara a las generales de 2027, Schlein, Conte, Renzi y la izquierda radical italiana tendrán el cometido de cristalizar una oposición fuerte que logre, como en este referéndum, movilizar a los votantes progresistas que hoy se sitúan en la abstención y desafiar electoralmente a una hasta ahora imbatible Giorgia Meloni.

Según los medios italianos, en los próximos días no se descarta que Meloni convoque una moción de confianza para reafirmar la solidez de su mayoría parlamentaria. En Italia, este tipo de mecanismos son habituales: los Ejecutivos recurren a ellos con frecuencia -incluso en votaciones de calado- para garantizar la aprobación de leyes en el Parlamento. En esta ocasión, sin embargo, sería la primera vez desde su llegada al poder que el Gobierno de Meloni sometería a prueba la cohesión de su coalición con el objetivo de asegurar su continuidad hasta las elecciones generales de 2027.

Una de las anécdotas políticas la ha protagonizado la localidad de Arcore, conocida por albergar la residencia milanesa de Silvio Berlusconi. Incluso en el corazón del berlusconismo, donde el Cavaliere impulsó la reforma de la Justicia italiana, los electores han votado mayoritariamente no, aunque por un estrechísimo margen de apenas 47 votos, tan exiguo como simbólico. En Arcore, el rechazo al cambio constitucional ha alcanzado el 50,25 % de los votos, frente al 49,75 %. La negativa a reformar la Constitución italiana ha penetrado así incluso en lo que fue el bastión del ex presidente del Gobierno más controvertido de la historia reciente del país.

La reforma proponía una modificación de la Constitución para separar las carreras de jueces y fiscales y cambiar el funcionamiento del Consejo Superior de la Magistratura (CSM), el órgano que supervisa a todos los magistrados. El Gobierno de Meloni consideraba esta reforma un paso indispensable para garantizar la imparcialidad del sistema judicial. En cambio, la oposición aseguraba que es una treta del Gobierno para influir en los magistrados y critican que la reforma no toque los problemas de fondo, como los procesos demasiado largos o la superpoblación carcelaria.

De haber salido adelante, la reforma habría dividido el CSM en dos consejos distintos: uno para los jueces y otro para los fiscales, y se crearía un nuevo tribunal disciplinario compuesto por 15 miembros. Tres de esos miembros serían nombrados por el presidente de la República, otros tres, elegidos por sorteo a partir de una lista establecida por el Parlamento y nueve, elegidos por sorteo entre jueces y fiscales.

La reforma también buscaba impedir que los jueces y fiscales puedan pasar de un cargo al otro, algo que solo hace una ínfima minoría. Desde 2022, sólo pueden cambiar de puesto una vez durante los diez primeros años de su carrera.

El último gran intento de reforma constitucional tuvo lugar precisamente hace una década, cuando el entonces primer ministro Matteo Renzi (2014-2016) dimitió tras perder la consulta. Meloni, conociendo ese precedente, había anunciado desde el principio que no dejaría la presidencia del Palacio Chigi si perdía el referéndum. Pidió a los italianos que las votaciones de los últimos dos días no fueran un voto para valorar su Gobierno, pero su apuesta decidida por el -para lograr la gran reforma incumplida del ex primer ministro Silvio Berlusconi (1994, 2001, 2008) y cambiar la Justicia del país- expone ahora a la jefa del Ejecutivo a tener que leer los resultados como un primer aviso sobre su influencia política en el electorado. Cuando se trata de la Constitución, tanto si la propuesta procede de la izquierda como de la derecha, los italianos suelen apostar por mantenerla como uno de los pilares firmes de su sistema democrático.