Morena, a dos fuegos: candidaturas y reforma electoral
Mientras el debate sobre la reforma electoral sube de tono en la Cámara de Diputados y el Senado, Morena juega a dos bandas: hacia afuera discute las nuevas reglas; hacia adentro ordena la sucesión.
El próximo sábado, el partido reunirá a su Consejo Nacional para fijar los candados y la ruta de selección de candidatas y candidatos a 17 gubernaturas, la antesala real de las elecciones de 2027.
La dirigencia de Luisa María Alcalde ya trazó el calendario: en junio, antes de que arranque la Copa del Mundo FIFA 2026, se anunciarán los coordinadores de la Defensa de la Cuarta Transformación, eufemismo que en Morena significa una cosa: precandidatos con ventaja, reflectores y estructura.
Por eso este fin de semana, la “crema y nata” guinda definirá lo que en política importa más que los discursos: quién se baja y cuándo. Se discutirá desde qué fecha deben separarse del cargo quienes aspiren a competir; bajo qué reglas podrán promocionarse; y si habrá o no recursos para las campañas internas.
Morena intenta venderlo como orden; en realidad, es un dique para contener la ambición y evitar que el proceso se rompa antes de empezar.
También se amarrará el método estrella: encuestas internas. Primero, una medición para depurar la lista kilométrica de aspirantes; después, una segunda para dejar a dos finalistas -una mujer y un varón- en la etapa definitiva.
Y ya hay una línea general que marca la narrativa de paridad: para las 17 gubernaturas, Morena postularía nueve mujeres y ocho hombres.
Con esa regla, vendrán los bloques de competitividad, otro eufemismo técnico para justificar donde el partido se juega todo y donde solo administra riesgos: estados de alta, media y baja probabilidad de triunfo según la votación más reciente.
En el bloque de “baja” aparecen entidades gobernadas por el PAN -Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua- y San Luis Potosí, donde gobierna el PVEM con Ricardo Gallardo. Ahí, Morena sabe que la marca no alcanza: necesitará operación, candidaturas con arraigo y una narrativa capaz de sobrevivir al desgaste del poder.
Pero el verdadero problema no es la oposición; son los “aliados”. Y en ese mismo tablero se monta la rebelión del PT y del PVEM por los términos de la reforma electoral.
Dicho sin maquillaje: mientras Morena busca disciplina para 2027, sus socios tensan la cuerda y convierten cada voto en factura. De ahí la frase de Ricardo Monreal, coordinador guinda en Diputados: la reforma electoral “nació muerta”.
Sabe por qué lo dice: el PVEM -con Karen Castrejón al frente- aparece dividido entre diputados y senadores, mientras el PT insiste en votar en contra.
Así, el debate legislativo se cruza con la selección de candidaturas y quien te ayuda hoy en el Congreso te cobrará mañana en las gubernaturas.
Con esos antecedentes, Morena quiere llegar a 2027 con disciplina interna y aliados alineados, pero está construyendo su ruta en medio de dos guerras: la de las reglas electorales y la de los intereses.
Si la reforma se cae, quedará el retrato de una mayoría que no pudo con sus socios; si se aprueba, empezará el cobro. En política, nada es gratis: ni los votos, ni las candidaturas, ni la “unidad”.
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CONTRARIO a lo que podría pensarse, más que beneficiarla, las muestras de apoyo de sus compañeros senadores Adán Augusto López y Javier Corral han terminado por perjudicar a Andrea Chávez en sus aspiraciones a la gubernatura de Chihuahua.
No lo dice la oposición. Lo dicen quienes conocen cómo se mueven los hilos de la política de Morena en aquella entidad. Saben que la popular senadora no es una mala opción. El problema radica en la reputación que tienen quienes se han presentado como sus principales promotores.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El mejor enemigo es un aliado incómodo”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ
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