Morena se reconfigura rumbo a 2027
Con la llegada de Citlalli Hernández a Morena como nueva presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, se evidencian varias cosas dentro del partido, pero sobre todo una: necesitaban a alguien que enderezara el barco rumbo a 2027.
No es un nombramiento menor. Es, en los hechos, un movimiento para recuperar control donde hoy hay más ambición que orden.
También quedó claro —con este ajuste— que Andrés Manuel López Beltrán Andy quedó fuera de la operación fina del partido guinda.
Cumplió con una parte del trabajo de afiliación, pero dejó mucho que desear como operador político, especialmente tras lo ocurrido en los procesos de Durango y Coahuila.
En Morena ya entendieron que la lealtad no sustituye la eficacia… y menos cuando el calendario electoral aprieta.
Por otro lado, con Carolina Rangel como secretaria general —a quien ubican como parte de su equipo—, Citlalli llega prácticamente a tomar el control del engrane interno.
Eso vuelve natural el relevo eventual de Luisa María Alcalde, quien ha coqueteado con la idea de buscar la CDMX y hasta la Presidencia de la República en 2030.
Pero el cambio formal en la dirigencia podría esperar: hay que guardar las formas, construir una salida digna para Luisa María y venderlo como “proceso democrático”.
Mientras tanto, el papel de Citlalli será decisivo en una coyuntura complicada: disputas permanentes entre grupos y corrientes, y el amago cotidiano de rompimiento de los aliados PT y PVEM.
Aquí entra su ventaja: si alguien sabe de alianzas, negociaciones y acuerdos, es ella. En 2024 le tocó operar candidaturas a gubernaturas y empujar la paridad de género como regla, no como adorno.
En aquel entonces mantuvo una relación de acuerdos con Manuel Velasco (PVEM) y Alberto Anaya (PT), actores que hoy pesan —y cobran— en la ruta 2027.
Con ellos y con otros liderazgos tendrá que sentarse la ex secretaria de las Mujeres para conciliar intereses y bajar el volumen del chantaje legislativo y electoral.
Dato adicional que explica el reacomodo: Andy trabajó un tiempo a su lado, como aprendiz, pero ambos tomaron rutas distintas y los resultados están a la vista.
Se dice que el hijo del ex presidente probará suerte en Tabasco, mientras Citlalli se queda con la tarea incómoda: reconstruir un diálogo permanente con aliados que se quejan del desdén de la dirigencia nacional y que, en las últimas reformas, ya demostraron que pueden frenar acuerdos.
La CDMX es otro frente delicado. El PVEM reclama abandono, en Palacio crecen los reclamos y no se descarta repetir una fórmula en la dirección local, con Héctor Díaz-Polanco, y un segundo al mando que opere alianzas antes de que los socios se bajen del barco.
Jesús Sesma, jefe de los verdes en la capital, ya lo dijo: si no hay espacio, habrá distancia.
Bajo ese panorama, Citlalli llega a apagar incendios, no a cortar listones. Si logra ordenar candidaturas, domar egos y alinear aliados, Morena gana tiempo rumbo a 2027.
Si no pasa eso, el partido se va a descubrir tarde: no se caerá por la oposición, se romperá por la disputa interna y por socios que aprendieron a cobrar cada voto como si fuera oro.
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DICEN, LOS QUE DICEN QUE SABEN, que nuestros socios de Estados Unidos no saben quedarse quietos y después de que pase el Mundial de Futbol retomarán las persecuciones contra objetivos prioritarios mexicanos.
Ya se llevaron 29 de un jalón, vinculados todos con la delincuencia organizada, y ahora vienen por políticos mexicanos con cuentas pendientes, algo que tiene muy preocupado al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha pedido a Palacio Nacional interponer sus buenos oficios para dejar salvo, de toda persecución, al senador Adán Augusto López. ¿Será?
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Cuando cambias al árbitro, es porque viene pelea”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ
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