Nuestra nutricionista explica la frase de Isabelle Junot para comer con consciencia: "Si tienes hambre, pregúntate por qué. Y respóndete"

Nuestra nutricionista explica la frase de Isabelle Junot para comer con consciencia: "Si tienes hambre, pregúntate por qué. Y respóndete"

"Si tienes hambre, pregúntate por qué. Y respóndete. Quizás no comiste suficiente. Quizás faltó equilibrio. Quizás solo te apetece". Con estas reveladoras palabras, Isabelle Junot abría en su perfil profesional @isa.healthy.life, donde muestra su faceta como coach nutricional, un debate fundamental sobre nuestra relación con la comida, alejándose de los mitos del autocontrol estricto para poner el foco en la intuición y el respeto a nuestro propio organismo. 

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Aclarando que el objetivo de su mensaje no era difundir que para comer bien hace falta pasar hambre, también escribía: "Sé lo que suele pasar si empiezas a prohibirte comidas. En lugar de aprender a escuchar lo que le sienta bien a tu cuerpo, tienes más antojos, más pensamiento constante en comida y ese famoso 'ya que...'. No es falta de control. Es lo que pasa cuando vives en todo o nada". Así, con este mensaje, la experta en nutrición animaba a sus seguidores a practicar la alimentación consciente.

isabelle junot helado© @isabellejunot

Qué es la alimentación consciente y por qué ayuda

Para profundizar en lo que ocurre a nivel fisiológico y conductual cuando aplicamos esta filosofía, hablamos con Paula Hernández (@paula_mindeat), bióloga y nutricionista especializada en salud digestiva y hormonal, cuya visión científica aporta contexto a esta invitación a reconectar con las señales internas del cuerpo. Según esta experta, Isabelle Junot no busca desconfiar del apetito, sino, más bien, entenderlo mejor: "Invita a desarrollar una mayor consciencia sobre nuestra forma de comer. Muchas veces comemos en piloto automático, sin detenernos a pensar qué está ocurriendo realmente en nuestro cuerpo o qué necesidad estamos intentando cubrir".

En ese proceso de observación, distinguir entre hambre fisiológica y necesidades emocionales resulta esencial. Situaciones cotidianas como llegar a casa tras un día mentalmente exigente suelen ilustrarlo con claridad. Paul Hernández lo explica bien: "El hambre puede es una señal fisiológica normal que indica que necesitamos energía, pero también hay ocasiones en las que recurrimos a la comida por aburrimiento, estrés, ansiedad, cansancio o simplemente por hábito. La propuesta no es desconfiar del hambre, sino aprender a identificar qué hay detrás".

embutido© @isabellejunot

La rutina moderna, marcada por el picoteo constante y la falta de pausas reales, interfiere en los mecanismos naturales de regulación del cuerpo. La experta subraya la importancia de respetar los intervalos entre comidas: "Esto puede dificultar la conexión con las verdaderas señales de hambre y saciedad. En muchos casos, establecer espacios adecuados entre comidas permite recuperar esa percepción y favorece procesos digestivos fisiológicos importantes, como el complejo motor migratorio, un patrón de movimientos intestinales que ayuda a mantener el correcto funcionamiento del aparato digestivo entre ingestas", explica la especialista.

A ello se suma la distracción constante durante las comidas, un factor que reduce la capacidad de percibir la saciedad. Según la experta, "no solo es importante respetar esos espacios, sino también lo es prestar atención al momento de comer. Con frecuencia desayunamos mirando el móvil, comemos delante del ordenador o cenamos viendo una serie. Cuando nuestra atención está puesta en otra cosa, resulta mucho más difícil percibir las señales que nos envía el cuerpo. Comer de forma consciente, dedicando unos minutos exclusivamente a la comida, masticando con calma y prestando atención a los sabores, texturas y sensaciones de saciedad, puede ayudarnos a mejorar tanto la digestión como nuestra relación con la alimentación".

isabelle junot pasta© @isabellejunot

Cómo practicar el consejo de Isabelle Junot

Aplicar esta conciencia en el día a día requiere una pausa deliberada antes de comer, una especie de autoevaluación sin juicio previo. Pero, acostumbrados a tener siempre algún estímulo externo, esta tarea puede ser difícil. En este sentido, la nutricionista propone algunas pautas a seguir:

  • Hacer una pausa antes de comer y observar qué está pasando. "Podemos preguntarnos cuestiones como '¿hace cuánto que he comido?', '¿mi última comida fue suficiente y equilibrada?', '¿siento hambre física o simplemente me apetece algo concreto?', '¿estoy cansada, estresada o buscando una recompensa emocional?'".
  • Evaluar la respuesta. "Si la contestación es que realmente tenemos hambre, lo más adecuado es comer sin culpa. Si descubrimos que detrás hay otra necesidad, como descanso, gestión emocional o aburrimiento, quizá la solución no sea necesariamente la comida. No se trata de juzgarse ni de controlar cada bocado, sino de conocerse mejor y aprender a diferenciar las distintas señales que nos envía el cuerpo".

Cuando la alimentación se rige por normas rígidas y se cataloga como "buena" o "mala", aparece una tensión psicológica que condiciona la conducta alimentaria. La especialista lo describe como un patrón de restricción difícil de sostener en el tiempo: "Cuando nos prohibimos determinados alimentos suele aparecer una forma de pensar muy rígida basada en el "todo o nada". Pasamos gran parte de la semana intentando restringirnos, evitando ciertos alimentos porque los consideramos poco saludables o porque creemos que son incompatibles con nuestros objetivos".

Este mecanismo explica el conocido efecto de compensación, especialmente visible en momentos de mayor permisividad. Como explica la experta: "Si finalmente nos damos permiso para consumirlos —por ejemplo, durante el fin de semana o en una ocasión especial—, muchas veces ya no comemos guiados por el hambre real ni por la saciedad, sino que lo hacemos desde la sensación de privación acumulada, intentando compensar todo aquello que hemos estado evitando durante días. Como consecuencia, es más fácil perder el control, comer más cantidad de la que realmente necesitamos y sentir después culpa o frustración. Esto alimenta un círculo de restricción y descontrol que puede deteriorar la relación con la comida".

desayuno© @isabellejunot

Frente a este ciclo, la alternativa pasa por introducir flexibilidad y normalizar el placer dentro de una alimentación equilibrada, sin jerarquías morales entre alimentos. Sea una pizza, una hamburguesa, un croissant o  una tostada con mantequilla, así como también cualquier día de la semana. Siempre y cuando se haga desde el placer, y sin excesos, será bueno para nuestro bienestar: "Si lo incorporamos de forma consciente dentro de nuestra rutina, sin convertirlo en un premio ni en una excepción, es mucho más probable que podamos disfrutarlo, quedar satisfechos y continuar con nuestra alimentación habitual el resto del día".

De este manera, el enfoque se sintetiza en una idea de bienestar sostenido, basado en la escucha del cuerpo y no en la imposición de reglas rígidas. Como concluye la especialista, "una buena relación con la comida no se construye a través de la prohibición, sino aprendiendo a tomar decisiones flexibles, escuchando las señales de hambre y saciedad y entendiendo que la salud depende de nuestros hábitos globales, no de un alimento aislado".