"Nunca he sido una poeta de moda": Rocío Cerón
"Empecé en el año 96 experimentando con el performance, con lo poético, con la poesía visual. No había un plan de largo aliento, sino una intuición, probar los límites del lenguaje. 30 años después, esa intuición no solo se mantiene, sino que se ha convertido en el eje de una trayectoria que, más que acumular certezas, ha abierto nuevas preguntas”, reflexiona la poeta Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) sobre sus tres décadas de trabajo.
Para la autora de Basalto (2002), libro con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen y que la posicionó como una voz relevante dentro de la poesía mexicana, su carrera es una larga travesía donde la escritura es, ante todo, una forma de existir.
“La poesía es un territorio en constante movimiento, donde cada libro, cada pieza y cada exploración conducen a nuevas interrogantes sobre el lenguaje, el tiempo y la experiencia”, afirma. Y comparte que el momento no es de cierre, sino de expansión, ya que en el panorama inmediato se cruzan reediciones, traducciones y una exposición que funciona como una cartografía de su obra reciente.
“Mi obra está viviendo un momento de circulación renovada, se prepara la reedición de Borealis en el Fondo de Cultura Económica (FCE), así como la tercera reimpresión de Nudo Vórtex en Literal Ediciones, además de traducciones al inglés de Materia oscura, que amplían el alcance de mi trabajo fuera de México”, comenta.
“Nunca he sido una poeta de moda, eso me permite ser más libre e investigar cosas que quizás más adelante van a estar en boga. Mi trabajo se mueve en lo que llamo los entretiempos del mundo”, añade.
Sin embargo, lejos de asumir el aniversario como una celebración convencional, insiste en lo que aún queda por explorar. “Siento que me falta todavía mucha investigación, muchas lecturas, muchas cosas que me pregunto sobre la literatura, sobre el poema, sobre la poesía”, expresa.
En esa expansión del poema, cuenta, sucede El inminente pasado siempre rasga el futuro, que inauguró en la Biblioteca Henestrosa, en Oaxaca, una muestra que reúne obras de los últimos años y que funciona como una recapitulación de los lenguajes que ha explorado.
Conformada por series de obra visual, escultórica y videopoética como Materialidades Inmateriales y Potenciales evocados, la exhibición busca aportar una dimensión física de su trabajo. “No es toda la obra, pero sí una serie de piezas que dan cuenta de mi pensamiento… Yo de niña quería ser arqueóloga, siempre he pensado en los vestigios, en lo que queda y lo que revela”, comparte.
“Me gusta pensar que el poema te permite ver entre tiempos. Que el poeta es un escucha, un profundo escucha, no solamente del oído, sino una escucha interior del cauce de la condición humana. En esa escucha, el poema se vuelve un lugar donde pasado, presente y futuro dialogan”, agrega.
Actualmente, resalta, sus inquietudes se centran en lo sonoro como archivo, “las palabras son una cartografía de cómo nos hemos nombrado y cómo nos hemos hablado sonoramente”.
“El poema pasa a través de mí, soy un lugar de paso. En ese gesto hay una renuncia al control absoluto y una apertura a que el lenguaje piense incluso por el poeta”, concluye.
PAL