Perdimos, compadre, perdimos…
Cuenta el anecdotario político que el presidente Adolfo Ruiz Cortines ofreció una candidatura a un amigo; sin embargo, no se la otorgó y, cuando este personaje, compungido, llegó a reclamarle a Palacio Nacional, antes de que dijera nada, don Adolfo, con su socarronería legendaria, abrió los brazos y le dijo: perdimos, compadre, perdimos. Sin duda, Ruiz Cortines fue uno de los políticos más inteligentes y honestos de la etapa priista.
Viene al caso este episodio porque, al parecer, la reforma electoral, cuya iniciativa presentará el próximo lunes la Presidenta, es probable que no alcance la mayoría constitucional que se requiere, pues hasta hoy sus partidos aliados, con toda lógica política, la han rechazado.
A pesar de esto, la presidenta ha insistido, al igual que todo el llamado Plan C, que recoge los compromisos pactados con López Obrador; todos aquellos que implicaron reformas constitucionales fueron aprobados, como la reforma judicial, la supremacía constitucional del Constituyente Permanente, la desaparición de los órganos autónomos y otras más de gran calado, todas ellas polémicas y tendientes a la concentración del poder. Finalmente, si no se aprueba la reforma electoral, no le pasa nada a la estructura de Morena ni al avance de transitar de un partido dominante a un partido hegemónico, aun cuando sin duda constituiría un fracaso de la aplanadora gobernante.
Aprobarla sería un suicidio político para todos los partidos minoritarios y prácticamente desaparecería del mapa el control que ejercen sus dirigencias. No olvidemos que los legisladores plurinominales de todos los partidos son quienes mayoritariamente presiden las comisiones en las cámaras y quienes abordan la tribuna legislativa. Suprimir su presencia sería dejar a la oposición sin políticos experimentados que, si bien no tienen arraigo popular en sus distritos, conocen a fondo los intrincados telones del ejercicio del poder. Acabar con el PREP puede generar incertidumbre y desconfianza; reducir el presupuesto del INE implicará afectar la eficiencia de este organismo autónomo que, pese a todo, ha sido un bastión de la democracia nacional desde hace muchos lustros.
En otro escenario, habrá que reconocer sin regateos la acción de las Fuerzas Armadas en su enfrentamiento al Cártel Jalisco Nueva Generación, que terminó con la vida del “Mencho”, su poderoso líder. Esto demostró que Claudia Sheinbaum, a pesar de las expresiones de Trump, no le tiene miedo al crimen organizado y que, como lo dijo el general Trevilla, secretario de la Defensa, el Estado mexicano tiene la capacidad y la fuerza para mantener la gobernabilidad.
Desde luego, la muerte de este criminal de ninguna manera concluye las ilícitas actividades de su organización. Por eso es de vital importancia que se continúe este trabajo militar y policiaco con acciones que corten los tentáculos financieros y detengan la actividad en extorsión, negocios legales e ilegales y, desde luego, narcotráfico.
Finalmente, esta semana el Presidente Trump presentó su discurso sobre el Estado de la Unión, con características de profundo racismo y de ofensa violenta al Partido Demócrata. Fue una llamada desesperada a recuperar su base militante integrada por los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant —blanco, anglosajón y protestante—), pues las encuestas apuntan a que la popularidad del mandatario ha bajado sensiblemente y su aprobación solo la tiene entre el 30 y el 40 % de sus electores. De continuar esta tendencia, perderá el control de la Cámara de Representantes y no tendrá más remedio que decirles a sus candidatos: perdimos, compadre, perdimos.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM
PRESIDENTE DEL FRENTE UNIVERSITARIO LATINOAMERICANO (1958-1962)
VICEPRESIDENTE DE LA SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA Y ESTADÍSTICA
MAAZ