Por qué el Metro es un desastre
El Doctor Patán llegó a dudar. Como sabrán, es algo natural. Incluso en un régimen, el de la Cuarta Transformación, que trae felicidades en plan cuerno de la abundancia, cualquiera puede tener, de vez en cuando, un parpadeo, un breve abandono escéptico. Se vale. Esto es una democracia popular. Se vale, claro, siempre que el abandono sea efectivamente breve, es decir, siempre que hagas como el compañero Fis con el Ex Quinto presidente Más Popular del Mundo: esperar pacientemente a que la realidad te demuestre que el Humanismo Mexicano, fundado justamente por esa, la mente más prodigiosa del siglo XXI, es infalible como gobierno. Así que llegué a dudar, sí. Llegué a dudar, para decirlo de una vez, del Metro chilango. Ya se me quitó.
Coincidirán en que había buenas razones. Por su trabajo en los medios y su asiduidad en aquello de asomarse a las redes, aquí su Doctor de cabecera sabe que lo del Sistema de Transporte Colectivo es alarmante. Tres o cuatro veces por semana, por no decir que diario, descubrimos que el Metro puede o a) quedar detenido durante, digamos, 45 minutos entre dos estaciones, o b) quedar detenido y punto, de forma que hay que sacar por las vías a los “usuarios” (ya saben que ahora todos somos “usuarios” de todo: lo de “pasajeros” es obsoleto), muchas veces en medio de c) una humareda tipo incendio, perdón, “ignición” o “evento térmico no programado” de refinería e incluso después de d) un “flamazo”, que de manera difícil de entender puede coincidir con un apagón, es decir, un “disturbio eléctrico al exterior”, y que, hasta donde he podido comprobar, no ha tenido la fortuna de coincidir con lo que podría “extinguirlo” sin molestar al “Heroico Cuerpo de Bomberos”, que es un mega chorro de agua caído del techo por una “lluvia atípica”.
Sí, es alarmante. No hay modo de negarlo. Así que su Doctor llegó a dudar del jefe de los destinos del Metro, que es mi Ruvalcaba. Me equivoqué. No: mi Ruval no es un pectoral prodigioso y nada más. Ya lo dijo en su día mi Sandy: es bonito por fuera y también por dentro, y esa belleza interior incluye, sobra decirlo, una ética de trabajo a toda prueba, resultado de su amor por el pueblo. El problema no es él, como nos explicó el propio Ruval recientemente. Tampoco es la austeridad republicana aplicada a la “red” desde el sexenio pasado, como pretende el sindicato neoliberal que se ha puesto en huelga recientemente. No: el problema, nos explicó mi Ruval, es que el Pueblo Bueno no cuida las instalaciones, y –por ofrecer un ejemplo– tira latas de chesco a las vías, fuente continua de “igniciones”. Vaya, que el Pueblo Bueno es un marranazo, y con tres millones de “usuarios” al día, es decir, tres millones de marranazos, no hay manera de que brillen los logros de la Cuarta, que, de todas maneras, va.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
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