Silencio forzoso

Silencio forzoso

El partido que es todo ruido, famoso por gritar y alborotar, por señalar y acusar, por empezar cualquier ejercicio de demolición de figuras públicas, anda muy calladito, muy quietecito. No es para menos. Lo que sucede hacia adentro de Morena lo deben saber muy pocos, pero debe ser contundente. El asunto de Rocha Moya no terminará ahí, todo indica que el sinaloense es nada más la punta del iceberg.

El fin de semana se nombró a la nueva jefa de Morena. El discurso que dio la líder seleccionada tuvo que ver más con las advertencias sobre los comportamientos fuera de la ley de los morenistas que con algún planteamiento ideológico o de diseño de estrategia. De nada sirve planear si la conducta militante sigue moviéndose entre el exceso y el delito. No hay movimiento que resista. Acostumbrados a culpar a los demás de todo lo que les sucede ahora nada más pueden voltear hacia adentro.

La prudencia no es parte de la actividad cotidiana en Morena. Habituados a que todo es alharaca y mentada de madre, han optado por no mencionar siquiera el nombre del gobernador con licencia. No sea que lo tomen como una suerte de apoyo y las cosas se pongan peor por un pronunciamiento mal entendido. Hay que recordar que varios de los liderazgos del morenato estuvieron hace un par de semanas atacando a la CIA por supuestas acciones intervencionistas. Claro, los ánimos han cambiado y ya no se habla de esas acciones.

Mientras Rocha Moya ha solicitado licencia y está a la espera de comparecer ante las autoridades -se entiende que las mexicanas van primero como anunció la presidenta-, el todavía senador por Sinaloa, el señor Enrique Inzunza -que comparte con su compañero gobernador acusaciones de las autoridades estadounidenses- se encuentra en el lugar en que nació escuchando a los pájaros cantar y paseando por sus veredas, según anunció en un tuit. De su solicitud de licencia no ha dicho nada, prefiere dar clases de historia, pelearse con conservadores, dar muestras de vida política antes de ser defenestrado por sus nexos con el crimen. Su separación del cargo no tardará salvo que el gobierno mexicano decida provocar al de su vecino, manteniéndolo en el cargo. Se ve difícil. El senador Inzunza al igual que Rocha Moya atravesarán por un largo periodo de aislamiento. No es para menos. Muchos ya los habrán borrado hasta del WhatsApp.

Suerte similar correrán algunos gobernadores cuyos nombres circulan ampliamente en redes y algunos medios. Debe ser incómodo saber que en el país más poderoso del mundo abrigan sospechas de tu conducta y suponen que tienes nexos con el crimen organizado. Más aún cuando ya viste cómo se cargaron a un secretario de seguridad de otro gobierno y a tu amigo el gobernador de Sinaloa. No es un escenario sencillo.

Por lo pronto, el silencio en el partido oficial puede ayudarles a pensar -actividad extraña en esos lares- sobre el complicado panorama que tienen como clase política en el poder. Esta es la crisis más fuerte que han tenido y no ha hecho más que empezar. Más allá de los discursos soberanistas envueltos en la bandera, lo cierto es que están metidos en un lío inédito en el país. Dejar de gritar, serenarse y pensar los siguientes movimientos podría ser una buena estrategia de la nueva dirigencia.

POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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