Trump anuncia un alto el fuego entre Israel y Hizbulá de 10 días
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Israel y el grupo armado libanés Hizbulá iniciaron a medianoche un alto el fuego de 10 días que se suma al que se mantiene desde hace más de una semana en Irán a la espera del resultado de las negociaciones entre EE.UU y el régimen iraní.
Como entonces y con el pensamiento puesto sobre todo en el frente principal de la última guerra en la región, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido el encargado de anunciarlo tras informar de sus "excelentes conversaciones" con el presidente libanés, Joseph Aoun, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Según escribió en Truth Social, los dos líderes acordaron la tregua "para lograr la PAZ entre sus países". Asimismo, anunció que les invitará a la Casa Blanca para mantener "las primeras conversaciones significativas entre Israel y Líbano desde 1983". "Ambas partes desean la paz, ¡y creo que se logrará pronto!", añadió Trump. "Ha sido un honor para mí haber resuelto nueve guerras en todo el mundo, y esta será la décima; ¡así que, MANOS A LA OBRA!", exclamó el mandatario. Al imponer la calma en Líbano, espera incluir este país en los Acuerdos de Abraham y eliminar un serio obstáculo en la negociación con Teherán.
Como suele suceder en estas tierras en las horas previas a la entrada en vigor de una tregua, los ataques mutuos se intensificaron. Por un lado, los proyectiles y drones de Hizbulá contra las localidades del norte de Israel. Por otro, la ofensiva militar aérea israelí centrada en el sur del Líbano donde ha profundizado su presencia terrestre controlando, con cinco divisiones, entre ocho y diez kilómetros desde la frontera. Debido a la presión de la Administración Trump tras los masivos bombardeos de la semana pasada especialmente en Beirut, Israel no ha atacado desde entonces el considerado feudo de Hizbulá y otras zonas en la capital libanesa.
En conversación con sus ministros que se enteraron de la noticia en la red social del presidente estadounidense, Netanyahu afirmó que accedió a su petición del alto el fuego. Ante las numerosas críticas en el norte del país bajo la diana del grupo proiraní por no "acabar de una vez por todas con Hizbulá", Netanyahu dijo en un vídeo que no aceptó su condición de retirarse "de la zona de seguridad" en el sur del Líbano para aceptar el acuerdo evitando así "el peligro de penetración y de los misiles antitanque contra nuestras poblaciones".
Uno de los puntos del texto difundido por EEUU establece que Israel "no llevará a cabo ninguna operación militar ofensiva contra objetivos libaneses" pero añade que "se reservará el derecho a adoptar todas las medidas necesarias en legítima defensa, en cualquier momento, contra ataques planeados, inminentes o en curso". En tales casos, podría realizar ataques contra Hizbulá como tras la tregua de noviembre del 2024. Los 10 días de alto el fuego se podrán prorrogar "por mutuo acuerdo entre Líbano e Israel si se demuestran avances en las negociaciones y si Líbano demuestra eficazmente su capacidad para hacer valer su soberanía", añade el plan en alusión a su acción ante grupos armados.
"Tenemos una oportunidad de un acuerdo de paz histórico con Líbano", añadió Netanyahu reiterando que los dos objetivos de la negociación "son el desarme de Hizbulá y un acuerdo de paz viable". Todo en una jornada que, de acuerdo a lo adelantado en la víspera por Trump, iba a ser histórica por la primera conversación en varias décadas de los dirigentes de Israel y Líbano. De esta forma, se consolidaría la negociación entre dos países técnicamente en guerra iniciada el pasado martes por sus embajadores en Washington y sobre todo daría el impulso final para la tregua.
Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, llamaron a Aoun para informarle de los avances y tantear la posibilidad de la charla telefónica con Netanyahu. "El alto el fuego solicitado por Líbano a Israel es el punto de partida natural para las negociaciones directas entre los dos países", había advertido Aoun bajo presión interna ante un tabú que Hizbulá exigía no romper. No en tiempos de calma ni de guerra. Como los iniciados el pasado 2 de marzo cuando Hizbulá atacó a Israel para apoyar a su patrocinador militar y financiero (Irán) bajo la ofensiva aérea lanzada dos días antes por EE.UU e Israel.
El alto el fuego se enmarca en la negociación entre israelíes y libaneses pero se explica por la que EEUU e Irán mantienen para ampliar la tregua más allá del 22 de abril. El régimen iraní exigía el cese de las hostilidades en Líbano señalando que era parte del acuerdo que acabó con los 40 días de guerra.
EEUU negó que fuera lo pactado pero aumentó su presión sobre Israel para primero reducir los ataques, luego evitarlos en Beirut y por último cesarlos completamente. Líbano, Israel y EE.UU no deseaban que la tregua fuera vista como resultado de la presión iraní. Hizbulá, que asegura que respetará el alto el fuego si Israel también lo hace, no ha tardado en agradecer a Irán.
"Es una demanda libanesa central a la que hemos aspirado desde el primer día de la guerra", reaccionó el primer ministro libanés, Nawaf Salam. La ofensiva israelí causó 2.196 muertos, entre ellos 172 niños, según el ministerio de Sanidad en Beirut. El ejército de Israel, que dice mató "a más de 1.700 terroristas de Hizbulá", tiene un balance de 13 soldados muertos mientras varios civiles murieron por los proyectiles lanzados desde Líbano.
Desde el anuncio del alto el fuego en Irán y de los contactos con Beirut, Netanyahu intenta hacer un difícil equilibrio entre sus promesas en la guerra contra el régimen iraní y Hizbulá y la exigencia de un Trump interesado en apagar el fuego libanés para que el frente iraní no vuelva a encenderse. "Es una derrota diplomática, una auténtica vergüenza y una rendición. Nos dijeron que el objetivo era desarmar a Hizbulá ¿Alguien cree realmente que el gobierno libanés puede aunque quiera imponer algo a Hizbulá? Si ni siquiera puede expulsar al embajador iraní como anunció ", reaccionó el responsable de la localidad fronteriza de Margaliot, Eitan Davidi.
Aoun y Salam, por su parte, se encontraban también bajo presión. Por un lado, exigían el fin de una ofensiva que provocó 1.2 millones de desplazados en Líbano por lo que aceptaron negociar con Israel. Por otro, el temor a choques internos reavivando viejas pesadillas. Mientras amplios sectores acusaron a Hizbulá de haber arrastrado a su país a una nueva guerra "para defender los intereses de Irán", el grupo chií lidera la oposición a cualquier contacto con el enemigo del sur.
"Esta negociación es una rendición. Rechazamos las negociaciones con la entidad israelí usurpadora. Hacemos un llamamiento para tomar una posición histórica y valiente cancelando esta negociación", había pedido el líder de Hizbulá Naim Qassem antes del encuentro este martes de la embajadora libanesa en Washington, Nada Hamadeh Moawad con su homólogo israelí Yehiel Leiter y Rubio. Estados Unidos, una vez más, ejerció el papel de mediación y sobre todo presión en Oriente Próximo.