Trump, atrapado y sin salida
Muchos actores políticos tienen que ver con el entramado bélico que se vive en Medio Oriente, y todo hace indicar que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pecó de inocente y ahora está metido en un callejón sin salida. Hoy ni sus gritos ni sus bravatas y menos sus arbitrariedades le pueden ayudar.
Israel e Irán son dos viejos lobos de mar en los conflictos de esa región y por diferentes vías atraparon a Trump para entrar en ese conflicto eterno. Han pasado muchas gestiones de republicanos y demócratas por los gobiernos de Estados Unidos y ninguno ha podido encontrar una solución.
Por ejemplo, en este momento Irán tiene una serie de sanciones económicas importantes que lo tienen seriamente arrinconado, aunque tiene amigos poderosos que le han ayudado a seguir flotando; me refiero a China y Rusia, principalmente.
En otro momento, Teherán permitió que las autoridades nucleares de la ONU entraran a sus plantas para valorar su enriquecimiento, en el marco del acuerdo 5+1 entre Irán, por un lado, y EU, Rusia, Reino Unido, China, Francia y Alemania, por el otro en 2015, pero Trump, al llegar a su primer gobierno, decidió romper ese pacto.
Irán rechaza la existencia de Israel por motivos ideológicos, religiosos y geopolíticos. El régimen teocrático chiíta considera a Israel un Estado "ilegítimo" y una potencia colonial implantada en tierras islámicas, además de percibirlo como el principal aliado en la región de su mayor adversario: Estados Unidos.
Para su segundo mandato, el magnate decidió escuchar a su principal aliado en Medio Oriente: Israel, quien prioriza eliminar el desarrollo nuclear iraní porque representa una amenaza para ellos en particular y para el mundo en lo general, según las posturas del premier Benjamin Netanyahu.
Entonces, Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares clave en Irán (Fordow, Natanz e Isfahán) durante la madrugada del 22 de junio de 2025. La operación Martillo de Medianoche fue ordenada por Trump y ejecutada con bombarderos furtivos B-2 utilizando bombas antibúnker GBU-57.
El magnate le presumió al mundo que había eliminado esa amenaza nuclear. Después vino la guerra: Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados a gran escala contra Irán, que comenzaron el pasado 28 de febrero; desde entonces, lo que parecía una operación quirúrgica desató estos más de 100 días de conflicto.
El régimen iraní decidió responder con fuerza a Estados Unidos atacando bases estadounidenses apostadas en varios países de la región y cerró el Estrecho de Ormuz, por donde pasa 20% del energético que se consume en el mundo; eso atrapó al magnate, quien ya no pudo recular. Teherán va a cobrar la muerte del ayatolá Jamenei.
Hoy, el único dispuesto a terminar con este capítulo de esa guerra eterna se llama Trump, quien en más de 38 ocasiones ha anunciado que la paz está por firmarse con Irán, pero ni su aliado Israel —con quien por cierto ya tiene muchos desacuerdos— cree que la paz esté a la vista. El juego de la guerra es algo serio, pero él no lo entendió.
POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ
COLABORADOR
@PAPADEPONCHO
ISRAEL.LOPEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
MAAZ