Trump recibe a Netanyahu en la Casa Blanca, pero sin lograr "ningún acuerdo definitivo" sobre Irán
Donald Trump quiere lograr un acuerdo con Irán. No tiene muy claro si será posible, o sobre qué exactamente, pero sí poder apuntarse un tanto. La alternativa, en todo caso, está muy clara: un nuevo bombardeo. Y no se cansa de avisarlo mientras sus buques de guerra se acercan a la región. Este miércoles, el líder estadounidense se ha reunido con su primer aliado, Benjamin Netanyahu, la persona más escéptica del planeta sobre un acuerdo con Teherán. La que más ha hecho por boicotear cualquier relación en la última década y la que más se juega. Y el resumen ofrecido por el republicano, así como el hecho de que haya sido a puerta cerrada, muestra las diferencias de enfoque y la tensión.
"Acabo de reunirme con el primer ministro israelí, Netanyahu, y varios de sus representantes. Fue una reunión muy positiva; la excelente relación entre nuestros dos países continúa. No se llegó a ningún acuerdo definitivo, salvo que insistí en que las negociaciones con Irán continuarán para ver si se puede concretar un acuerdo", ha escrito Trump en su red social al concluir la charla. "Si es posible, le dije al primer ministro que esa es mi preferencia. Si no, simplemente tendremos que ver cuál es el resultado. La última vez, Irán decidió que era mejor no llegar a un acuerdo y recibió un golpe del Martillo de Medianoche. Esperemos que esta vez sean más razonables y responsables. Además, conversamos sobre el enorme progreso que se está logrando en Gaza y en la región en general. Realmente hay PAZ en Oriente Próximo", reza el mensaje del presidente.
La cita ha sido puerta cerrada, algo cada vez más habitual. En sus primeros meses, Trump comparecía cada día varias veces ante las cámaras y abría a los periodistas casi toda visita, oficial u oficiosa. Últimamente, sin embargo, cada vez menos. Escogió una fórmula reservada para el presidente sirio antes de Navidades, sólo con fotos. Y repitió para María Corina Machado y Gustavo Petro en estas últimas semanas. Y ahora incluso para Netanyahu, sin duda la figura con la que tiene más complicidad, pero que esta vez venía a quejarse, a presionar, a decir cosas que Trump no quiere escuchar mientras intenta una salida negociada con uno de sus enemigos tradicionales.
La de hoy ha sido la quinta visita del primer ministro israelí a la Casa Blanca desde que el presidente estadounidense inició su segundo mandato. Pero se han visto también en su residencia de Mar-a-Lago, en Israel, y han hablado por teléfono en incontables ocasiones. Ningún líder internacional ha pisado siquiera el Despacho Oval más de una vez en estos trece meses, lo que muestra el nivel de relación entre ambos países y mandatarios. Los encuentros pasados, eso sí, han estado marcados por altos y bajos por lo que ocurría en Gaza o tras el ataque ordenado por Tel Aviv en Doha, que enfadó muchísimo a Washington, hasta el punto de forzar una humillante llamada de disculpas con el propio Trump sujetando físicamente el teléfono.
El contexto de esta visita es completamente iraní. Inevitablemente, temas como la situación de Gaza, donde 586 palestinos han muerto desde que entró en vigor el alto el fuego, según las autoridades palestinas; la Junta de Paz creada y dirigida por Trump, que se reúne por primera vez la semana que viene; y la situación en Siria formaban parte de la agenda, pero la prioridad de Netanyahu es Irán, en un marco muy delicado con Estados Unidos desplegando su armada y estudiando la posibilidad de ataques para intentar forzar un cambio de régimen. Las conversaciones entre el Gobierno de Trump y Teherán pueden evolucionar en cualquier dirección: romperse y llevar a bombardeos o avanzar y convertirse en la base de un nuevo acuerdo nuclear, probablemente en términos no muy diferentes a los que se firmaron en la Presidencia de Barack Obama y que Trump reventó en su primer mandato. Algo que Israel considera un error y una amenaza, hasta el punto de haberse reservado en el pasado la opción de ataques unilaterales para frenar cualquier programa iraní, aunque fuera de uso civil. Por eso su primer ministro ha adelantado esta visita, que estaba prevista inicialmente para finales de mes.
"El primer ministro cree que cualquier negociación debe incluir limitaciones a los misiles balísticos y el cese del apoyo al eje iraní", declaró la oficina de Netanyahu en un comunicado el sábado. "Presentaré al presidente nuestra perspectiva sobre los principios de estas negociaciones; los principios esenciales, que, en mi opinión, son importantes no sólo para Israel, sino para todos los que desean la paz y la seguridad en Oriente Próximo", aseguró Netanyahu el martes al salir hacia el aeropuerto.
El encuentro de hoy vino precedido, exactamente igual que la vez anterior, de una bilateral con Marco Rubio, el secretario de Estado, en la que el israelí aprovechó para formalizar con una firma la entrada del país en la Junta de la Paz. "Me reuní con el secretario de Estado de Estados Unidos. Antes de mi reunión en la Casa Blanca con el presidente Trump, firmé la adhesión de Israel como miembro de la 'Junta de Paz'. Continuaremos fortaleciendo la alianza inquebrantable entre Israel y Estados Unidos", escribió Netayahu en sus redes sociales.
Horas antes había cenado, también en la Casa Blair, la residencia oficial para las visitas, con el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el yerno y asesor del presidente, Jared Kushner, que son sus mediadores tanto para Oriente Próximo como para Rusia. Ambos mantuvieron "conversaciones indirectas" con negociadores iraníes en Omán, un mediador habitual, la semana pasada, aparentemente sin grandes avances. El lenguaje es especialmente importante para Teherán, que insiste desde el año pasado en que se trata de algo no directo. Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, le ha dicho a Al Jazeera que de momento no han "recibido una propuesta concreta de Washington" y que lo que ocurrió en Omán fue únicamente "un intercambio de mensajes".
Estados Unidos quiere que el país deje de enriquecer uranio, que frene la construcción de misiles balísticos y que corte lazos con Hizbulá y otros grupos satélites que los ayatolás han financiado, dirigido o utilizado durante décadas para operar en la región. Trump ha ordenado que vaya a la zona el portaaviones USS Abraham Lincoln y otros buques de guerra estadounidenses, algo que hizo en el Caribe antes de la operación que llevó a la captura de Nicolás Maduro, mientras instaba a los manifestantes iraníes a ocupar las calles y no rendirse, diciendo: "La ayuda está en camino". El Canal 12 de Israel y Axios informaron el martes que Trump está considerando enviar un segundo portaaviones a Oriente Próximo, una señal muy clara de lo que ocurrirá si las negociaciones no prosperan en la línea deseada por la Casa Blanca. "Los iraníes realmente quieren llegar a un acuerdo. O lo hacemos, o tenemos que hacer algo muy duro, como la última vez", declaró el presidente al Canal 12.