¿Y si revientan su reforma, Presidenta?
Muy pocas veces escucha uno la voz presidencial en tono de autoexclusión en la responsabilidad de un fracaso legislativo como ahora muchos columbran o suponen posible tras la accidentada presentación de la reforma electoral, tan anfractuosa como innecesaria.
“...Nosotros la vamos a enviar, es un compromiso de la Presidenta con el pueblo. Quien la quiera apoyar, bien. Quien quiera mantener el privilegio de las listas, pues también; la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido político.
“Este es un compromiso que hice yo de los 100 puntos... Porque la gente va a decir: ‘él la aprobó’, ‘él no aprobó’, ‘este partido aprobó’, ‘este partido no aprobó’.
“Porque lo que estamos planteando no es una ocurrencia, es algo que viene del sentimiento del pueblo, de la gente...”
Convertir un proceso tan complejo y trascendente como una reforma electoral en una competencia de méritos sobre el apego o no a los mandatos del “pueblo” es un truco de oratoria. Una salida fácil, pero ineficaz.
El pueblo no solicitó una reforma de esta naturaleza. La planteó y exigió el expresidente Andrés Manuel en su obsesivo empeño de “mandar al diablo” las instituciones ajenas a su diseño y construcción, cuya existencia le restaba poder a las capacidades del Ejecutivo, ahora ya todas ellas prácticamente recuperadas.
Como a López el tiempo se le agotó, le trasladó a esta administración su compromiso (o su capricho), bajo el supuesto (o la realidad) de una indeclinable lealtad e identidad con los principios fundacionales de la IV-T, cuyo segundo piso CSP considera estar construyendo.
Pero no es un asunto de premios y castigos o de quién se gane el aplauso de un pueblo tan amorfo e invisible como en los discursos políticos suele ser este indefinido conjunto.
Con esos elementos, el rechazo de los aliados y los escasos opositores formales, implicaría una absoluta derrota política y de prestigio si se pone en términos de reconocimiento público. A fin de cuentas, los diputados son los representantes populares.
Y si esa representación es real (incluyendo la abrumadora y sobrerrepresentada bancada de Morena), entonces el pueblo habría rechazado la reforma. Excepto si se niega la legitimidad del Congreso.
En estas condiciones, en la Cámara de Diputados se respira un aire denso. Ya no se habla de la posibilidad de un rechazo a la reforma; se avizora su naufragio.
Ya una vez la Presidenta —impotente ante la gritería de la CNTE—, retiró una iniciativa para cambiar al ISSSTE. Hoy enfrenta resistencias mayores y la oposición hasta de sus aliados. Tradicionalmente el gobierno enfrenta a sus adversarios, pero ahora hasta a los coligados.
POR RAFAEL CARDONA
COLABORADOR
@CARDONARAFAEL
MAAZ