Alegría y anarquía
El triunfo de la Selección Mexicana en el partido inaugural del principal evento futbolístico del mundo desató una alegría necesaria. En un país marcado por carencias crecientes, el resultado significó más que un marcador: fue una bocanada de esperanza colectiva que logró, al menos por un momento, reconciliar el ánimo social.
La celebración reflejó el anhelo de los mexicanos por asirse a instantes que alivien la complejidad de la vida cotidiana. Sin embargo, el entusiasmo tuvo un contraste evidente: miles de aficionados quedaron fuera del Estadio Azteca por los precios impuestos por la FIFA, inaccesibles para quienes sostienen, con esfuerzo salarial, la pasión por el futbol.
En un contexto de polarización, el episodio ofreció un respiro. Pero, al mismo tiempo, la Ciudad de México ha enfrentado semanas de bloqueos y tensiones donde la anarquía comienza a instalarse con preocupante normalidad, afectando la movilidad, la economía y la percepción de gobernabilidad.
Para entender las expresiones más radicales de la CNTE, es necesario remontarse a su origen en las normales rurales de Guerrero, ligadas a los movimientos encabezados por Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Su núcleo conserva una orientación marxista-leninista que trasciende coyunturas. Por ello, es impreciso asumirlos como aliados naturales del gobierno: mientras la 4T opera en una lógica socialdemócrata, estos sectores mantienen una aspiración revolucionaria que cuestiona incluso la propiedad privada en los medios de producción.
La devolución del control de plazas, ascensos y promociones ha reforzado estructuras internas rígidas, donde la disciplina ideológica y la lógica de grupo siguen siendo determinantes.
A ello se suma lo ocurrido la madrugada del 10 de junio en la Secretaría de Gobernación. Aunque sin claridad oficial, se habla de un posible acuerdo para otorgar a maestros jubilados una pensión vitalicia adicional a la de sus AFORES. De concretarse, implicaría un impacto considerable en las finanzas públicas. Esto podría explicar la disminución de las protestas durante la inauguración, aunque persisten divisiones internas: secciones de Guerrero, Oaxaca y Michoacán mantuvieron movilizaciones, incluso con presencia del llamado “bloque negro” en las inmediaciones del Estadio Azteca.
Así, alegría y anarquía convivieron en días recientes como una paradoja del momento nacional.
El panorama, sin embargo, dista de ser alentador. A las tensiones internas se suma la incertidumbre externa tras los señalamientos de Donald Trump sobre una eventual no firma del T-MEC, con implicaciones relevantes para la estabilidad económica del país.
México enfrenta así una presión dual: fragmentación interna y amenazas externas. Frente a ello, se requiere un cambio de enfoque gubernamental que privilegie la construcción de acuerdos y la unidad nacional, más allá de la coyuntura.
La falta de operadores políticos con experiencia es cada vez más evidente. La comunicación de objetivos carece de claridad, mientras en Morena coexisten voces diversas e incluso contradictorias que dificultan la definición de un rumbo consistente.
El país oscila entre la celebración efímera y la preocupación estructural. En ese contraste se juega no solo el ánimo nacional, sino la posibilidad real de construir un futuro menos incierto y con mayor certidumbre institucional.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM
MAAZ