Ana Fernández (36): "En el día a día, solo desayuno un café, pero no sé qué me pasa cuando voy a los hoteles"
Con la primavera asomando, muchos están ya planificando las próximas vacaciones y merece la pena rescatar las declaraciones de Ana Fernández en el pódcast Sincericidio de Pódimo con la artista Celia Gallego. La actriz explicaba que en su día a día suele desayunar un café y poco más. Sin embargo, todo es distinto cuando amanece en un hotel.
Ana Fernández se preguntaba si es común (o si solo le pasa a ella) eso de no poder resistirse a la tentación de hacer una abundante y suculenta primera comida del día cuando uno viaja. "No sé si a las personas les pasa", se preguntaba. "No sé por qué, es coger un avión y estar en un hotel y sentir un hambre desproporcionada de meterte unos desayunos bestiales de huevos con bacon crujiente... Vuelves a casa y no vuelves a desayunar hasta el siguiente viaje", explicaba. Y se preguntaba además: "¿qué nos ocurre en el hotel que nos abre el apetito?".
Para la nutricionista integrativa Elisa Blázquez hay que analizar dos cosas: por qué no desayunas en el día a día y por qué tienes más hambre cuando estás fuera de casa.
'Un café y poco más' : señal de alerta
Según Elisa Blázquez, lo que le ocurre a Ana Fernández tiene una explicación. "En el día a día muchas personas viven en un estado de alerta constante: prisas, responsabilidades, móvil nada más despertarse, café rápido y salir corriendo. Ese contexto mantiene activado el sistema nervioso simpático, el de "supervivencia", y cuando estamos ahí el cuerpo no prioriza la digestión ni el hambre".
De hecho, nos cuenta que "el cortisol por la mañana ya está fisiológicamente alto para ayudarnos a activarnos, y si además añadimos estrés mental, esa activación puede "apagar" la señal de apetito". Esta es la razón por la que, según la experta, muchas personas dicen que no tienen hambre y sobreviven solo con café. "No es que su cuerpo no necesite energía, es que está en modo alerta", dice la experta.
Banquete en los hoteles: 'no es solo psicológico'
Ana Fernández asegura que cuando llega a un hotel, todo es distinto al despertar. Para Elisa, esto no es trivial. "Cuando llegamos a un hotel cambia el contexto: hay menos responsabilidad inmediata, no hay rutina automática, no hay sensación de urgencia... Dormimos diferente, a veces más profundo, hay novedad, placer, anticipación. El sistema nervioso puede pasar más fácilmente al modo parasimpático, el del descanso y la digestión. Y cuando el cuerpo se siente seguro, el hambre aparece", explica.
Además, asegura que el entorno influye muchísimo. "Ver comida preparada, olerla, saber que hay tiempo para disfrutarla... activa señales sensoriales y hormonales que estimulan el apetito. No es solo psicológico, es completamente fisiológico", desvela la experta.
¿Es sano dejarse llevar?
Le hemos preguntado a Elisa si en el segundo escenario es bueno fluir y comer lo que no tomaríamos en casa. "Lo saludable es escuchar al cuerpo", nos ha dicho en primera instancia. "Si te levantas con apetito, come. Y come bien. Y si te levantas sin hambre real, no pasa absolutamente nada por no desayunar en la primera hora del día", explica.
El problema, para Elisa no es no desayunar, es no saber si no desayunas porque no tienes hambre o porque vives tan acelerada que no estás conectada con tu cuerpo. "Cuando estamos en etapas más tranquilas, durmiendo bien y con menos estrés, muchas veces nos levantamos con más apetito", dice apelando a la reflexión.
"Ahora bien, si desayunas ya sea en casa o en un hotel, lo ideal es elegir opciones con buena calidad nutricional", advierte. "El problema de los bufés no es desayunar bien, sino que es muy fácil dejarse llevar por harinas refinadas, bollería o exceso de azúcar porque están ahí, son apetecibles y el entorno invita", alerta. "Pero un desayuno con proteína, algo de grasa saludable y alimentos reales es una forma fantástica de empezar el día", tranquiliza. Y termina: "Comer con apetito es saludable; hacerlo con criterio, aún más".
Con todo y con ello, las palabras de Ana Fernández en Sincericidio, junto a la artista Celia Gallego, invitan a reflexionar sobre cómo el ritmo diario condiciona nuestra relación con la comida. Quizá las vacaciones no despiertan el apetito: simplemente nos devuelven la calma necesaria para escucharlo.




