Castillos en ruinas, senderos infinitos y un embalse de postal: el pueblo extremeño que casi nadie conoce

Castillos en ruinas, senderos infinitos y un embalse de postal: el pueblo extremeño que casi nadie conoce

Situada sobre un pequeño cerro cerca del gran embalse que lleva su nombre, esta localidad extremeña está rodeada de naturaleza que desde la prehistoria ha hecho de este lugar un punto de asentamiento humano continuo. En pocos kilómetros cuadrados, la densidad histórica y paisajística de esta coordenada es extraordinaria: desde termas romanas Patrimonio de la Humanidad hasta un castillo árabe que domina la comarca desde las alturas, pasando por su ubicación junto a un embalse de proporciones casi marinas. Y eso no es todo —aunque podría ser suficiente—, pues son más las sorpresas que esperan en un paseo por uno de los pueblos menos conocidos de Badajoz y más merecedores de una pequeña escapada. 

Presa de Alange
Presa de Alange

¿Dónde está Alange?

A tan solo 18 km de Mérida, lo que un día fue un asentamiento en la ladera sur de un cerro se convirtió con los años y en manos de los romanos en una población definida y potenciada gracias a sus aguas medicinales. Tras el declive romano llegaron los árabes, que le dieron el nombre de Hins Al-Hanash, 'castillo de la culebra', que derivó con el tiempo en Alange. Y esta no tuvo un papel menor. En el año 875, el caudillo Ibn Marwan, perseguido por el emir Muhammad I, fue sitiado en la fortaleza durante tres meses. Al rendirse, negoció el derecho a establecerse en un pequeño cerro junto al río Guadiana, un cerro que hoy día es la actual Badajoz.

Calles del pueblo de Alange, Badajoz© Shutterstock
Calles del pueblo de Alange.
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Cuestas que cuestan (pero lo merecen)

Construidas contra la pendiente, las calles de Alange suben y bajan el monte que las sostiene, plantando frente a sus casas pequeñas plataformas de piedra o calzadas que elevan las entradas por encima del nivel de la calle para salvar el desnivel. La arquitectura de supervivencia también es visible en los canchos, promontorios de roca cuarcítica que emergen directamente entre las viviendas como si el pueblo hubiera sido construido a su alrededor, aunque lo cierto es que así fue. 

Cuestas de Alange© DIEGO CASILLAS

El más alto de todos, el Cancho de los Toros, alberga en su cima el Mirador del Corazón de Jesús, el lugar donde los arqueólogos documentaron el primer asentamiento humano y desde donde la vista peina los tejados y se posa en el embalse y la torre del castillo. En el centro se alza la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Milagros, del siglo XVI y con un estilo entre el gótico tardío y la influencia mudéjar, además de una torre en escalera de caracol semicircular declarada Monumento de Interés Histórico-Artístico. 

Bajando hacia el balneario por la calle Baños, se llega al lavadero municipal, uno de los espacios más fotogénicos de Alange y un ejemplo de arquitectura popular del siglo XX que alberga un Centro de Interpretación del Agua. Junto a él, la patrona de la localidad, la Virgen Milagrosa, descansa en la ermita de San Bartolomé, que, según las hipótesis, fue construida sobre una basílica visigoda, y esta sobre un templo romano, reuniendo así 2.000 años de historia en un humilde edificio de una sola nave.

Ermita de San Bartolomé© DIEGO CASILLAS
Ermita de San Bartolomé

Otra ermita, la de San Gregorio, del siglo XVII, fue reconvertida en sala de exposiciones temporales y sede del Museo Etnográfico de Alange, un lugar tan llamativo como la Casa de la Encomienda, de 1550, donde se alojó la Orden de Santiago tras abandonar el castillo. Por último, el paseo no puede terminar sin un ejercicio de imaginación, uno que invoca el viejo vecindario —y los yacimientos arqueológicos que no alcanzaron a excavarse— hundido bajo las aguas del embalse que se reconstruyó para los afectados en el barrio de San José.

Casa de la Encomienda © DIEGO CASILLAS
Casa de la Encomienda
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Un balneario con medicina que brota del subsuelo

Érase una vez un alcalde, una alcaldesa y unos propietarios de un balneario que no sabían que su joya de la corona había sido distinguida como Patrimonio de la Humanidad hasta dos décadas más tarde. Pero la historia empieza antes, con el uso medicinal de un manantial ubicado en el pueblo, antes incluso de la llegada de los romanos. Sin embargo, fueron estos los que construyeron en el siglo III el complejo que los patricios de la capital frecuentaban para curar sus males, dándole al lugar su fama de centro de salud y recreo. 

Balneario de Alange, Badajoz© Shutterstock
Balneario de Alange.

Esta construcción, que ha llegado a nuestros días, tiene una sobriedad y elegancia arquitectónica notables. El edificio rectangular aloja dos cámaras circulares idénticas destinadas a hombres y mujeres, en las que se encuentra una piscina bajo un techo con dos bóvedas semiesféricas con claraboyas en el vértice. El principal testimonio que permite fechar con certeza la existencia de las termas en aquella época es el hallazgo de una inscripción votiva propiciada por la curación de Varinia Serena, una joven patricia cuya sanación fue atribuida al manantial. Su padre mandó esculpir un ara y un altar en honor a la diosa Juno en señal de agradecimiento, un grabado que sigue ahí tras casi 2.000 años. 

Pero el balneario cayó en el olvido durante siglos, saliendo a subasta pública en 1863 y comprado por Abdón Berbén, médico del pueblo, que reformó las instalaciones integrando lo romano con lo moderno: jardines, bañeras de mármol italiano, galerías de duchas y piscinas sobre el propio manantial acabaron de modelar un complejo que combina hoy tres capas temporales —la romana, la decimonónica y la contemporánea— con una coherencia poco habitual. Las visitas a las termas originales se hacen con un guía y en grupos reducidos, y el balneario ofrece tratamientos de hidroterapia, piscina exterior y alojamiento en sus dos hoteles.

Balneario Alange
Balneario Alange

Lo divertido de esta historia es que los dirigentes del pueblo y los dueños de este balneario, que obtuvo uno de los reconocimientos más importantes que puede recibir un edificio histórico, no lo supieron hasta mediados de 2012. La solicitud para ser Patrimonio de la Humanidad, presentada por Mérida como parte de su conjunto arqueológico, fue aprobada en 1993, pero Alange no supo nada hasta que un portavoz del ayuntamiento de la ciudad escribió un tuit que les desveló la “sorpresa”.

De la torre del homenaje a la orilla del embalse

Sobre el Cerro de la Culebra, a 485 metros, se elevan las ruinas del castillo que da nombre a la localidadLa subida por el sendero desde el casco urbano justifica la visita, pues a medida que se gana altura, el paisaje se abre en todas las direcciones, abarcando Mérida, la presa de Alange, Almendralejo y la Sierra de Peñas Blancas en una panorámica de 360º. Construida por los árabes en el siglo IX, su importancia radicaba en el control del paso de la Vía de la Plata y en la vigilancia de los movimientos que venían de la cercana ciudad. 

Cerro de la Culebra© DIEGO CASILLAS
Cerro de la Culebra

De manos cristianas a musulmanas en varias ocasiones, quedó en poder de la Orden de Santiago en 1243, añadiendo torres y reforzando defensas. Sin embargo, la paz fue su motivo de abandono, quedando hoy la torre del homenaje de mampostería y ladrillo con sus arcos de herradura, tres torres parciales, algunos lienzos de muralla y aljibes islámicos como testigo de lo que llegó a ser durante siglos. Desde aquí se adivinan las orillas del embalse donde descansa parte del pueblo. 

Castillo de la Culebra © DIEGO CASILLAS
Castillo de la Culebra

Con unas 5.000 hectáreas de superficie, destaca en él la presa que permite disfrutar de las vistas de esta gran lámina de agua, aunque también es imperdible el sendero del Paseo del Bañista, un recorrido de unos tres kilómetros que sigue la ribera. Para quienes prefieran aventurarse en el agua, el embalse ofrece actividades en kayak, canoa, piragua y lancha; pero también hay una zona de playa con sombrillas y parque infantil y la pesca está permitida con licencia. 

Barcos en el pantano de Alange, Badajoz© Shutterstock

Rutas senderistas en Alange

Las rutas de senderismo de Alange tienen la virtud de combinar naturaleza, historia y miradores en distancias bastante asumibles. 

  • La Ruta Azul parte de la oficina de turismo y sube al castillo por su lado oeste, atravesando el cerro y descendiendo con las vistas sobre el embalse y la posibilidad de visitar la huerta de tradición morisca de la Jabata, un olivar que conserva un pozo abovedado, noria, acueducto, acequias y albercas con más de 400 años de antigüedad. 
  • Otras rutas más largas alcanzan la Sierra de Peñas Blancas, atraviesan el Puerto de las Palomas y llegan hasta las pinturas rupestres de La Calderita, visitables también mediante excursiones guiadas.
Media Image© DIEGO CASILLAS

Festivales que son una sorpresa: orquídeas silvestres y vencejos

Pocos saben que Alange también es uno de los mejores destinos botánicos de Extremadura para la observación de orquídeas silvestres, con una concentración excepcional de 20 especies y con su propio festival, el Mes de las Orquídeas, que organiza rutas, talleres y concursos. 

Otra celebración enlazada con la naturaleza es el Festival de los Vencejos, en mayo. Si hay un animal que define el pueblo, ese es el vencejo, pues este es el único lugar de toda la península donde pueden observarse simultáneamente las cinco especies presentes en España.

Vencejo © Shutterstock
Vencejo

Esto no solo convirtió Alange en un destino ornitológico de referencia, sino que creó alrededor de la imagen de esta ave un festival que incluye excursiones, jornadas técnicas, talleres y actividades para todos los públicos. Ya los alababa Unamuno en uno de sus poemas tras un viaje por Extremadura: "Han vuelto los vencejos, como ellos vuelven… ¡Siempre!: con su alegre chillar el aire agitan y el cielo, con su raudo ir y volverse, al caer de la tarde cobrar vida parece. No se posan ni paran, incansables; sus pies, ¿a qué los quieren? Les basta con las alas, criaturas celestes”.

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