Claudia Lázaro, psicóloga: "La llegada de un hijo es una de las transiciones vitales más intensas que puede vivir una pareja"
La llegada de un bebé supone una auténtica revolución para la pareja, y puede llegar a transformarla de una manera tan profunda como inesperada. Los ritmos cambian, los roles se reordenan y las emociones se intensifican. Y lo hacen prácticamente de un día para otro. Aparece la montaña rusa de emociones: ilusión, alegría, pero también cansancio, dudas... A lo que se suma la sensación de estar aprendiendo a ser madre, padre y pareja al mismo tiempo.
En medio de todo este torbellino, no es extraño que muchas relaciones se resientan, mientras que otras salen incluso más fuertes. Pero de lo que no hay duda es de que casi todas necesitan reajustarse para encontrar un nuevo equilibrio. Sobre todo ello hemos hablado con la psicóloga Claudia Lázaro Cerezo, Codirectora de Crea Sentido Psicología (@claudiacreasentido @creasentido), quien nos explica cómo impacta esta transición en la convivencia, qué tensiones son normales y qué herramientas ayudan a sostener el vínculo en una de las etapas, sin duda, más exigentes —y transformadoras— de la vida.
¿Cuáles son las transformaciones emocionales más habituales que suelen experimentar las parejas tras la llegada de un hijo?
La llegada de un hijo es una de las transiciones vitales más intensas que puede vivir una pareja. A nivel emocional, aparece la llamada “ambivalencia emocional” y es que en el mismo momento puedes sentir un amor enorme, ternura y al mismo tiempo, miedo, inseguridad, sobrecarga o incluso tristeza o sensación de pérdida por no tener la vida que tenías antes. Además, es completamente normal y adaptativo mostrar una mayor sensibilidad emocional, cambios en el estado de ánimo y una necesaria y fuerte reorganización interna, ya que esta reorganización debe ocurrir para dar la bienvenida al bebé y que él pueda tener su lugar en el nuevo sistema familiar, y en la relación de pareja.
¿Cómo afecta el cambio de roles (madre, padre, cuidador) a la relación?
Cuando nace un bebé, al mismo tiempo nacen una madre y un padre, aparecen nuevos roles que en algunas ocasiones no se integran fácilmente con la identidad previa de pareja. En algunos casos, se puede sentir incluso que ese nuevo rol, ocupa casi todo el espacio del día, dejando en un segundo plano ese rol de pareja. Todo esto puede generar desajustes en la relación, expectativas que no se habían hablado anteriormente o sensación de desigualdad en el caso de que uno de los miembros asuma más carga tanto física como emocional al llegar el bebé. En estos casos, la clave para proteger y cuidar de la relación es que exista una comunicación continua sobre qué cambios se están dando y como se están viviendo por parte de ambos progenitores, y estar disponibles a poder revisarlos cuando sea necesario desde la flexibilidad.
¿Qué impacto tiene la falta de tiempo personal en la pareja?
La falta de tiempo a nivel personal a veces se relaciona con la “pérdida de libertad”. Esto puede generar frustración, irritabilidad e incluso esa sensación de desaparecer como persona, ya que la mayor parte del tiempo se pasa cuidando al bebé. Cuando no hay espacios para el cuidado personal, es mucho más complicado estar disponible emocionalmente para la pareja (“si no tienes tiempo para ti, tal vez no lo tengas para cuidar de tu relación”). Es importante comentar aquí que, a veces, no es solo cuestión de cantidad de tiempo, sino de sentir que las propias necesidades también son importantes y pueden (y deben) ser atendidas dentro de la nueva dinámica familiar junto con sus nuevos ritmos.
Cuando nace un bebé, al mismo tiempo nacen una madre y un padre, aparecen nuevos roles que en algunas ocasiones no se integran fácilmente con la identidad previa de pareja
¿De qué manera la logística diaria (horarios, tareas, responsabilidades) puede generar tensiones?
La maternidad, paternidad y la crianza traen consigo un cambio de ritmos importante, que se dan de un día para otro y el ser humano no está preparado para adaptarse en tan poco tiempo a una situación tan importante como es el cuidado de un recién nacido. Unido a ello, todo esto implica una enorme carga logística: tema horarios, tareas de casa, cuidados personales, del resto, de la pareja, trabajo fuera y dentro de casa… si esta organización no se pone encima de la mesa, no se revisa y no se negocia, puede convertirse en una fuente constante de conflicto, ya que esto está presente todos los días de nuestras vidas.
La tensión o los conflictos suelen aparecer cuando hay desequilibrios, cuando se da por supuesto que el otro ya sabe lo que tiene que hacer o cuando no se reconocen o valoran los esfuerzos de cada uno. En este caso es vital el dar espacio a lo que está sucediendo, a como se están sintiendo la nueva madre y el nuevo padre, poner palabras a menudo puede reducir el malestar que se siente.
¿Cómo influye la falta de sueño y el cansancio en la comunicación y la convivencia?
El cansancio y la falta de sueño afectan directamente a la regulación emocional. Y si yo como adulto no estoy regulado emocionalmente, me va a costar tener una conversación desde la calma y la coherencia, lo que probablemente pueda afectar al clima familiar y a la convivencia. Además, en este estado, incluso los pequeños desacuerdos pueden escalar muy rápidamente e incluso los adultos pueden mostrarse como a la defensiva. Verbalizar, leer y entender que muchas discusiones en esta etapa están mediadas por el agotamiento ayuda a sostener la culpa y a buscar soluciones más compasivas para ambos.
¿Qué estrategias ayudan a mantener el equilibrio entre el cuidado del bebé y la relación de pareja?
Algunas estrategias clave son: gestión emocional por parte de los adultos, sentir que son las personas seguras con las cuales pueden poner nombre a lo que están sintiendo y viviendo en el momento de cambio, además de que no haya juicio emocional y que puedan validarse las emociones que aparecen, convirtiéndose no solo en “persona de seguridad” sino en un espacio seguro donde pueda ser y pueda expresar lo que siento. Por otra parte, poder expresar cada uno sus necesidades sin reproches, validar el esfuerzo del otro, tener en mente que el equilibrio a veces no es perfecto, sino que en este caso es cambiante y flexible. Por último, tener en mente el cuidado del bebé como un proyecto común, donde ambos son la base segura del uno para el otro, no solo para el hijo.
Verbalizar, leer y entender que muchas discusiones en esta etapa están mediadas por el agotamiento ayuda a sostener la culpa y a buscar soluciones más compasivas para ambos
¿Es importante mantener espacios de intimidad y conexión emocional?
Sí, aquí es fundamental. La intimidad no se refiere solo a la sexualidad, sino también a momentos de conexión emocional: una conversación tranquila, una mirada cómplice, un gesto de cuidado. Estos espacios sostienen el vínculo y recuerdan que, además de padres, siguen siendo pareja. A veces son momentos breves, pero con intención y presencia. Son la clave para poder seguir viendo a la pareja en sí, y no solo a la versión de “madre-padre".
¿Cómo piensa que cambia la percepción de la relación al convertirse en padres?
Muchas parejas pasan de verse principalmente como compañeros a verse como un “equipo de supervivencia”. Esto puede fortalecer el sentimiento de unión y de equipo, pero ojo, que también puede hacer que la relación se vuelva más funcional que afectiva, y esto había que darle espacio y hacernos cargo para no perder de vista a la pareja. Con el tiempo, lo ideal es poder integrar ambas dimensiones (equipo y pareja): es uno de los grandes retos y aprendizajes de la coparentalidad.
¿Qué riesgos existen de que la pareja se centre solo en el rol de padres y descuide el vínculo romántico?
El riesgo principal es que la relación como tal se vaya difuminando entre las responsabilidades, la crianza, el cuidado, y se vaya perdiendo el espacio para el deseo, la complicidad, el cuidado mutuo (que antes había). Si esto pasa, es probable que se produzca cierta distancia emocional entre la pareja, incluso sentirnos desconectados o solos dentro del vínculo.
¿Qué señales indican que la relación necesita apoyo profesional?
Algunas señales de alerta son: discusiones frecuentes que no se resuelven y se van metiendo debajo de la alfombra, que exista una sensación persistente de incomprensión, distanciamiento emocional, falta de comunicación o vivir la crianza como una carga en solitario. Pedir ayuda no significa que la relación esté “mal”, sino que se está atravesando una etapa compleja que merece ser acompañada.
El mayor indicador a veces no se puede leer en un libro o en un manual, sino que a veces se traduce en una sensación, en una intuición convertida en necesidad, cuando alguno de los dos sienta que necesita ayuda o apoyo, es ahí donde la relación como tal debe hacerse cargo y acudir a la persona necesaria. Darle prioridad en ese momento aunque el ritmo nuevo a veces creamos que no lo permite.
Es probable que se produzca cierta distancia emocional entre la pareja, incluso sentirnos desconectados o solos dentro del vínculo
¿Qué oportunidades de fortalecimiento puede traer la llegada de un hijo a la pareja? Aunque es una etapa exigente, también puede ser profundamente transformadora. Muchas parejas desarrollan mayor empatía, capacidad de cooperación y conocimiento mutuo.
Afrontar juntos la vulnerabilidad, el cansancio y la responsabilidad puede fortalecer el vínculo si se vive desde la alianza y no desde la competencia.
¿Cómo pueden las parejas prepararse emocionalmente antes del nacimiento para afrontar mejor los cambios?
Hablar antes de que nazca el bebé sobre expectativas, miedos, reparto de tareas y necesidades emocionales es una gran herramienta preventiva. También ayuda informarse, normalizar que habrá momentos difíciles y asumir que pedir apoyo (familiar o profesional) forma parte de una crianza y del cuidado para el bebé y para los adultos. Prepararse emocionalmente no elimina las dificultades, pero sí permite transitarlas con más conciencia y menos culpa. Además, todo lo que se hable antes del parto, después se puede volver a poner encima de la mesa y desde la flexibilidad ir dando cambios a medida que el sistema familiar los vaya necesitando, siendo la rigidez un enemigo durante todo el proceso de crianza y cuidado.


