Una premisa que se repite en las madrinas de boda más virales es la intención de estar a la altura con looks de las bodas de sus hijos. Esto implica acertar de forma equilibrada, cumpliendo expectativas, pero sin opacar a los propios novios. Dar con esa armonía pasa por escoger correctamente el vestido de la madre del novio, pero también por elegir bien sus accesorios y, de forma especial, sus joyas. Las piezas que terminan el estilismo pueden conducir el resultado en una dirección u otra y, aunque la sencillez suele ser la apuesta más segura, la realidad es que algunas prendas simples ven multiplicado su carácter estiloso con ayuda de unas bonitas piezas de joyería. Hoy repasamos las 12 opciones más populares y elegantes que pueden lucir las madres dentro de los enlaces.
Colocados en la solapa, en la espalda en un hombro, a modo de cinturón o haciendo las veces de botonadura, los broches son esas piezas de joyería que han sido relegadas a un segundo plano en los looks de diario, pero que, sin embargo, en los estilismos de madrina han cobrado gran relevancia, por su habilidad para convertir un resultado simple en uno más lujoso. Cabe decir que esta joya es, en realidad, la única que, en vez de lucirla la propia madrina a modo de complemento, se ubica sobre una prenda, con lo cual transforma esa pieza de ropa de forma directa.
En el look de María, además de a su elegante tocado, los ojos se iban a su imponente gargantilla de perlas. Al igual que ha sucedido con las novias, esta joya de tendencia se ha transformado en una pieza muy demandada que, a pesar de contar con una historia ligada a lo tradicional, conquista por su carácter juvenil. Este tipo de collar, que está pegado al cuello, transforma el rostro, siempre que se elija teniendo en cuenta las facciones de la madre del novio. Junto a vestidos de escote en pico, barco, Bardot, palabra de honor u off-the-shoulders, resulta una pieza muy distinguida, que se vuelve el punto focal del estilismo.
No es habitual ver colgantes entre las madrinas de boda, pues prefieren los chokers de tendencia o algunos collares imponentes, pero en casos como el que se encuentra sobre estas líneas, en los que los colgantes forman parte de un conjunto, pueden aportar un toque sofisticado al escote del vestido escogido. Eso sí, no conviene emplearlos si el cuello no está despejado, porque se hayan elegido tejidos que lo cubran, pues el colgante es mejor que caiga sobre la piel.
No todos los vestidos de madrina admiten el uso de un collar, pues en muchos casos, si el diseño es muy llamativo, no encajará con esta pieza de joyería. Sin embargo, cuando la madre del novio tiene claro que va a llevar un vestido de estilosencillo, puede, entonces, incorporar un collar con gran presencia, para dirigir todas las miradas hacia el mismo. Como ejemplo, encontramos esta estilosa invitada que en la boda de su hijo optó por una pieza deslumbrante, para acompañar una prenda sencilla y una mantilla tradicional.
Suelen pasar desapercibidas, porque otros accesorios ganan en importancia, pero lo cierto es que las pulseras pueden vestir las muñecas con mucha elegancia. Las madrinas buscan incorporar estas piezas de joyería cuando tienen un significado especial, normalmente ligado a la familia, y también cuando enseñan los brazos y sienten que les hace falta un toque diferente, aunque sutil, como demuestra la imagen.
Al igual que los pendientes de bisutería son cada vez más empleados para sumar color y vistosidad a un look de madrina, los brazaletes visten la zona de antebrazo y la muñeca de forma llamativa y son perfectos para aquellas madres que no se sienten cómodas con joyas más clásicas (como pendientes, broches o gargantillas) que transforman en exceso la estética del rostro. Suelen llevarse junto a pendientes pequeños y discretos.
Los pendientes de botón (aquellos que no cuelgan y se cierran a presión o con rosca) son la elección perfecta para aportar elegancia y sofisticación a las madrinas, sin restar protagonismo al conjunto. Su diseño discreto y refinado enmarca el rostro con sutileza, aportando luz sin modificar en exceso el estilismo. Ya sean de perlas clásicas, circonitas brillantes o acabados en platino, oro o plata, estos pendientes combinan a la perfección con vestidos de líneas depuradas o conjuntos más elaborados, lo que los convierte en un complemento atemporal que puede reutilizarse con facilidad en el día a día.
Al igual que la novia tiene sus anillos de compromiso, alianzas o anillos de pedida, la madrina puede presumir de manos al lucir, en el día de la boda de su hijo, una sortija. De piedras preciosas, de aire clásico, de estilo moderno o metalizada, esta pieza viste las manos junto a una manicura neutra, que no resulte estridente. La clave a la hora de escoger es entender que, en favor de un look armonioso, una o dos sortijas son suficientes, pues más anillos pueden caer en un maximalismo innecesario.
Cuando la madrina busca una joya que pueda llevar sobre la cabeza, en sustitución de una peina con mantilla, un tocado o un complemento llamativo, puede recurrir a unas moderadas horquillas joya. En algunos casos, estas horquillas se hacen a partir de broches modificados (o que ofrecen ambas posibilidades), pero en otros casos son piezas antiguas que han pasado de generación en generación o también propuestas adquiridas en espacios de bisutería que se inspiran en creaciones del pasado.
Si tuviéramos que elegir una pieza de joyería como la más solicitada entre las madrinas, la más versátil y la más práctica (a la que más uso se le dará tras el día de la boda), esa serían los pendientes colgantes. Muchas de las madres del novio llevan años, incluso décadas, esperando la llegada del enlace de su hijo para poder sacar a la luz joyas como estas que, en incontables ocasiones, pertenecen al legado familiar. Otras, sin embargo, prefieren hacerse este tipo de pendientes a medida o recibirlos como algo prestado de un ser querido cercano, pero siempre suelen tener en cuenta el efecto que cada diseño tiene sobre su rostro, con el fin de estilizarlo.
Las perlas son un ingrediente que, pase el tiempo que pase, siempre estarán presentes en las bodas. En los joyeros de las novias son cada vez más habituales, pues muchas han dejado atrás la superstición que las rodea en lo que a la protagonista de la jornada se refiere. Entre las madrinas, las perlas son la opción más repetida. Temporada tras temporada se cuelan en todo tipo de piezas, pero donde más abundan es en los pendientes. Suelen estar presentes en las versiones en forma de lágrima, con una longitud corta y pueden verse, a menudo, en aquellas madres del novio que eligen mantilla.
¿Por qué optar por modelos de joyería clásicos, si existen opciones más artísticas, modernas y coloridas en el mercado, que pueden hacer que el resultado se vea mucho más alegre? Es la pregunta que se hacen algunas madrinas que buscan pendientes llamativos, con gran presencia de detalles artesanales. Son los modelos fantasía que, además de aportar mucha luminosidad al rostro, suelen tener un gran tamaño, por lo que acaban obteniendo un gran protagonismo en el estilismo.