Hay vestidos de novia que han cambiado el rumbo de la moda nupcial, como el de la reina Victoria, responsable de popularizar el blanco en el siglo XIX. Pero no todos los looks que han hecho historia lo han logrado desde la tradición: algunas royals prefirieron salirse del guion y usar su boda como una declaración de estilo, sorprendiendo con elecciones que rompieron los convencionalismos. Desde un vestido escandalosamente corto para una princesa, hasta una apuesta minimalista para una ceremonia que rompía siglos de tradición, pasando por el color más inusual para darse el 'sí, quiero' en un enlace real. Recordamos los vestidos de novia de seis royalsque, cada uno a su manera, marcaron un antes y un después.
"Confieso que he tenido una trayectoria no habitual para una princesa", admitía la propia Estefanía hace años durante una entrevista con ¡HOLA! Y es cierto, teniendo en cuenta su etapa como modelo y cantante, dos ámbitos nada habituales para una aristócrata. La hija de Grace Kelly y Rainiero III ha vivido también relaciones amorosas tan poco convencionales como ella. Una fue su romance con Daniel Ducruet, que comenzó de manera secreta, siendo este su guardaespaldas, hasta que en 1991 se descubrió. Cuatro años después y con dos hijos en común, se casaron en julio de 1995, durante una ceremonia civil muy discreta con cerca de 40 invitados.
Al padre de Estefanía de Mónaco le había costado permitir tanto la relación de ambos como la ceremonia. Y tal vez por ello, la princesa quiso rebelarse contra las normas, luciendo el día de su boda el que es considerado, hasta la fecha, el look nupcial más corto para una ceremonia con tintes aristocráticos como esta. Se trataba de un diseño por encima de la rodilla, confeccionado en gasa de encaje floral, con mangas largas, escote en forma de corazón y una pequeña cola posterior, de cuya firma no trascendieron detalles.
El vestido de la reina Victoria expuesto en el Palacio de Kensington
La reina Victoria y el vestido que cambió la moda
¿Por qué las novias visten de blanco el día de su boda? Más allá del significado asociado a este color, una de las razones reside en la elección que la reina Victoria hizo el 10 de febrero de 1840, cuando se casó con el príncipe Alberto. Amante de la moda y pionera en solicitar que toda la ropa que vistiesen los miembros de su familia debía proceder de Reino Unido, también eligió el made in England para su look. En aquel momento, las novias tendían a usar colores más brillantes o, simplemente, cualquiera que considerasen apropiado, porque la idea no era vestir de blanco, sino lucir sus mejores galas.
La monarca sentó tradición con un diseño confeccionado en satén de seda blanca de Spitalfields, una zona de Londres reconocida por su producción textil, y encaje de Honiton, tejido a mano en Devon. El vestido presentaba un corsé ajustado con mangas largas y una falda amplia que caía en una elegante cola de más de cinco metros. Una creación que se volvió especialmente popular, impulsando el uso de este color en las ceremonias.
La princesa Margarita: 'el vestido de novia más sencillo de la historia'
Así lo calificó en 1960 la revista Life y no era para menos: la hermana de Isabel II sorprendió el 6 de mayo de aquel mismo año con su elección nupcial, muy sobria para aquella década, demasiado si tenemos en cuenta que se trataba de una princesa. Diseñado por Norman Hartnell, creador también del vestido que lució la longeva monarca inglesa, se trataba de un diseño muy moderno para la época: sin bordados, encaje o adornos, completamente liso. De cuerpo entallado, escote en pico y manga larga, destacaba por su espectacular falda amplia confeccionada con unos 30 metros de organza de seda, rematada con una pequeña cola.
Una apuesta poco habitual en una boda real de la década de los sesenta, tan extraña entonces como lo fue su unión con Antony Armstrong-Jones. Se dieron el 'sí, quiero' en la abadía de Westminster, rompiendo la tradición, pues por las venas del novio no corría sangre noble ni su familia tenía títulos. Era un fotógrafo al que la princesa conoció cuando este recibió el encargo de retratar a Isabel II y su familia en Buckingham.
Marie Chantal-Miller y su vestido con 12 tipos de encaje
El propio Valentino Garavani llegó a admitir que este fue uno de sus encargos más desafiantes debido a la complejidad del vestido que Marie Chantal-Miller lució el día de su boda con Pablo de Grecia, el 1 de julio de 1995. Se trataba del debut del italiano en el universo bridal aristocrático, pues hasta entonces no había creado looks nupciales para miembros de la realeza —después lo haría para Máxima de Países Bajos y Magdalena de Suecia—.
El de la empresaria y diseñadora para su enlace en la catedral de Santa Sofía de Londres, ante 1.300 invitados, era una pieza excepcional: necesitó cuatro meses de trabajo y la intervención de 25 artesanos. ¿El resultado?Un majestuoso vestido elaborado en seda marfil, con una voluminosa falda tipo tulipán, cuerpo estructurado y manga larga. Contaba con perlas bordadas y aplicaciones de encaje, así como con una cola de cuatro metros y medio. Incorporó hasta 12 tipos de encaje diferentes, toda una proeza de la alta costura nupcial.
El suyo fue un vestido tan rompedor que, casi un siglo después, continúa inspirando las tendencias nupciales, sirviendo de referencia a influencers actuales, como fue el caso de Lucía Bárcena. El 3 de junio de 1937, la socialité estadounidense Wallis Simpson se casó en el castillo de Candé, en Francia, con el rey Eduardo VIII. Aquella unión supuso una crisis constitucional para Gran Bretaña, pues el monarca duró poco más de diez meses en el trono, ya que abdicó por amor a esta 'doblemente divorciada', como solía describirla la prensa, a la que la familia real no dio el visto bueno.
Para este tercer matrimonio, Wallis Simpson confió en Mainbocher, firma fundada por el modisto estadounidense Main Rousseau Bocher, afincado en París. El couturier creó para ella un vestido en un tono de azul grisáceo único, a juego con sus ojos, que hoy cuesta imaginar: las fotografías de archivo disponibles están en blanco y negro, y el diseño (donado por Simpson al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York) ha perdido su tono original, adquiriendo ahora un color crema. Largo hasta los tobillos, estaba formado por una falda cortada al bies, combinada con una chaqueta corta con frunces en el cuerpo, botones centrales, mangas abullonadas y un elegante cuello subido, adornado con un broche de zafiros y diamantes.
El diseño 'preppy' de Mabel de Holanda con 248 lazos
"Nuestras creaciones se inspiran en los clásicos, pero siempre incluyen una exageración que las hace muy modernas", apuntaban en 2004 el dúo de diseñadores al frente de Víctor&Rolf. Y efectivamente, exagerado fue el número de lazos con el que contó el inusual vestido de novia que lució la viuda del príncipe Friso de Holanda el día de su boda: 248. Fue el secreto mejor guardado de su gran día y uno de los looks nupciales más comentados —aunque no siempre con halagos— de aquella década.
La silueta era aparentemente sencilla, con líneas elegantes y marcadas: se realizó en satén blanco, con escote barco y manga larga, agregando una cola de tres metros. Pero la atención absoluta recaía en el centenar de lazos de la pieza: 128 en la falda, 85 en el cuerpo y 35 en la cola, todos ellos cosidos a mano. Se necesitaron más de 30 metros de seda georgette para confeccionar todos los adornos.