Por qué no hablamos como las computadoras: los científicos tienen una respuesta

Por qué no hablamos como las computadoras: los científicos tienen una respuesta

El lenguaje humano es extraordinariamente rico, complejo y estructurado. En el mundo se hablan alrededor de 7.000 lenguas. Algunas de ellas cuentan con apenas unos pocos hablantes, mientras que otras como el chino, el inglés, el español y el hindi son utilizadas por millones de personas.

Si bien existen amplias diferencias entre sí, todas comparten una función esencial: comunicar significado combinando palabras en frases y organizando esas frases en oraciones. Cada nivel tiene su propio significado y, en conjunto, permiten transmitir ideas con claridad.

No obstante, desde el punto de vista de la teoría de la información, las mismas ideas podrían transmitirse en un formato mucho más comprimido, lo cual plantea una pregunta intrigante: ¿por qué los seres humanos no nos comunicamos mediante secuencias digitales de unos y ceros como lo hacen las computadoras?

¿Por qué no hablamos en código binario?

El profesor de Lingüística Computacional en Saarbrücken (Alemania), Michael Hahn, junto a Richard Futrell, de la Universidad de California en Irvine (Estados Unidos), se propusieron responder la pregunta en cuestión. Su investigación fue publicada en la revista científica Nature Human Behaviour.

"En realidad, se trata de una estructura muy compleja. Dado que el mundo natural tiende a maximizar la eficiencia y conservar recursos, es perfectamente razonable preguntarse por qué el cerebro codifica la información lingüística de una manera aparentemente tan complicada en lugar de hacerlo digitalmente, como una computadora”, explica Michael Hahn, según recoge Science Daily.

El lenguaje humano no está diseñado para maximizar bits, sino para minimizar esfuerzo mental.
El lenguaje humano no está diseñado para maximizar bits, sino para minimizar esfuerzo mental.Imagen: Jens Kalaene/dpa/picture alliance

En teoría, codificar el habla como secuencias binarias de unos y ceros debería permitir una comprensión mucho mayor que el lenguaje natural. Y aquí surge una comparación inevitable: ¿por qué no nos comunicamos como R2-D2 de Star Wars? Hahn y Futrell afirman que la respuesta está en cómo funciona el cerebro humano.

El lenguaje está anclado en la experiencia del mundo real

"El lenguaje humano está moldeado por las realidades de la vida que nos rodea", afirma Hahn, y para ello ofrece un ejemplo ilustrativo, indica el medio SciTechDaily.

"Si, por ejemplo, hablara de medio gato emparejado con medio perro y me refiriera a ello usando el término abstracto 'gol', nadie sabría a qué me refiero, ya que es casi seguro que nadie ha visto un gol; simplemente no refleja la experiencia vivida de nadie", señala.

"Del mismo modo, no tiene sentido mezclar las palabras 'gato' y 'perro' en una cadena de caracteres que utilice las mismas letras pero sea imposible de interpretar", continúa.

Una forma desordenada como "gaperroto” contiene técnicamente letras de ambas palabras, pero carece de significado para quien la escucha. En cambio, la frase "mitad gato y mitad perro" se entiende al instante porque ambos animales son conceptos familiares. Por lo tanto, el lenguaje humano funciona porque se conecta directamente con el mundo que conocemos y la experiencia cotidiana.

La clave, según los investigadores, está en cómo predecimos y entendemos el mundo.
La clave, según los investigadores, está en cómo predecimos y entendemos el mundo.Imagen: Antonio Guillem/Panthermedia/IMAGO

La estructura familiar reduce el esfuerzo mental

Aunque el lenguaje natural no esté en su forma más comprimida, impone una carga computacional mucho menor para el cerebro. Esto se debe a que procesamos el lenguaje en interacción constante con nuestro entorno familiar. "En pocas palabras, a nuestro cerebro le resulta más fácil tomar lo que podría parecer el camino más complicado", resume Hahn.

Un código digital puro podría transmitir información más rápido, pero estaría desconectado de la experiencia real. Y desde una perspectiva matemática, añade: "La cantidad de bits que el cerebro necesita procesar es mucho menor cuando hablamos de maneras familiares y naturales".

En otras palabras, comunicarse en código binario exigiría mucho más esfuerzo cognitivo tanto para el emisor como para el receptor.

La clave está en que el cerebro no procesa el lenguaje como una cadena aislada de símbolos, sino como una secuencia precedible de probabilidades. Durante décadas de uso diario de nuestra lengua materna, por ejemplo, los patrones lingüísticos se arraigan profundamente. Por eso aprendemos a construir frases que tienen sentido y se entienden, como "los cinco autos rojos", una frase que casi con toda seguridad sería entendida por otro hispanohablante.

Si esa frase se estructura de forma distinta, digamos "rojos cinco los autos", se pierde el sentido gramatical, haciendo que se rompa la cadena de predicciones que hace el cerebro a medida que la frase avanza, sin poder construir un significado con facilidad.

En definitiva, para Hahn y Futrell, el lenguaje humano está optimizado no para lograr la máxima comprensión, sino para minimizar la carga cognitiva. En lugar de transmitir la mayor cantidad de información en el menor número de bits posible, el lenguaje humano prioriza patrones familiares, experiencia y predicción.

Lo que parece más complejo desde el punto de vista digital resulta, paradójicamente, más simple para la mente humana.