Del Louvre a la habitación de Kim Kardashian: una experta revela cómo han cambiado los robos millonarios

Del Louvre a la habitación de Kim Kardashian: una experta revela cómo han cambiado los robos millonarios

Del Museo del Louvre a la habitación de un hotel de lujo donde se alojaba Kim Kardashian: el robo de joyas ya no responde a un único patrón. Ha cambiado el escenario, el método… y también las reglas del juego. Basta un ejemplo para entenderlo: en París, un grupo organizado logró acceder en pleno día al museo más visitado del mundo con una plataforma elevadora y, en apenas siete minutos, sustrajo piezas históricas de valor incalculable, entre ellas la corona de la emperatriz Eugenia. Años antes, también en la capital francesa, Kardashian fue asaltada en su hotel por falsos policías, amordazada y despojada de joyas valoradas en más de 8,5 millones de euros.

Dos golpes radicalmente distintos, pero con algo en común: precisión, planificación y conocimiento previo.

 Eva Peribáñez, directora de la división de Arte y Clientes Privados de Hiscox España© Hiscox España
Eva Peribáñez, directora de la división de Arte y Clientes Privados de Hiscox España, una unidad especializada en proteger patrimonio de alto valor

Atracos a plena luz del día, asaltos milimétricos en entornos supuestamente blindados o robos diseñados tras rastrear redes sociales dibujan hoy un nuevo mapa del delito.

¿La clave? Ya no se trata solo de robar, sino de cómo, cuándo y dónde hacerlo con precisión quirúrgica.

Según nos explica Eva Peribáñez, directora de la división de Arte y Clientes Privados de Hiscox España (una unidad especializada en proteger patrimonio de alto valor como obras de arte, joyas o colecciones exclusivas), lo que estamos viendo no es una simple oleada de robos, sino una transformación profunda: el lujo ya no está quieto, se mueve, se exhibe y viaja… y eso lo hace mucho más vulnerable.

 En los últimos años vemos robos en museos, hoteles de lujo o casas privadas… ¿qué ha cambiado para que este tipo de delitos se haya “diversificado” tanto?

Lo que estamos observando no es una simple expansión de objetivos, sino una metamorfosis del propio ecosistema del riesgo. Históricamente, el patrimonio de alto valor estaba confinado en entornos muy controlados como, por ejemplo, cámaras acorazadas, museos o joyerías, con perímetros de protección predecibles.

Sin embargo, en la actualidad, el lujo se vive de forma líquida. Los activos viajan, se exhiben en eventos efímeros y se trasladan entre residencias estacionales. Esta movilidad del patrimonio fragmenta la seguridad, ya que una pieza puede estar protegida en una caja fuerte por la mañana y descansar en la mesita de noche de un hotel boutique por la noche.

Además, el perfil del delincuente ha pasado de la fuerza bruta a la inteligencia operativa. Ya no solo actúan bandas organizadas, sino células de oportunidad altamente especializadas que realizan una auditoría de nuestras vulnerabilidades a través de fuentes abiertas. La diversificación es, en realidad, el resultado de una profesionalización delictiva que sabe explotar las brechas de seguridad en el estilo de vida del cliente.

Kim Kardashian en el desfile de Balenciaga© @kimkardashian
Kim Kardashian fue asaltada en 2016 en un hotel de lujo de París por falsos policías que le robaron joyas valoradas en más de 8,5 millones de euros

¿Por qué las joyas son uno de los objetivos más atractivos para los ladrones frente a otros bienes de lujo?

Las joyas reúnen una serie de atributos que, desde el punto de vista del riesgo, las convierten en un activo especialmente crítico. En primer lugar, debemos considerar la densidad de valor, ya que pocos activos permiten concentrar millones de euros en un volumen tan reducido, convirtiéndolas en el patrimonio más fácil de ocultar y transportar para un infractor.

A esto se suma el factor de la liquidez informal inmediata que permite la ruptura de la trazabilidad. A diferencia de un cuadro de Goya o un vehículo de colección, que poseen un rastro documental y visual difícil de borrar, una joya puede ser despiezada en minutos. Al transformar una pieza de alta joyería en piedras sueltas y metal fundido, el delincuente elimina la prueba del delito y accede a mercados internacionales no regulados donde el material se absorbe con rapidez.

Finalmente, existe una tensión constante entre el propósito social de la joya y su custodia; el hecho de que estén diseñadas para ser lucidas genera una exposición en contextos de relax o movilidad que otros activos de inversión, más estáticos y protegidos, simplemente no sufren.

A diferencia de un cuadro de Goya o un vehículo de colección, que poseen un rastro documental y visual difícil de borrar, una joya puede ser despiezada en minutos

 Casos como el de Kim Kardashian o influencers muestran un patrón claro: ¿hasta qué punto las redes sociales están facilitando estos robos?

Las redes sociales han democratizado el acceso a la inteligencia previa, reduciendo a cero el coste de vigilancia para el infractor. Ya no hace falta apostarse en una esquina con prismáticos; basta con analizar el rastro digital de un perfil para reconstruir una agenda completa.

Hoy es posible reconstruir hábitos, ubicaciones, desplazamientos e incluso patrones de comportamiento a partir de contenidos aparentemente inocuos. Publicaciones en tiempo real, imágenes del interior de una vivienda o la exhibición de determinados objetos pueden aportar pistas muy valiosas sobre accesos, sistemas de seguridad o momentos de ausencia.

En este sentido, el riesgo no reside solo en mostrar la pieza, sino en la agregación de metadatos. Evidentemente, en perfiles de alta visibilidad -como celebridades o influencers- este efecto se amplifica, pero no es exclusivo de ellos. Cualquier usuario puede, sin ser consciente, estar generando un rastro digital que expone información sensible.

Algunas de las joyas y coronas de la emperatriz Eugenia de Montijo en la Galería Apolo del Louvre © Getty Images
Algunas de las joyas y coronas de la emperatriz Eugenia de Montijo en la Galería Apolo del Louvre

¿Qué errores cometen las personas con alto patrimonio (o incluso usuarios normales) que pueden poner en riesgo sus objetos de valor?

Más allá de errores puntuales, lo que observamos con mayor frecuencia es una desconexión entre el valor real del patrimonio y el nivel de protección que se le aplica. Es decir, no siempre existe una gestión del riesgo acorde a la complejidad y exposición de los activos.

Uno de los fallos más habituales es no realizar una evaluación integral del patrimonio. Muchas veces se protegen adecuadamente las piezas más visibles -joyas, relojes o arte-, pero se descuida el conjunto del contenido, que en viviendas de lujo puede alcanzar valores muy elevados sin que el propietario sea plenamente consciente. Esto genera situaciones de infraseguro que solo se detectan cuando ocurre un siniestro.

Otro error relevante es no actualizar esa valoración con el tiempo. El patrimonio no es estático, ya que se adquieren nuevas piezas, algunas se revalorizan y otras cambian de ubicación. Si la cobertura no evoluciona al mismo ritmo, se produce un desfase que deja áreas sin protección real.

Desde el punto de vista operativo, también vemos una excesiva confianza en medidas de seguridad estándar. Sistemas de alarma o cajas fuertes son necesarios, pero no suficientes si no se integran dentro de un protocolo más amplio que contemple hábitos, accesos, personal de servicio o situaciones de ausencia prolongada.

A esto se suma un elemento cada vez más crítico: la gestión de la información. No solo hablamos de redes sociales, sino también de la información que circula en el entorno cercano -proveedores, personal doméstico, terceros-. En muchos casos, el riesgo no viene de una vulneración tecnológica, sino de una filtración involuntaria de datos sobre rutinas, viajes o ubicación de bienes.

Por último, existe una tendencia a abordar la protección de forma reactiva, es decir, después de haber sufrido un incidente o haber tenido conocimiento de uno cercano. Sin embargo, en este tipo de patrimonio, la clave está precisamente en anticiparse. La prevención no solo reduce la probabilidad de siniestro, sino que permite tomar decisiones más eficientes y menos costosas a largo plazo.

Ya no hace falta apostarse en una esquina con prismáticos; basta con analizar el rastro digital de un perfil para reconstruir una agenda completa

La exhibición en redes sociales se ha convertido en una fuente de información clave para los delincuentes especializados en robos de alto valor© Getty Images
La exhibición en redes sociales se ha convertido en una fuente de información clave para los delincuentes especializados en robos de alto valor

 ¿Qué medidas básicas recomendaría hoy un experto para proteger joyas o bienes de alto valor, tanto en casa como en viajes o eventos?

Más allá de reducir la visibilidad innecesaria de los activos, gestionar adecuadamente la información o adaptar las medidas de seguridad al contexto, pondría el foco en un aspecto clave: la transferencia del riesgo, donde el seguro juega un papel esencial.

En este sentido, el seguro debe entenderse como una pieza estratégica dentro del sistema de protección, y no como un elemento aislado. En el caso de bienes de alto valor, resulta fundamental contar con pólizas especializadas que contemplen la movilidad de los activos, su correcta valoración -a menudo mediante fórmulas de valor convenido- y su cobertura en cualquier momento y lugar.

Además, el verdadero valor de estas soluciones va mucho más allá de la indemnización económica. Hablamos de un acompañamiento experto que incluye asesoramiento continuo, revisión periódica de riesgos y acceso a especialistas en caso de siniestro. Esto permite que el seguro deje de ser una herramienta puramente reactiva para convertirse en un elemento activo dentro de la gestión patrimonial.

En esta línea, en Hiscox hemos ampliado nuestro catálogo de soluciones con el reciente lanzamiento de un seguro específico para joyas y relojes. Esta póliza, que complementa nuestra oferta actual en arte y hogar para altos patrimonios y vehículos clásicos, está diseñada para dar respuesta a clientes particulares residentes en España que buscan proteger sus piezas más valiosas de forma independiente, sin necesidad de integrarlas en una póliza de hogar.