¿Diagnóstico de autismo o diferencia?

¿Diagnóstico de autismo o diferencia?

Comencemos diciendo que el autismo es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente la forma en que una persona se comunica, se relaciona socialmente, procesa la información, así como la manera en que organiza sus conductas e intereses.

Hace años, cuando un niño no veía a los ojos, se pensaba que era tímido. Si era callado, se pensaba que era reservado o tranquilo. Si pasaba horas ordenando sus carritos por colores, tamaños y formas se decía que jugaba chistoso y a su manera.

Hoy, al observar esos mismos rasgos, surge la pregunta. ¿Qué tiene el niño? Y entonces aparece aquí y allá una palabra poderosa. Es autista.

Sabemos clínicamente que el diagnóstico ordena, explica y alivia. Pero también puede encajonar, etiquetar, limitar… y esto muchas veces es desafortunado.

El asunto es que no se trata solo de síntomas, sino de la relación con el lenguaje, con los impulsos, con los otros. Se trata de la manera en que cada persona se habita en el mundo.

Y aquí aparece el punto delicado al cual hay que prestar especial atención.

La relación madre-hijo. Y no de manera simplista y cruel de culpar a la madre, sino de forma integradora entre las características de un niño diferente y una madre con su propia historia, sus expectativas y temores.

La etapa que estamos viviendo es cambiante, acelerada, buscamos cada vez más y más soluciones exprés que nos liberen de la incomodidad y del conflicto.

De esta reflexión vino a mi mente la pregunta: ¿Estamos diagnosticando más… o estamos tolerando menos la singularidad?

Y pienso que tal vez ambas cosas están sucediendo al mismo tiempo, casi imperceptiblemente.

Como psicóloga integrativa, pienso que el conflicto no está solo en el niño. Está en el encuentro consigo mismo, los demás y las cosas. Y está también en el modo en que los adultos podemos o no aceptar la diferencia, amar la singularidad, sostener las necesidades específicas y acompañar el descubrimiento individual.

Y ahí, surge otra pregunta. ¿Y si el síntoma no está únicamente en el que no encaja, sino también en la sociedad que olvidó aceptar y acompañar la diferencia? ¿No te parece que esto es una paradoja? En una etapa cultural en donde se celebra la diversidad en discurso pero que, en la práctica, la rechaza.

Las palabras que usamos no solo describen, también moldean la identidad.

Escúchate, obsérvate, abrázate. La fuente está en ti.

POR MARÍA ISABEL ROMERO LÓPEZ

MAESTRA EN PSICOLOGÍA CLÍNICA INTEGRATIVA.

ISABEL.Y.YA@GMAIL.COM / @ISABELROMEROLO

ESCRITORA DEL LIBRO 
AMIGA ANSIEDAD. EL ENCUENTRO 

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