El pueblo extremeño donde los árboles se convierten en arte: así es Losar de la Vera y sus 100 esculturas vivas

El pueblo extremeño donde los árboles se convierten en arte: así es Losar de la Vera y sus 100 esculturas vivas

Situada en el noroeste de la provincia de Cáceres, la comarca de La Vera es uno de los destinos menos conocidos de Extremadura, uno de esos lugares que deja buen sabor de boca a aquellos que lo visitan. Tal es su belleza que hasta el emperador Carlos V escogió una de sus localidades, Cuacos de Yuste, para retirarse a pasar sus últimos días de vida. Entre gargantas naturales, paisajes de montaña y frondosos bosques se esconden un puñado de pequeños pueblos que han sabido mantener, a lo largo de los años, no solo su arquitectura tradicional de adobe, madera y piedra, sino también sus costumbres, tradiciones y ese ambiente de serenidad y calma que se respira en los entornos más rurales. 

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Arte topiario, esculturas artísticas en árboles y arbustos, en el pueblo cacereño de Losar de la Vera© Inés Cano
Arte topiario, esculturas artísticas en árboles y arbustos, en el pueblo cacereño de Losar de la Vera© Inés Cano

Cada uno de los 19 municipios que forman esta comarca tiene una serie de atributos que lo hacen especial y único. Un claro ejemplo de esto es el arte topiario del que presume Losar de la Vera, una disciplina que consiste en dar formas artísticas a las plantas mediante podas creativas. La avenida principal de la villa, la cual se divide a su vez en dos: la de Carlos V, que comienza por la entrada que viene desde Jarandilla y llega hasta la plaza de la Viñuela, y la avenida de Extremadura, que se extiende a partir de dicha plaza, concentra hasta 120 esculturas con diferentes y llamativas formas que han llevado a Losar a adoptar el sobrenombre de ‘El pueblo de los jardines’. 

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De podar olivos a crear esculturas 

La historia de este arte en la localidad empezó en 1972. Por aquel entonces, el Ayuntamiento tenía en la finca del Robledo unas parcelas arrendadas a Viveros Balboa, a quienes acabaron comprándoles todas las plantas que allí guardaba. Pero no fue hasta 1976 cuando se comenzó a dar forma al repertorio artístico vegetal de la localidad. Ese año Vicente Mateo Domínguez Pérez, quien venía de poner tabaco en la citada finca y había ejercido de podador en la zona —sobre todo de olivos—, fue contratado por el Ayuntamiento como jardinero. Mateo, como le conocían sus vecinos, vio un reportaje de arte topiario en una revista que le despertó el interés por crear figuras artísticas con plantas vivas. Su primera escultura fue un botijo que realizó en un ciprés, y que aún hoy puede verse junto al colegio Francisco Parra.

Arte topiario, esculturas artísticas en árboles y arbustos, en el pueblo cacereño de Losar de la Vera© Inés Cano

Tras años de trabajo, el jardinero solicitó un ayudante y fue en 1989 cuando entró a trabajar con él José Antonio Díaz Correas. “Durante el primer año me dediqué a regar, porque por aquel entonces no había riego por aspersión, así que usaba una goma de 25 metros para llegar a todas las esculturas de la avenida. Otros días, segaba y quitaba hierbas”, explica este vecino losareño. Al año siguiente, tras consultar con el alcalde, Mateo empezó a enseñarle todos sus conocimientos y secretos para realizar las figuras. Vicente Mateo Domínguez Pérez falleció en 1991 cuando José Antonio apenas lleva dos años trabajando junto a él. A sus 25 años tuvo que coger las riendas de este trabajo tan laborioso y cargar con la responsabilidad de mantener vivo el legado de su maestro y con la difícil tarea de continuar haciendo de su pueblo un referente en este arte. "El primer año fue bastante duro —recuerda—, era todo un reto hacer todo el trabajo yo solo con tan poca experiencia".

Hoy día, tras 37 años como jardinero en Losar, Díaz Correas recuerda con gran cariño a su maestro: “era un hombre muy mañoso y trabajador que llegaba a dedicar hasta 14 horas diarias al cuidado de los jardines y sus figuras y, además, lo hacía todo de forma manual, con una tijera de podar, lo que tenía mucho más mérito. Al principio, para hacer una figura podía tardar de dos a cinco años”. Entre las figuras que realizó el primero estaban una cigüeña, dos jarrones, un estandarte de los que se sacan en procesión, varios ciervos y el nombre del pueblo junto con sus iniciales en ambos extremos de la avenida. 

“El tiempo no pasa en balde por las plantas y las personas”, apunta el jardinero, por lo que poco a poco se fueron perdiendo estas figuras, aunque él se ha encargado de mantener algunas de ellas con mucho trabajo y esfuerzo. Ni que decir tiene que, al ser plantas vivas, hay que estar pendiente de numerosos factores, como la climatología o las plagas que llegan con la primavera. La paciencia y los tiempos también son importantes. Es a principios de mayo cuando comienza la tarea más dura y laboriosa, la de recortar las plantas para mantener o darles la forma deseada. 

Arte topiario, esculturas artísticas en árboles y arbustos, en el pueblo cacereño de Losar de la Vera© Inés Cano

Un hombre con un mulo, un trillo, dos bueyes con un carro, un pato Donald, una osa con dos ositos pequeños y un hombre junto a una mujer con un puchero en el medio... son algunas de las piezas que ha diseñado. Entre las obras, también hay espacio para homenajes, como la escultura que honra al deportista José Manuel Calderón, el único extremeño que jugó en la NBA; o la obra en homenaje a Luis, un recortador de la zona conocido como 'el Juanela' al que representa junto a un toro; o un grupo de bailarines que celebra al grupo folclórico local Sal Morena. Normalmente, prefiere que las figuras estén relacionadas con esta tierra, sus tradiciones y trabajos, aunque siempre hay espacio para un toque de fantasía.

A Díaz Correas le quedan aún unos años para la jubilación, pero ya está enseñando a este arte topiario a uno de sus trabajadores, aunque reconoce que lo hace poco a poco, pues no quiere que se aburra y pierda el interés.

Arte topiario, esculturas artísticas en árboles y arbustos, en el pueblo cacereño de Losar de la Vera© Inés Cano
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Un arte que cautivó al rey de España 

Quienes hablan con José Antonio le oirán relatar cómo su maestro le contó que hasta el mismísimo rey emérito, Juan Carlos I, quiso llevarlo a trabajar al Palacio de la Zarzuela. El monarca quedó impresionado con su trabajo tras una visita de incógnito al pueblo, en la que un escolta lo acercó en un Seat 127 negro viejo con los cristales tintados desde Cuacos de Yuste. Pero Mateo rechazó la oferta, pues no quería irse de su pueblo, ni dejar sus jardines. También Díaz Correas ha tenido ofertas para marcharse a otros destinos a realizar este trabajo, pero como su maestro, prefiere quedarse en su tierra.

Don Juan Carlos no es el único que ha sabido apreciar los encantos de Losar de la Vera. Hasta aquí vienen en excursión grupos de toda España, quienes aprovechan la escapada a otros conocidos destinos cacereños, como Trujillo, para acercarse después a conocer este sorprendente pueblo. “Para mí es un orgullo que vengan a verlo personas de diferentes puntos del país y una motivación para seguir creando y trabajando duro en ello, pero también es una responsabilidad, pues debo seguir manteniendo a mi pueblo en el mapa turístico”.