Gema Casado, experta en neuroarquitectura, advierte: "El salón no debería organizarse alrededor de una pantalla, sino de las personas"

Gema Casado, experta en neuroarquitectura, advierte: "El salón no debería organizarse alrededor de una pantalla, sino de las personas"

Los espacios no son neutros: influyen en nuestra salud física y emocional, moldean hábitos, comportamientos y estados de ánimo. Durante años, el salón ha sido concebido como un espacio ‘telecéntrico’: sofás y sillones orientados a una pantalla y una distribución pensada, ante todo, para facilitar el consumo audiovisual. Sin embargo, cuando este espacio social gira alrededor de un televisor, la conversación deja de ocupar el lugar central.

Hablamos con la experta en neuroarquitectura Gema Casado, fundadora del estudio de interiorismo Espacios Lumbre (espacioslumbre.es), quien nos enseñará otra forma de diseñar el salón para recuperar su verdadera función: ser un espacio de encuentro, conexión y presencia compartida. Porque como reclama, “el centro deben ser las personas, no las pantallas”. 

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Salón paradigma del 'outdoor living'© Pedro Jaén para GC Studio

¿Por dónde comenzar el diseño del salón según la neuroarquitectura?

Gema tiene claro que el primer gesto es simple: observar. “En la mayoría de los salones, todo apunta hacia una pantalla, incluso cuando está apagada. Nuestro cerebro interpreta esa dirección como el foco principal de atención, aunque nadie lo haya decidido conscientemente”, afirma.

Cambios pequeños pueden transformar esa dinámica:

  • Reorientar ligeramente el sofá.
  • Incorporar un sillón enfrentado o lateral en forma de ‘L’.
  • Crear una pequeña zona de conversación independiente, si el espacio es más grande.
  • Romper la alineación rígida ‘en fila’ frente al televisor.
  • Poner una chimenea o un rincón de velas que fomente el momento íntimo y de conversación.

En resumen, no se trata de eliminar la televisión, sino de que no sea el eje invisible que organiza nuestra vida social. Muestra de ello es este salón diseñado por GC Studio en el que se prioriza el vínculo con el exterior.

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Salón con el televisor oculto tras unos paneles correderos© Espacios Lumbre

Adiós a la televisión vista

Una pantalla negra es un imán para nuestra atención. Aunque esté apagada, el cerebro la detecta y la convierte en punto de referencia. Es algo que ocurre sin que nos demos cuenta.

Por eso, en el estudio Espacios Lumbre aplican una solución que cada vez más familias demandan: ocultar la televisión cuando no se usa. Paneles correderos de madera, cuadros que esconden la pantalla, librerías con puertas deslizantes, proyectores empotrados que se esconden cuando no se usan, todos ellos permiten que, literalmente, desaparezca del campo visual. "Cuando no está presente, deja de ordenar la dinámica del salón. De modo que es un gesto sencillo con un impacto conductual enorme”, revela Gema. 

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Sofás enfrentados y a no excesiva distancia, para potenciar la conversación entre personas© Javier Bravo para Diago Home

Asientos que invitan a mirarse

"Si para conversar con alguien tienes que girar el cuello 90 grados, algo falla", comenta Gema. Sin duda, la disposición de los asientos del salón lo cambia todo. La experta aconseja las configuraciones en ‘L’ abierta, en semicírculo o con sillones enfrentados, porque facilitan el contacto visual. También importa la distancia: más de tres metros empieza a percibirse, inconscientemente, como desconexión. En la propuesta, una convivial sala de estar en la que destaca el sofá de líneas redondeadas ‘Suspiro’, de Diago Home.

El cerebro necesita señales de seguridad para abrirse a la conversación. El contacto visual y la cercanía física activan hormonas ligadas al vínculo y la confianza. No es magia: es neurología aplicada al hogar.

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Salón con chimenea, alfombra marrón, molduras en el techo, sofá gris, lámparas de papel de pie, mesa auxilia, cuadros en las paredes, cortinas grises© Vitra

Luz y sonido: dos protagonistas invisibles a los que hay que prestar mayor atención

La diseñadora de interiores especializada en neuroarquitectura advierte que hay dos elementos que raramente pensamos al diseñar un salón y que, sin embargo, condicionan profundamente cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos: la luz y el sonido.

Por un lado, una iluminación fría y uniforme activa el estado de alerta. La luz cálida, regulable e indirecta, en cambio, invita a bajar el ritmo, a quedarse, a hablar. Regular la intensidad, temperatura y posición lumínica por la tarde puede hacer más por una sobremesa en familia que cualquier norma sobre el móvil.

Lo mismo ocurre con el ruido de fondo: el sonido constante del televisor encendido (aunque nadie lo esté viendo) o de varios móviles a la vez en la misma estancia consumiendo vídeos sin parar, dificulta la conversación y fragmenta la atención. Diseñar momentos de silencio también es diseñar el espacio.

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Rincón de lectura en el salón© Amador Toril para Alberto Torres Interiorismo

Rincones de refugio emocional

Muchos adolescentes (y no tan adolescentes) recurren al móvil como forma de regulación emocional. Si el espacio no ofrece alternativas, la pantalla se convierte en refugio por defecto.

Gema sugiere alternativas para hacer más atractiva la permanencia en el salón, por ejemplo, equipándolo con pequeños rincones con butacas envolventes, pufs cómodos, textiles suaves y pesados, luz cálida regulable o bancos junto a la ventana, que crean microespacios de calma. "El cerebro necesita sentirse contenido. Cuando el entorno ofrece refugio, la pantalla pierde fuerza", explica. Así lo demuestra este rincón de lectura diseñado por Alberto Torres.

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Mesa de centro elevable© Tegar

Si es posible, evitemos comer en el sofá

Estudios recientes apuntan a que en España se come cada vez más frente a una pantalla. Gema no demoniza la televisión, pero advierte sobre la repetición automática.

Lo explica así: el sistema de activación reticular, que es el filtro de la atención del cerebro, aprende por repetición y asociación. Cuando comemos habitualmente en el sofá, el cerebro empieza a vincular ese acto con un estado de descanso pasivo. Eso hace que disminuya la atención consciente, percibamos peor la saciedad y comamos por inercia y no por hambre real con lo que vamos a reforzar la asociación entre comida y entretenimiento. Esto ancla la conducta automática de ‘necesito sofá y algo para picar’.

"Comer frente a una pantalla desconecta la percepción consciente. Perdemos ritual, y con el ritual perdemos presencia", advierte la interiorista.

Desde el diseño, favorecer el uso de la mesa de comedor es más fácil de lo que parece: mantenerla despejada y visible, cuidar la iluminación sobre ella, incorporar elementos naturales como centro, elegir sillas realmente cómodas, no solo bonitas. Cuando la mesa invita, se utiliza y no solo para comer, sino para compartir juegos y otras actividades.

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Salón comedor con arte y asientos dispuestos para disfrutar de los momentos con personas y no con pantallas© Leroy Merlin

Diseñar hábitos sin prohibiciones

La experta en neuroarquitectura afirma que la clave no está en imponer normas, sino en diseñar bien el entorno. Porque las prohibiciones generan resistencia en toda la familia; el diseño inteligente, en cambio, simplemente facilita lo que queremos que ocurra. Si el espacio invita a la conversación, la conversación ocurre.

Algunas estrategias concretas que propone son:

  • Crear un punto fijo y atractivo para dejar los móviles al llegar a casa.
  • No colocar enchufes junto a todos los asientos principales.
  • Tener libros y velas en las mesas auxiliares.
  • Regular la iluminación por la tarde para favorecer conversaciones.
  • Delimitar zonas sin tecnología visible, como alfombras, una estantería abierta, un sofá colocado estratégicamente, no como castigo, sino como invitación.

"El cerebro sigue lo que el entorno le facilita. Si cambiamos el entorno, cambiamos los hábitos", cuenta Gema.

Sin sobrecargar el ambiente, en este espacio hasta el techo es estimulante, gracias al papel pintado de inspiración botánica de Leroy Merlin. 

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Estantería de aluminio repleta de estímulos alternativos a la televisión: libros, juegos, creatividades...© Kriptonite

Tres cambios fáciles de aplicar en nuestros salones

Gema nos resume tres gestos que podemos aplicar hoy mismo en casa, si es necesario:

  • Reorientar al menos un asiento para que mire a otra persona, no a la pantalla de televisión.
  • Ocultar la televisión cuando no se use. Incluso existen en el mercado televisiones que parecen cuadros cuando no se usan. No es la mejor alternativa, pero puede ayudar.
  • Hacer visibles alternativas atractivas: libros, juegos, instrumentos musicales o materiales creativos.

Y es que no hacen falta grandes reformas ni inversiones económicas. A veces basta con mover de sitio un sillón.

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Las zonas del salón con alfombra y sin mesas son ideales para disfrutar del juego en el suelo© Westwing

El salón del futuro

¿Cómo imagina la fundadora de Espacios Lumbre el salón del futuro pensado para la conexión humana? “Más flexible, más sensorial y menos rígido”, responde sin dudar.

Porque no se trata de eliminar la tecnología, sino de integrarla sin que domine. El salón del futuro no tendrá menos pantallas necesariamente, pero sí menos protagonismo permanente.

En la práctica, eso significa varias cosas muy concretas:

  • Pantallas ocultables, integradas en muebles con puertas correderas o paneles que las hagan desaparecer cuando no se usan.
  • Asientos móviles y versátiles: pufs ligeros, sillones que puedan girarse fácilmente para crear conversación sin reorganizar toda la estancia.
  • Distribuciones en semicírculo o en ‘L’ abierta, que favorezcan el contacto visual natural.
  • Mesas centrales amplias, pensadas para apoyar libros, juegos o materiales creativos, no solo mandos a distancia.
  • Iluminación natural y artificial, con luz cálida y tenue al caer la tarde para marcar el cambio de ritmo.
  • Materiales que inviten a tocar: madera natural, lino, lana, alfombras cálidas, superficies que transmitan refugio.
  • Generación de rituales para fomentar el contacto como encender chimeneas o velas que nos inviten a la conversación.
  • Pequeños elementos de movimiento: una butaca mecedora, un asiento suspendido, espacio libre para estirarse o jugar en el suelo.

Vemos un rincón del salón con una alfombra sinuosa (el modelo ‘Kadey’ de Westwing) que, al no colocar una mesa, invita a estirarse para jugar o leer.

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Salón como área de reunión familiar, con sofás enfrentados, bancos en las ventanas... todo ideado para el encuentro© María Pujol para Zentrum

Neuroarquitectura en el salón: menos pantallas, más conexión real

La neuroarquitectura confirma que la combinación de luz natural, iluminación cálida al atardecer, materiales orgánicos y una disposición que favorezca el contacto visual no es solo una cuestión estética: reduce el estrés y mejora la calidad de las relaciones. Sigue estas premisas el salón de la propuesta, con interiorismo de Zentrum.

"Cuando el salón permite mirarnos, movernos y sentirnos cómodos sin estar hiperestimulados, el sistema nervioso se regula. Y cuando el cerebro se siente seguro, las personas conectan entre ellas", concluye Gema.

Quizá eso sea, en el fondo, lo único que necesitamos del salón: un lugar que no nos distraiga constantemente, sino que nos sostenga. Para ello debemos abandonar el salón ‘telecéntrico’ para, en lugar de diseñar para distraernos, diseñemos para mirarnos.