Guerra en Irán escala tras muerte de Jamenei y tensa al mundo
La operación militar lanzada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán abrió una nueva fase de confrontación en Medio Oriente, ya que tras una serie de bombardeos coordinados con Israel, murió el líder supremo iraní, Alí Jamenei, lo que desató ataques de represalia contra territorio israelí y bases estadounidenses en el Golfo.
Washington informó la muerte de tres militares en Kuwait y confirmó más de mil objetivos impactados en suelo iraní, incluidos centros de mando y la sede del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Israel, por su parte, intensificó los bombardeos sobre “el corazón de Teherán” y movilizó reservistas.
En respuesta, Teherán activó un comité interino mientras la sucesión queda en manos de la Asamblea de Expertos. El órgano, dominado por clérigos conservadores, definirá al próximo líder supremo en un contexto de máxima tensión regional.
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Sucesión en Irán sin giro moderado
El internacionalista y académico Agustín Berea considera improbable un viraje político en entrevista para 24 HORAS. “Ya había un plan de sucesión”, explica, y sostiene que Jamenei “se dedicó a sacar a los clérigos más moderados” desde que Washington abandonó el acuerdo nuclear de 2015.
A su juicio, el reemplazo surgirá del círculo más conservador. “Todos los que quedan en posiciones de poder son de línea dura”, afirma. Incluso contempla que el sucesor provenga del propio aparato de seguridad, consolidando una postura confrontativa.
Berea advierte que la expectativa de un levantamiento popular favorable a Washington es limitada. “La mayoría no estaría contenta de ser bombardeada”, señala. Aunque existan sectores críticos del régimen, “no están a favor de Estados Unidos ni de Israel”. Para el especialista, la idea de un cambio de régimen es remota: “Lo más a lo que podrías aspirar es a causar una guerra civil”.
Cálculos políticos
En el plano estratégico, Berea sugiere que la ofensiva responde a incentivos políticos diferenciados tanto de Donald Trump como de Benjamin Netanyahu. “Para Netanyahu esta es una ganancia neta”, apunta. El estado de emergencia le permitiría posponer elecciones en 2026 en medio de investigaciones internas. “Creo que esta fue una victoria estratégica que le gana mucho tiempo”, agrega.
Sobre Trump, el balance es distinto. “No creo que le haya servido de absolutamente nada”, sostiene. El conflicto podría derivar en mayores costos humanos y presión inflacionaria en Estados Unidos si el precio del crudo se dispara. El propio mandatario anticipó que las operaciones podrían extenderse cuatro semanas y reconoció que “probablemente habrá más” bajas.
Riesgo energético y militar
El conflicto alteró el tránsito en el Estrecho de Ormuz, por donde fluye una quinta parte del petróleo mundial. Navieras suspendieron rutas y la OPEP+ anunció ajustes de producción. Para Berea, el impacto inmediato será financiero: “Veremos un aumento en el precio del petróleo y de los metales preciosos”. A mediano plazo, advierte, podría traducirse en presiones inflacionarias.
En el terreno militar, Irán mantiene capacidad de respuesta limitada. “No le vas a ganar a Estados Unidos con la cantidad de activos que tiene en la zona”, afirma. Cerrar Ormuz sería la opción extrema, pero “precipitaría una invasión”. La alternativa, prevé, será hostigar bases y elevar el costo económico del despliegue estadounidense.
También observa una reorganización menos centralizada del aparato iraní, con estructuras regionales capaces de operar de forma autónoma. Ese esquema, explica, dificulta una ofensiva terrestre y aumenta la incertidumbre.
Mediadores y reacomodo global
Europa y potencias regionales como Arabia Saudita y Omán exploran vías de contención. Para Berea, “al que tienes que convencer de que se salga es a Estados Unidos”. Considera que Omán podría mantener un rol creíble de mediación, mientras otros actores enfrentan costos por su involucramiento.
El despliegue masivo de activos estadounidenses en la zona abre otra interrogante: la redistribución de recursos frente a otros frentes estratégicos. “¿De dónde estás jalando la cobija?”, cuestiona el analista, al señalar que concentrar interceptores y buques en Medio Oriente implica restarlos de Asia.
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México ante la tormenta en Irán
Para México, el efecto económico inmediato podría ser favorable por mayores ingresos petroleros. Sin embargo, Berea plantea una dimensión diplomática: el país debería defender el derecho internacional ante acciones sin aval multilateral. “No porque México le tenga amor a Irán, sino porque es su doctrina histórica”, puntualiza.
Mientras Teherán redefine su liderazgo y Washington promete continuar la ofensiva “hasta cumplir todos los objetivos”, el orden regional enfrenta una prueba crítica. La convergencia entre los intereses de Trump y Netanyahu ha encendido un escenario cuya duración y desenlace permanecen abiertos.